La CUP pasa de enterradora del procés a erigirse en su salvavidas
Quim Torra será investido hoy 'president'

La CUP pasa de enterradora del 'procés' a erigirse en su salvavidas

Xavier Domènech le hizo a Quim Torra el sábado la pregunta clave: “¿Qué piensa usted de los españoles?”. Torra evitó dar una respuesta

Foto: El consejo político de la CUP, durante su reunión en Cervera (Lleida), para decidir si facilita la investidura del candidato de JxCAT, Quim Torra. (EFE)
El consejo político de la CUP, durante su reunión en Cervera (Lleida), para decidir si facilita la investidura del candidato de JxCAT, Quim Torra. (EFE)

Carles Riera, 23 de marzo de este año. De manera solemne y en sede parlamentaria, el líder de la CUP entierra el 'procés'. Sus palabras de entonces son inequívocas: “Damos por acabado el ciclo del 'procés' y las alianzas que se han dado durante el 'procés'. Pasamos a la oposición desde la calle y desde las instituciones, combatiendo al Estado y al autonomismo”. Un mes y medio después, 13 de mayo en Cervera, el encargado de dar la cara es el exdiputado Lluc Salellas, uno de los más afines a Carles Puigdemont; y justifica la decisión de desbloquear la investidura de Quim Torra por la "situación de auténtica represión". Ha pasado mes y medio y el giro de la CUP ha sido de 180 grados.

Como ya avanzó El Confidencial, la mayoría de los miembros del Consell Polític y Crida Constituent y el Grup d’Acció Parlamentària se inclinaron por facilitar la investidura de Quim Torra: liberal, ultracatólico, conservador y, además, con un enorme rastro en artículos y libros de su desprecio a los castellanohablantes, a la cultura española y, por extensión, a los españoles. No son solo tuits. Los tuits, como reconoció el sábado Inés Arrimadas, son lo de menos. Su pensamiento profundo, en artículos y otros trabajos, denota lo mismo de forma inquietante.

El líder de los comunes, Xavier Domènech, le hizo a Quim Torra el sábado la pregunta clave: “¿Qué piensa usted de los españoles?”. Torra, que despachó a la oposición en una réplica de 20 minutos para todos los grupos, evitó dar respuesta y marcó lo que, probablemente, va a ser la vida parlamentaria de esta legislatura: ningunear a los partidos catalanes partidarios de seguir en España.

Riera ha caído en lo mismo que criticaba a Quim Torra: grandilocuencia vacua. No se puede enterrar el 'procés' y luego alargarlo sin motivo. Y a cambio de nada. O sí se puede, y decir que la culpa es del Gobierno de España. 'Procés' en estado puro, sin colorantes pero, eso sí, con conservantes.

Los miembros de la CUP Lluc Salellas y Maria Sirvent, tras la reunión del consejo político. (EFE)
Los miembros de la CUP Lluc Salellas y Maria Sirvent, tras la reunión del consejo político. (EFE)

Salellas señaló ayer en Cervera que ha habido un consenso en torno al diagnóstico: "Nuestra militancia ha valorado que tanto JxCAT como ERC han expresado políticamente en hechos un retroceso de lo que se había conseguido". La 'cupaire' Maria Sirvent anunció una “oposición activa”. Lo mismo que había dicho hacía mes y medio Riera. Visto lo visto, Quim Torra puede estar tranquilo. Su presidencia puede que sea breve —Puigdemont quiere elecciones en octubre, según anunció al diario italiano 'Stampa'—, pero por lo que respecta a los anticapitalistas, resultará plácida.

Precedentes

Hay precedentes de esta situación. La CUP, que siempre denuncia las incoherencias de los demás, ha visto cómo las suyas le salen gratis. En septiembre de 2017, la CUP también anunció el final del 'procés'. Lo hicieron con el mítico vídeo de la furgoneta despeñada por un barranco.

Pero el 'procés' es como un Terminator, justo cuando parece que va a morir vuelve a activarse. El nuevo modelo de Terminator será Quim Torra, quien no podrá ocupar el despacho del presidente del Palau de la Generalitat por prohibición expresa de Puigdemont, y que ya ha anunciado que mantendrá una posición de subordinación a su valedor en Berlín, el cual incluso tuvo la arrogancia de desposeerle en medio del pleno de investidura del sábado de la potestad de convocar elecciones. Torra será el 'president' de una Generalitat devaluada a conciencia por los mismos que aseguran defenderla. Como victoria de un partido antisistema, hay que reconocerle esto a la CUP. Lo único es que no ha sido una iniciativa de ellos.

La casa alquilada en Waterloo en la que vivió el expresidente catalán Carles Puigdemont. (EFE)
La casa alquilada en Waterloo en la que vivió el expresidente catalán Carles Puigdemont. (EFE)

Asamblea de electos

La CUP lo único que saca es que no solo se desvirtuará la Generalitat. También se hará lo mismo con el Parlament. El proceso de 'desmontando el Ejecutivo' se extiende al poder legislativo. Torra anunció la creación de una Asamblea de Electos, un parlamento paralelo que elaborará una constitución de Cataluña y debatirá el nuevo proceso constituyente. Esto tiene ventajas. En el mundo de pensamiento alternativo que defiende que Puigdemont es el presidente legítimo, un réplica de la cámara tiene todo el sentido. Además, solo habrá electos independentistas, lo que ahorra engorros tan cansinos como tener que tratar con la oposición.

Según explican fuentes de JxCAT, esta Asamblea de Electos tendrá además otras funciones: entre ellas nombrar a Puigdemont presidente del Consell de la República, que en principio iba a tener sede en la residencia de Waterloo en Bruselas. El que sus miembros ya sepan lo que han de votar antes de ser designados es otra de las ironías que los independentistas obvian sin pestañear.

La ventaja final es que la Asamblea de Electos se coloca al margen de la ley. Así, la desobediencia que anuncia Torra es retórica. Será este nuevo ente, con la legitimidad de, por ejemplo, un club de petanca, el que redactará la nueva constitución y quien la votará. Eso evitará que el Parlament o la Generalitat caigan en nuevas ilegalidades. Desobediencia de postureo. Ideal para repúblicas imaginarias y revolucionarios de salón que se marchan a Ginebra para evitar una multa que sería mucho más barata que el que los militantes te tengan que pagar una larga estancia en Suiza. Ahí se ha instalado la CUP: en el corazón del 'procés'.

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