Investidura de Puigdemont: Puigdemont y sus 22 fieles se enfrentan a ERC y PDeCAT en busca de elecciones. Noticias de Cataluña
Los mensajes a comín muestran su aislamiento

Puigdemont y sus 22 fieles se enfrentan a ERC y PDeCAT en busca de elecciones

Puigdemont sigue improvisando, como en sus tiempos en el Palau. Cuando Roger Torrent le preguntó cómo iba a ser investido y para qué serviría saltarse la ley, Puigdemont no contestó

Foto: El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (Reuters)
El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (Reuters)

Un Carles Puigdemont aislado en su burbuja belga. Un Carles Puigdemont enviando reproches a ERC a través del 'exconseller' Toni Comín, cuando este se encuentra en pésimas relaciones con su partido. Un Puigdemont que el mismo día dice una cosa a sus seguidores y mensajea la contraria. Pero Puigdemont no está acabado políticamente. Intentará ir a unas elecciones que no quiere nadie: ni ERC ni PDeCAT. Ni siquiera la CUP desea repetir los comicios. Pero Puigdemont sí. Fuentes de su entorno en Bruselas desvelan que el 'expresident' en el exilio quiere jugar con los automatismos de la ley y convertir la repetición de las autonómicas en un plebiscito sobre su persona.

Su última carta es el grupo parlamentario de JxCAT. Al haberlo trufado de independientes, Puigdemont todavía lo controla de manera vicaria, a través de Elsa Artadi y Eduard Pujol. De los 34 diputados de JxCAT en el Parlament, solo 11 responden a la disciplina del PDeCAT. El resto son todos los independientes que deben su escaño a Puigdemont. Eso suma 23 diputados. Y sin contar a Jordi Turull, enfrentado con la actual dirección que encabeza Marta Pascal.

Puigdemont y sus 22 fieles se enfrentan a ERC y PDeCAT en busca de elecciones

Pueden parecer pocos. Solo 23 diputados en un Parlament de 135, pero Puigdemont aún puede utilizarlos como una minoría de bloqueo, según apuntan fuentes del Parlamento catalán. No pueden servir para investir a Puigdemont a distancia. Pero sí para evitar que JxCAT designe otro candidato, tal y como implícitamente pretende ERC, y también el PDeCAT. Además, cuenta con una aliado inesperado, la CUP. Sus cuatro diputados, encabezados por Carles Riera, quien ya ha anunciado que no votarán a otro candidato que no sea Carles Puigdemont.

Tras la publicación de los mensajes a Comín, está claro que Puigdemont se encuentra en horas bajas. ERC no le apoya y, como apuntó el diputado en Madrid Joan Tardà, podría ser necesario sacrificarle. También resulta evidente que el PDeCAT respaldó a Roger Torrent y que el grupo de JxCAT ni siquiera se puso de acuerdo para ir a sentarse en los escaños en señal de protesta, como sí que intentaron seis de los más radicales, encabezados por Quim Torra. Para ambos partidos, la prioridad pasa por levantar la suspensión de la autonomía, lo que quiere decir tener un presidente de la Generalitat que pueda gobernar y una legislatura larga que permita rebajar la tensión social en Cataluña.

A la contra

Como siempre, Puigdemont va a la contra. Su situación personal le obliga. Como explicaron ayer su antigua portavoz Neus Munté y el resto de antiguos altos cargos que declararon ante el Tribunal Supremo, no hablan con Puigdemont desde que este se fugó a Bruselas. A veces líderes del soberanismo y personalidades del movimiento han ido a la capital belga y el 'expresident' se ha negado a recibirlos. Puigdemont se mueve en un círculo muy pequeño, toma las decisiones de manera impulsiva y a veces sin consultarlas. Tampoco se coordina demasiado con los representantes de JxCAT, su principal correa de transmisión con la política real que se desarrolla en Cataluña.

Para Puigdemont, unas nuevas elecciones son la única alternativa: para fusionar JxCAT y el PDeCAT y para lanzar una opa hostil a los republicanos


Puigdemont sigue improvisando, como en sus tiempos en el Palau de la Generalitat. Cuando Roger Torrent le preguntó cómo iba a ser investido y para qué iba a servir saltarse la ley, Puigdemont no contestó. Desde JxCAT pidieron una votación simbólica sin que le explicasen al presidente del Parlament para qué iba a servir en realidad. Puigdemont ni siquiera le envió el discurso de investidura, tal y como solicitó Torrent. Con esos mimbres, Roger Torrent prefirió optar por el aplazamiento. De manera que la historia de que no le cogiera el teléfono al presidente de la cámara catalana encaja al dedillo con ese Puigdemont encastillado en su exilio belga. Y eso que ha colocado la vida política catalana en un vacío legal tal que ni los letrados del Parlament saben todavía cuál es el calendario válido por el que se ha de regir la vida política catalana en los próximos meses.

Guerra PDeCAT contra JxCAT

El plan de Puigdemont es simple. Bloquear el Parlament y afrontar unas nuevas elecciones. Solo tiene que mantener su tirón mediático. Tal vez con un nuevo viaje, como el que planea a Eslovenia. Mientras, ofrecer una fusión de JxCAT con el PDeCAT para subsumir en su movimiento los restos del pujolismo. A partir de aquí, cuando se vuelvan a poner las urnas, la oferta a ERC volverá a ser la misma: lista conjunta. Si los republicanos se niegan, sin un liderazgo claro, Puigdemont cree que volverá a ser fácil ganarles, y ganarles por mucho. El modelo es el Partido Nacionalista Escocés, una sola formación que agrupe a todos los independentistas.

Pero ni PDeCAT ni ERC comulgan con esa visión. ERC cree ahora que podrá aguantar el pulso y que tener a Oriol Junqueras en prisión y toda la cúpula encausada por el Tribunal Supremo les blinda contra posibles acusaciones de traición. Además, el 21-D crecieron sobre todo en las ciudades grandes, donde JxCAT pesa menos. Solo hay que darle tiempo al PDeCAT para que dinamite el grupo parlamentario de JxCAT. Y entonces, Puigdemont sí que habrá perdido su última carta.

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