PUGNA EN EL INDEPENDENTISMO POR VER QUIÉN CONTROLA LA CALLE

La CUP prepara la primavera republicana con movilizaciones permanentes

Miles de manifestantes se han concentrado este domingo en Barcelona tras la detención del 'expresident' Puigdemont

Foto: Manifestación de este sábado en Barcelona.
Manifestación de este sábado en Barcelona.

“¡¡Esto es una guerra y la ganaremos!!”. La frase no es un invento. Es el grito de batalla de los comités de defensa de la república (CDR), las milicias urbanas o ‘camisas pardas’ del independentismo, tras conocer que el ‘expresident’ Carles Puigdemont había sido detenido en Alemania. Apenas dos horas después de la detención, los CDR (controlados por la CUP) ya habían movilizado a sus militantes y habían previsto decenas de ‘quedadas’ por toda Cataluña a la espera de órdenes. Las ‘columnas’ estaban preparadas para converger en los sitios acordados. Una de las consignas más repetidas era “comienza la primavera republicana” (que algunos han rebautizado como ‘primavera catalana’). Otra de las consignas era el llamamiento a una “huelga general” que lleva siendo transmitida durante los últimos días sin mucho éxito. Una marcha que se saldó con tres detenidos y 52 heridos.

La estrategia es tomar la delantera a todos los demás actores independentistas y volver a ser los “dueños de las calles”. De hecho, desde sus filas aseguran que tuvieron el control durante determinadas jornadas en 2017 (y concretamente los días 20 y 21 de septiembre y del 1 al 3 de octubre). La Asamblea Nacional Catalana (ANC), que este sábado eligió nueva cúpula, ha perdido pistonada y la CUP, a través de los CDR, quiere volver a tener el control de la situación, marcar el paso de la política catalana y arrastrar a todos los demás en su deriva, como en los últimos dos años.

El diputado Carles Riera ya se lo dijo a Jordi Turull en el pleno de investidura fallido del pasado jueves: “Damos por acabado el ciclo del ‘procés’ y con él damos por acabadas las alianzas que se han dado (…) Pasamos humildemente, modestamente, a la oposición: desde la calle, desde las instituciones, combatiendo al Estado y combatiendo su dictadura y también combatiendo la autonomía y el autonomismo, haciéndolo desde las calles, desde los ayuntamientos…”. Y en la tarde de este domingo lo volvió a repetir: “Hoy debe comenzar un nuevo ciclo de movilizaciones (…) cada día más masivas para defender la democracia”. La ‘revolución de las sonrisas’ se ha transformado en la ‘revolución de las muecas’. Lo malo es que, en determinados sectores, hay, en estos momentos, sed de violencia: Jair Domínguez, colaborador de TV3 en el espacio de Toni Soler (comisario en los fastos del Tricentenario), ha roto el tabú. “Habrá muertos (…) Nos han llevado al límite y por fin hemos descubierto que la república no se construye con lacitos y manifiestos, sino a sangre y fuego”, tuiteó este sábado. Poco después, tuvo que desactivar su cuenta. No es el único: “Ha llegado el momento de pasar a la acción. Ya está bien de acciones pacíficas que no llevan a ningún lado. Para conseguir cosas han de pasar cosas… aunque no sean agradables”, le jaleaban desde otros rincones.

Cargas policiales en Barcelona. (Reuters)
Cargas policiales en Barcelona. (Reuters)

Fuentes cercanas a la dirección de la CUP reconocen a este diario que esta organización “tiene ahora las manos libres para actuar como quiera”. Estas fuentes se muestran cautas respecto al papel que han de jugar los CDR, aunque les otorgan la mayor parte del protagonismo futuro. “Son los encargados de movilizar las calles, por lo que su papel será determinante”, admiten estas fuentes. Además, aseguran que “en la mayoría de las ocasiones, actúan bien coordinados con las demás fuerzas, especialmente cuando hay convocatorias de la ANC”. Pero no desmienten algunas tensiones, porque en la Asamblea “hay sectores muy ligados a partidos que de vez en cuando siguen consignas que no siempre coinciden con las nuestras”.

Jaume Marfany, exvicepresidente de la ANC, dio este domingo la voz de alerta para “no dividir el independentismo entre buenos y malos, valientes y cobardes, patriotas y traidores, CDR y ANC… Algunos ya lo sufrimos en los setenta y ochenta, y fue catastrófico. Organización y coordinación. Si no, todo acabará en una 'kale borroka' a la catalana sin salida”.

Medidas de seguridad

Pero esa coordinación poco se nota. La jornada de este domingo fue determinante a la hora de resituar a las fuerzas independentistas y calibrar la fuerza y la disposición de los CDR para tomar de nuevo el control de la calle. Ayer, ante la diversidad de órdenes y contraórdenes (la detención pilló por sorpresa a todo el independentismo), los CDR alertaron a los suyos de que no obedeciesen órdenes de “canales no verificados”, instando a hacer caso solo a las convocatorias realizadas a través de los “canales oficiales”. Poco después, para seguridad interna, todas las órdenes se centralizaron en un solo canal a través de las redes sociales. Todo lo que se saliera de ahí, debía ser ignorado. Con ello, los CDR se garantizaban que las consignas y órdenes transmitidas estaban completamente controladas desde la cúspide. Por ello, no apoyaron la gran manifestación convocada por ANC, Òmnium y partidos políticos: fueron a su ritmo, haciendo que la policía bailase el mambo que sus comandos marcaban.

