El ex primer ministro FRANCÉS todavía duda

Así se gestó la 'operación Valls' o cómo Albert Rivera levantó la camisa a Sociedad Civil

La idea surgió en hace seis meses, en noviembre del año pasado, en el entorno de Sociedad Civil Catalana, pero no para un candidato de partido sino como un adalid para un frente constitucionalista

Foto: El exprimer ministro francés Manuel Valls, junto al presidente de Sociedad Civil Catalana, José Rosiñol, y el dramaturgo Albert Boadella. (EFE)
El exprimer ministro francés Manuel Valls, junto al presidente de Sociedad Civil Catalana, José Rosiñol, y el dramaturgo Albert Boadella. (EFE)

Un salto político sin precedentes. Un ex primer ministro francés dispuesto a ser alcalde de una ciudad global como Barcelona. Sin embargo, Manuel Valls no fue una idea propia de Ciudadanos. La cocina de la operación Manuel Valls se fraguó en Sociedad Civil Catalana. Personas de este entorno pensaron en Valls como en un candidato más allá de los partidos para desplazar a Ada Colau de la alcaldía de Barcelona. Cuando Albert Rivera tuvo noticias de la operación se adelantó a todos y tomó la iniciativa, convirtiendo una operación del frente constitucionalista en un nuevo golpe de marketing político de Cs, según han explicado fuentes conocedoras de todo el proceso.

La idea surgió en hace seis meses, en noviembre del año pasado. Tras la gran tensión independentista de los hechos de octubre, que ahora está presidido por José Rosinyol, Ada Colau rompe con el PSC y echa a Jaume Collboni de su equipo de gobierno. Personalidades del entorno constitucionalista del círculo de Sociedad hacen un análisis bastante acertado de la situación. La alcaldía está barata: Colau la consiguió con 176.000 votos. Y el grupo considera que un candidato que pudiera presentarse como líder de los partidos constitucionalistas podría desplazar a Colau y aprovechar la división del independentismo.

Se considera que un candidato que pudiera presentarse como líder de los partidos constitucionalistas podría desplazar a Ada Colau

En los siguientes meses se cumplen los peores pronósticos: ERC no apoya a Colau, en contra de lo que prometieron si rompía con los socialistas, con lo que el Ayuntamiento queda paralizado. Y la Generalitat cae en el bloqueo institucional tras el 21-D que propugna Carles Puigdemont desde Bruselas. Los instigadores de la operación Valls todavía no tienen a su candidato, pero Cataluña parece metida en un gran atolladero y temen que los independentistas hagan los mismos números que han hecho ellos —recuerden, la alcaldía de Barcelona está barata— y consigan un candidato de consenso.

El 20 de marzo, Puigdemont vuelve a mover ficha desde Bruselas. Y con el apoyo del periodista Jordi Basté —RAC1— impulsa la candidatura del filósofo Jordi Graupera, intelectual soberanista que propugna una candidatura unitaria, con el único proyecto de que Barcelona se declare ciudad abiertamente independentista. Graupera carece de experiencia política y lleva más de 15 años residiendo en Nueva York. Su figura tiene poco que ver con Valls pero guarda un lejano eco. En todo caso topa con ERC, y su líder en Barcelona, Alfred Bosch, que se niega a hacer unas primarias conjuntas para el independentismo municipal.

Tiempo para la trama

Eso da tiempo a los constitucionalistas. Sociedad Civil Catalana logra que el 18 de marzo, dos días antes de la conferencia de Graupera, Manuel Valls acuda a la manifestación del 18 de marzo en Barcelona a favor de que Cataluña siga en España, bajo el lema 'Seny'. La manifestación es un éxito entre un colectivo poco movilizado —los catalanes partidarios de seguir en España— y el discurso de Valls gusta.

Aquí, los urdidores de la trama se dividen. Se busca apoyos de fuerzas vivas de la ciudad contrarias a Colau —hoteleros, comerciantes—, pero también hay personas que no quieren incluir al PSC por considerar que es más práctico que los socialistas presenten a su candidato para desangrar a Barcelona en Comú por la izquierda, según explican personas que estuvieron en el proyecto. También se cumple una de las condiciones que impone Cs, que Carina Mejías y todo el grupo municipal naranja en la capital catalana queden al margen. Eso se consigue. Hasta el final estuvieron en la inopia.

Golpe de mano de Rivera

El proyecto inicial es que Valls se mude a vivir a Barcelona y a partir de aquí se empiece a dibujar un proyecto de ciudad, que tendría el apoyo de Cs y del PP. Pero Rivera amaga planes más ambiciosos. Cara a las europeas quiere orillar al grupo parlamentario europeo ALDE y sumarse al nuevo grupo europeo que impulsa el presidente francés Emmanuel Macron en la UE. Sociedad Civil está jugando a ser la ANC, pero Rivera está jugando a gobernar España y no quiere que su política europea quede desdibujada en la amalgama de siglas que integran ALDE. Para ello nada mejor que ofrecer Barcelona como oferta de buena voluntad ante los franceses.

Sociedad Civil Catalana ha querido imitar a la ANC, hacer política desde fuera de la política pero ha topado con un Albert Rivera mucho más rápido

Así que, al final, Manuel Valls adelanta su decisión en los Desayunos de TVE para sorpresa de muchos y poniendo de los nervios al independentismo, que no ha sido capaz de articular una candidatura única durante los últimos dos meses. Valls dice que se lo está pensando y las mismas fuentes empresariales que participaron en el proyecto apuntan que no se encuentra tan maduro como venden en Ciudadanos. Pero tiene posibilidades. Precisamente, para no humillar demasiado a sus promotores iniciales, Valls sigue diciendo que se lo está pensando.

Caras largas en Sant Jordi

El día de Sant Jordi, Sociedad Civil otorga un premio a Manuel Valls. Las caras son largas, conscientes buena parte de los presentes de que Albert Rivera les ha levantado la camisa y que lo que iba a ser un candidato de frente constitucionalista ahora será un candidato de partido. Está presente la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría que en línea con la circunspección general no hace declaraciones. Para su partido Valls era una oportunidad, pero ahora, en manos de Ciudadanos supone un problema: representa el entierro del ultimo bastión de poder que les queda a los hermanos Fernández Díaz, la concejalía del hermano menor, Alberto.

Valls es catalán de origen pero nunca ha hecho política en España. Políticamente es un cuerpo extraño. Eso sí, con una agenda de primer ministro francés, nada despreciable, dado el nivel del resto de candidatos. Si al final dice que sí, habrá que ver qué proyecto de ciudad pone sobre la mesa. Porque ahora el orden del plan previsto se invierte: primero anuncio, luego mudanza, al final proyecto. Por ahora, su discurso es el reflejo del de Graupera: la independencia de Cataluña como el eje de la política municipal. Cada cual en sentido del otro. Todavía puede ser que se anulen el uno al otro y acaben regalando a Colau un segundo mandato. Eso sí, pase lo que pase, la batalla por Barcelona se perfila apasionante.

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