SU CÚPULA NO SE CONOCE

Así funcionan los 390 grupos de CDR, los 'comandos Y' vascos de Cataluña

La diferencia es que en el País Vasco se supo desarticular la 'kale borroka' porque allí la Ertzaintza "trabajaba" la calle, pero en Cataluña los Mossos "no están ni se les espera"

Foto: Comandos de CDR protestan en Barcelona. (EFE)
Comandos de CDR protestan en Barcelona. (EFE)

La estructura de los comandos más activos de los comités de defensa de la república (CDR) ha sido copiada de la de los comandos Y del País Vasco, que durante década y media fueron la tropa de choque del independentismo radical en aquella comunidad. Fuentes de los servicios de información de distintos Cuerpos de Seguridad que trabajaron en el País Vasco señalan a El Confidencial que una parte de las estructuras catalanas (en cuanto a organización) es calcada a la de la 'kale borroka’.

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Según el listado al que ha tenido acceso este diario, existen un total de 390 CDR. De ellos, 365 están encuadrados en Cataluña. En el resto del territorio español, existen tres, localizados en Marinaleda (Andalucía), Vitoria-Gasteiz (País Vasco) y Goierri-Tolosaldea (País Vasco). Otros 22 se encuentran repartidos por medio mundo: Francia, Alemania, Canadá, Japón, Venezuela, Italia, Estados Unidos, Reino Unido, Bélgica, Dinamarca, México y Austria.

La mayoría de los CDR están compuestos por asociaciones de vecinos, partidos políticos, plataformas cívicas y entidades culturales

La mayoría de los CDR están compuestos por asociaciones de vecinos, partidos políticos, plataformas cívicas y entidades culturales. “En mi CDR están los vecinos del barrio, está ERC, está el PDeCAT, está la CUP, está la ANC, está Òmnium Cultural, hay varios partidos más y están algunas plataformas cívicas. Y entre todos discutimos y tomamos decisiones. En absoluto pregonamos violencia ni mucho menos nos manifestamos con la intención de crearla”, explica a este diario el responsable de un CDR.

Pero hay un núcleo duro que escapa a esa dinámica cívica y que cuenta con activistas más ‘duros’ o ‘profesionales’ de la lucha callejera. Esos serían los que, en última instancia, deberían provocar tensión en las calles. “No se puede decir que todos los CDR son duros o violentos. Eso sería generalizar mucho y no sería verdad. La mayoría de ellos cuenta con personas normales y corrientes que acuden a las acciones para las que les convocan. Lo que sí que tienen es que son muy disciplinados”, explica una de las fuentes consultadas.

Sin embargo, hay algunos comités que están “bajo sospecha”. No llegan a la decena, pero son suficientes como para provocar tensión. “En la última movilización en las calles de Barcelona, por ejemplo, fueron algunos miembros de estos grupos los que intentaron romper el cordón policial que impedía la llegada de los violentos a la Delegación del Gobierno”, explican las fuentes. Eso ocurrió el día que detuvieron a Carles Puigdemont en Alemania. En un momento determinado, los CDR, visto que no podían romper la fila policial, hicieron un llamamiento a los ‘duros’ para que conformasen un cordón de manifestantes de vanguardia, todos con cascos de moto y de complexión fuerte con el objetivo de romper las líneas de los Mossos. Afortunadamente, el llamamiento se hizo tarde y enseguida hubo contraorden y consigna de no armar más follón para no dar una mala imagen internacional del independentismo.

Coincidencias solo en organización

La anécdota, no obstante, ilustra a la perfección la disciplinada organización de los CDR. “Evidentemente, las decisiones las toma una cúpula política y muchos de los comités no saben ni siquiera que son un mero engranaje en decisiones que se les escapan. Por ejemplo: se promueven acciones en distintos puntos para que las fuerzas del orden tengan menos efectivos en otros puntos neurálgicos. Las convocatorias son ‘inocentes’, pero la táctica es dejar desprotegidos determinados lugares sensibles”, subrayan las fuentes.

Lo que hacía la izquierda 'abertzale' era distribuir los fines de semana a sus comandos en una localidad y provocar altercados

En el País Vasco se había empleado esa misma estrategia. “Allí comenzaron a actuar de una forma similar a la que ahora estamos viendo en Cataluña”, dice un agente de campo destinado en aquella comunidad. Lo que hacía la izquierda 'abertzale' era distribuir los fines de semana a sus comandos en una localidad y provocar altercados, quemar contenedores, romper escaparates y enfrentarse a la policía. Es lo que se conocía como ‘terrorismo de baja intensidad’, que perseguía crear confusión y tensión en una estrategia conocida como la 'socialización del sufrimiento'. En Cataluña, esas situaciones se dieron en determinadas circunstancias (especialmente en las movilizaciones en barrios catalanes que implicaban a colectivos antisistema o de okupas), pero aún no se ha alcanzado el grado de tensión callejera como en el País Vasco.

En su esencia, pues, no pueden compararse ambas situaciones. Pero otra cosa es la organización estructural. Y en eso sí que hay coincidencias. En el País Vasco, los comandos estaban compuestos principalmente de militantes de organizaciones del Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV), brazo político del radicalismo independentista. Además, los grupos que actuaban lo hacían de forma autónoma. Unos no sabían lo que hacían los otros.

Un núcleo fuera de control

En Cataluña la situación no es exacta, pero ocurre algo parecido: los comités se nutren de los militantes más activos de las organizaciones independentistas, ya sean partidos políticos o plataformas como la ANC. “Si hay la consigna de movilizarse por un lado es para dejar expedito el otro, pero los que se movilizan no conocen por qué lo hacen o por qué se ha dado esa consigna”, explica otra fuente. Lo malo, subrayan, es que “no se sabe quién está detrás de cada uno de los comandos”, por lo que siempre habrá un núcleo duro fuera de control que es el que puede provocar problemas o incidentes, y que por eso son “potencialmente peligrosos”. Esta fuente admite que en la gran mayoría de localidades no hay problema con los CDR, pero sí existen algunos, como en Barcelona, con “una estructura diferente, más profesional, más encaminada a ejercer la lucha callejera”. De hecho, se han registrado jornadas en Cataluña, Madrid y el País Vasco a las que asistieron jóvenes radicales para compartir experiencias de lucha callejera.

La diferencia, admite una de las fuentes consultadas, es que “en el País Vasco se supo desarticular la 'kale borroka', porque había una oposición fundamental: allí, la Ertzaintza trabajaba la calle, asumía las consecuencias y peleaba, pero en Cataluña los Mossos no están ni se les espera”. Critican, así, la pasividad con que los Mossos asumieron durante toda la Semana Santa los cortes en carreteras y autopistas por parte de pequeños comandos que pretendían caldear el ambiente para preparar una huelga general. Muchas imágenes de la pasividad de los agentes catalanes 'dejando hacer' se hicieron virales.

Pero aunque la cúpula final no se conozca, desde los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado se apunta hacia la CUP cuando se habla de los CDR. “Son la tropa de choque de los más radicales. Y como son tan disciplinados, es relativamente fácil manejarlos”, aseguran las fuentes. En la CUP se admite, en voz baja, que muchos de los CDR están en sus manos y que sus militantes tienen un papel protagonista en las movilizaciones, pero eso es por la sencilla cuestión “de que son los más activos”. Se niegan, en cambio, a poner cara y ojos a una dirección política de los CDR, aunque sea colectiva. Desde las filas policiales, no obstante, se apunta directamente a dos o tres altos cargos de la formación radical, todos ellos exdiputados en el Parlament.

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