En otras palabras, estos comités jugarán, a partir de ahora, con su propia lógica, sin estar supeditados a las consignas de los grandes partidos o de las grandes organizaciones soberanistas como ANC u Òmnium Cultural. Por eso, convocaron en las Ramblas a las cuatro de la tarde para ir luego, a las siete, a concentrarse ante la sede de la Delegación del Gobierno en Cataluña, mientras en algunas carreteras y autopistas se apostaba por organizar caravanas de marcha lenta y en otras, como la A-7, en Tarragona, se cortaba el tráfico.

Los Mossos d’Esquadra blindaron ya desde primera hora de la tarde las inmediaciones de la Delegación del Gobierno en Cataluña, para evitar males mayores, de modo que poco más tarde de las seis tuvieron que enfrentarse a las primeras ‘columnas’ de radicales que iban hacia la sede gubernamental. “¡Recordad que los Mossos d’Esquadra son ahora fuerzas de ocupación!”, advertían algunos radicales de los CDR, mientras otros se encaraban a los agentes con gritos de "¡Hijos de puta!", "asesinos" o "¡psicópatas!" y la recriminación “no tenéis vergüenza”. Intentaron romper los cordones policiales de todas las maneras posibles, desde empujones hasta utilizando contenedores. Pasadas las siete de la tarde, los CDR pedían refuerzos en un llamamiento a través de su ‘canal oficial’, aunque avisaban de que era una convocatoria “de forma no violenta”: “Pedimos unir fuerzas en estos puntos: Mallorca con Pau Claris y Valencia con Roger de Llúria”. En aquellos momentos, y pese a las embestidas de los concentrados y a la lluvia de objetos sobre los 'mossos', las fuerzas policiales estaban ganando la batalla. Finalmente, llamaron a todos a concentrarse soólo en ese último lugar, donde, según la Guardia Urbana, solo había un millar de manifestantes.

Pero si algún hito ha marcado el arresto de Puigdemont es el hacer renacer de nuevo la épica independentista: la detención es la señal que el independentismo estaba esperando para reactivar el entusiasmo del ‘movimiento’ (así se refieren al ‘procés’ en los círculos radicales), que cada vez moviliza a menos gente pero más radical. Se trata de compensar una cosa con la otra. “Es preciso romper la normalidad y salir a la calle a luchar”, arengaba a las tres de la tarde el núcleo duro de la CUP. Y es que los radicales han emprendido su particular cruzada contra el Estado español.

La jornada fue determinante a la hora de calibrar la fuerza y la disposición de los CDR para tomar de nuevo el control de la calle

Los independentistas (o una parte de ellos) van a por todas. La pasada noche, las juventudes de la CUP se desplazaron hasta la casa que el juez Pablo Llarena tiene en la localidad gerundense de Das: “Llarena, fascista. Ni en Das ni en ningún sitio”, pintaron a la puerta del domicilio a modo de advertencia. Y cerca, otra pintada: “Los Països Catalans serán tu infierno”.

Por la mañana, los más duros de la CUP tomaron la Subdelegación del Gobierno en Girona, donde se encerraron y realizaron pintadas, tras arrancar la bandera española de la fachada (solo dejaron la catalana y la europea). Los manifestantes no llegaban a un centenar, pero los resultados fueron devastadores para el edificio.

Plantear a Alemania una “duda razonable”

En la otra cara de la moneda independentista, se sitúan los partidos políticos y organizaciones como la ANC y Òmnium Cultural, cuya vocación es ser mayoritarios. Este sector convocó la gran movilización a las cinco de la tarde en pleno pPaseo de Gràcia. En la cabecera, tras una pancarta en la que solo se leía ‘Libertad presos políticos’, se alineaban Elsa Artadi, Quim Torra y Eduard Pujol (JxCAT), Ernest Maragall, Jordi Solé y Gerard Gómez del Moral (ERC), Neus Munté (PDeCAT), Carles Riera y Mireia Boya (CUP), Elisenda Paluzie (que se estrenaba como presidenta de la ANC) y Marcel Mauri (Òmnium).

La manifestación, que según la Guardia Urbana congregó a 55.000 personas, discurrió por todo el centro de Barcelona, desde la delegación de la Comisión Europea hasta el consulado alemán, junto al Puerto Olímpico, pidiendo que “Alemania no extradite al ‘president’ por delitos inventados en una causa política”. Los manifestantes reclamaban a “Europa y Alemania que no entreguen al ‘president’ Puigdemont a un juicio político en el Estado español”. Así, mientras los CDR se enfrentaban a los Mossos d’Esquadra, los ‘serios’ se limitaban a visualizar su disconformidad con la detención del ‘expresident’ fugado.

La intención del soberanismo ahora es poder trastocar la situación jurídica de Puigdemont en situación política en el corazón de Europa. Creen que si el independentismo logra plantear una ‘duda razonable’ en Alemania sobre la naturaleza de las acusaciones, el Estado español está “acabado”. Así, lo que pretenden los acólitos del ‘expresident’ huido es presentarlo como preso político, obviando los delitos concretos de que se le acusa: rebelión, por tratar de subvertir el orden constitucional intentando provocar un golpe de Estado jurídico contra el Estado español, cargo asimilable al de alta traición en el Código Penal alemán.

Cataluña

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