PROPONE “COORDINAR ACTUACIONES DENTRO DE LAS INSTITUCIONES DEL RÉGIMEN”

La CUP prepara campañas de “desgaste de los enemigos del pueblo catalán”

Los anticapitalistas no están por la labor de eternizar una situación agónica que solo contribuye a desprestigiar el independentismo

Foto: El diputado de la CUP Carles Riera. (EFE)
El diputado de la CUP Carles Riera. (EFE)

El acuerdo entre fuerzas independentistas para nombrar un presidente de la Generalitat está lejos de materializarse. Las peleas de las familias separatistas se recrudecen por momentos y a cada hora que pasa crecen las reivindicaciones de cada uno de los clanes en disputa. La CUP, el partido que claramente se desmarcó de la estrategia de Carles Puigdemont, es ahora la única tabla de salvación que le queda a Junts per Catalunya (JxCAT) para que el ‘expresident’ fugado pueda tener una mínima influencia en el nuevo Govern.

Pero los anticapitalistas no están por la labor de eternizar una situación agónica que solo contribuye a desprestigiar el independentismo. La facción Poble Lliure, una de las dos predominantes en la CUP, aprobó este lunes un documento en el que abomina del espectáculo ofrecido por Puigdemont y la ‘corte de Bruselas’. En este documento apuesta por “activar la defensa pacífica y la desobediencia civil”. ¿Y cómo? Pues fácil: “Manteniendo la movilización masiva y simbólica, es preciso, al mismo tiempo, desplegar y reforzar frentes como campañas temáticas ‘defensivas’ (lengua, escuela, defensa del territorio, antidepresivas, contra el expolio…) que será preciso enmarcar en una estrategia de ruptura y en un discurso republicano. También campañas de desgaste de los enemigos del pueblo catalán (boicot económico a la oligarquía traidora, empresas del Ibex 35, denuncia de las fuerzas de ocupación, etcétera)”. Este boicot a la 'oligarquía traidora' significa el boicot a las empresas que deslocalizan sedes y se van de Cataluña y a los productos españoles.

Así de claro lo plantea la cúpula de Poble Lliure, que afirma que “el Estado español está al borde de la quiebra”, que trata de “ladrones” a la cúpula del Gobierno y que subraya que existe “un poder judicial corrupto al servicio exclusivo del Ejecutivo y de las élites extractivas”, además de alentar "la catalanofobia”. “En este contexto, es implanteable una estrategia de repliegue y retorno al autonomismo”, alertando de que el españolismo está “decidido a liquidar cualquier hecho diferencial que contradiga su nacionalismo supremacista y excluyente”. Ante ello, “la república catalana es la única vía factible y su construcción solo será posible a través de la confrontación democrática entre un pueblo organizado y un Estado que cuanto más camina, más putrefacto”. En otras palabras: dejan constancia de que o el nuevo Govern abraza la estrategia de la desobediencia a las leyes españolas o no habrá apoyo de los radicales.

Una estrategia de ruptura

Para ello, la CUP deja constancia de que el independentismo “ha de dotarse de una estrategia de ruptura que contemple y prevea las vicisitudes intrínsecas del enfrentamiento entre nuestro proyecto republicano democrático y un Estado autoritario”. Esto es: o todo o nada. O conmigo o contra mí. O ruptura o conflicto permanente con España.

Para alcanzar su meta, Poble Lliure plantea cuatro ejes de actuación. El primero es constituir “una institucionalidad republicana soberana para asegurar herramientas de representatividad política desligada del régimen”, al tiempo que se impulsan estructuras de Estado para el despliegue de su proyecto. Estas 'herramientas' son la Asamblea de Representantes del Pueblo Catalán (órgano que debe integrar a concejales, diputados, senadores y eurodiputados independentistas) y el Congreso Nacional del Pueblo Catalán (CNPC), un organismo de nuevo cuño (histriónico remedo del Congreso Nacional Africano) que deberá “agrupar al conjunto de la sociedad civil comprometida con el proyecto republicano y que asuma la coordinación y el impulso de campañas y proyectos a todos los niveles”. Este órgano “debe estar ubicado fuera de la jurisdicción española y presidido por la máxima autoridad representativa”. Se trataría, en definitiva, de una especie de ‘camisas pardas’ que velarían por la pureza de lo que en algunos círculos independentistas se comienza a conocer como ‘El moviment’ (El movimiento). Y no es otra cosa que la Asamblea de Representantes propuesta por Carles Puigdemont para ‘vigilar’ el ‘procés’ desde Bélgica mientras mantendría un Govern títere en Barcelona.

El segundo eje de actuación sería “activar la resistencia pacífica y la desobediencia civil”. Según los antisistema, “el movimiento popular para la independencia ha de redefinir su agenda movilizadora en función de los nuevos parámetros, fijándose como doble objetivo tanto el fortalecimiento del republicanismo como la debilitación del poder político establecido y de los poderes económicos en que se sustenta”. En este eje es donde se encuadran las citadas campañas temáticas ‘defensivas’ y las campañas de desgaste de los “enemigos del pueblo catalán”.

Desgaste y denuncia permanente

Luego, fijan un tercer eje estratégico, que se condensa en la necesidad de “coordinar la acción dentro de las instituciones del régimen [sic] en una perspectiva republicana”. Para ello, la CUP propone desplegar una política de acuerdos “entre las fuerzas republicanas con un doble objetivo: garantizar alcaldías y gobiernos republicanos y desplegar políticas municipales de cohesión e igualación social, de profundización democrática, de lucha contra la corrupción y de apoyo al tejido social y a las iniciativas populares”.

El texto añade que “ante las instituciones españolas, como el Parlamento [sic] y el Senado españoles, es preciso seguir una estrategia de desgaste, boicot y denuncia permanente que debilite tanto los fundamentos del régimen como cualquier Gobierno hostil al reconocimiento de nuestros derechos políticos”.

Respecto al Parlamento Europeo, los cuperos apuestan por llevar adelante “una línea de acción unitaria para la denuncia sistemática del carácter autoritario y demofóbico del Estado español y la complicidad de las élites europeas en la represión contra el pueblo catalán, así como la búsqueda de aliados para el reconocimiento de la república catalana”.

Por último, como cuarto eje estratégico, señala que es preciso “desplegar una política internacional audaz y multilateral”. Propone, en esta materia, definir “una estrategia común con el resto de pueblos y agentes políticos partidarios de la ruptura, de cara a debilitar el régimen y facilitar su caída. En el marco europeo, buscando aliados en la denuncia de la fascistización del Estado español, en defensa de la profundización democrática y el reconocimiento del derecho a la autodeterminación. A nivel global, buscando activamente aliados políticos, económicos y estratégicos para el reconocimiento y el despliegue de la república catalana. Una búsqueda que ha de superar el esquema mental reduccionista del sometimiento a unos únicos posibles aliados”.

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