LA EMPECINADA CARRERA DE UN TRÁNSFUGA

Todo por la pasta: la historia de Toni Comín, el diputado de Bruselas que no dimite

En ERC se daba por hecho que sus dos consejeros fugados, Serret y Comín, entregarían el acta. Pero la respuesta fue contundente: eran cargos electos y renunciar sería un deshonor

Foto: Toni Comín, junto a Carles Puigdemont en un pleno del Parlament antes de su huida a Bruselas. (EFE)
Toni Comín, junto a Carles Puigdemont en un pleno del Parlament antes de su huida a Bruselas. (EFE)

El exconsejero de Salud de la Generalitat de Cataluña Antoni Comín será uno de los altos cargos fugados que no renunciarán a su acta de diputado. Sus compañeros de huida (Lluís Puig, Meritxell Serret y Clara Ponsatí) anunciaron ayer domingo que dejaban el acta para que puedan tomar posesión otros candidatos que están en Cataluña y cuyo voto es imprescindible para que el candidato independentista —sea quien sea— pueda ser elegido futuro ‘president’.

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La actitud de Toni Comín, aunque ha pasado desapercibida y se ha leído como normal, no lo es en modo alguno. Hace 15 días, cuando la secretaria general de ERC, Marta Rovira, visitó a Carles Puigdemont en Bruselas, se entrevistó también con los exconsejeros huidos y les hizo llegar un mensaje muy claro: debían entregar su acta y dejar que la lista corriese para no poner en peligro la votación, puesto que posiblemente al estar huidos no podrían contabilizarse sus votos en el Parlament.

En ERC se daba por hecho que sus consejeros entregarían el acta. Pero la respuesta fue contundente: renunciar sería un deshonor

En ERC se daba por hecho que sus dos consejeros fugados, Serret y Comín, entregarían el acta. Pero la respuesta fue contundente: eran cargos electos y renunciar sería un deshonor y reconocer alguna culpabilidad. Rovira regresó a Barcelona con un palmo de narices y, además, con la filtración de su encuentro secreto con Puigdemont en la prensa a la mañana siguiente.

Desde Bruselas, los exconsejeros respiraron aliviados y se sintieron fortalecidos en sus convicciones. Especialmente Comín, que fue, según fuentes republicanas, el que más contundentemente se opuso a entregar el acta. No es de extrañar, para quien conozca su trayectoria.

Comín fue un activista de Ciutadans pel Canvi, la plataforma de apoyo creada en el entorno de Pasqual Maragall cuando este era todavía alcalde de Barcelona. Su padre, Alfonso Carlos Comín, había sido un activista del PSUC, muy enraizado en las bases cristianas (fundó Cristianos por el Socialismo), que acabó fundando la Organización Comunista de España-Bandera Roja, por donde pasaron los principales líderes comunistas de la Transición (muchos de ellos acabaron en las filas del PSOE).

Al ya exconsejero de la Generalitat, pues, la vena política le venía de familia (su abuelo, Jesús Comín, también había sido diputado y un importante dirigente del carlismo aragonés). Y siempre se sintió cómodo en las filas socialistas, ya que Ciutadans pel Canvi formaba coalición siempre con el PSC. Pero las normas internas de la plataforma establecían que sus miembros solo podían ser diputados durante dos legislaturas y luego dejarlo para no hacer de la poltrona un 'modus vivendi'.

Peregrinaje por despachos

A Toni Comín esa circunstancia le sentó fatal. Fue elegido diputado en 2003 y en 2006, por lo que en 2010 no pudo repetir y a partir de ahí buscó nuevos horizontes. Ni corto ni perezoso, se presentó en el despacho del entonces secretario de Organización del PSC, José Zaragoza, y le pidió ingresar en el partido. Le dijo incluso que sus avalistas serían José Montilla (en ese momento, ‘president’ de la Generalitat) y Miquel Iceta, vicesecretario general. El 13 de junio de 2011, el día de su santo, oficializó su entrada en el veterano partido catalán. En 2013, presentó su plataforma Socialismo, Cataluña y Libertad, que pretendía ser un 'lobby' de presión con el que esperaba una cuota de poder de cara a las siguientes elecciones. Pero se encontró con que el PSC no contaba con él para ser candidato, por lo que se quedaba huérfano políticamente hablando, lo que provocó que se diese de baja del partido el 4 de marzo de 2014.

La maniobra de transfuguismo le dio frutos y en enero de 2016 fue el escogido por Carles Puigdemont para ser consejero de Salud

Su instinto político le llevó entonces a dirigirse a la sede de ERC y negociar su entrada en sus filas como independiente. Fue un peregrinaje por despachos que retrata su voluntad inequívoca e inquebrantable de vivir de la política a toda costa. En ERC lo recibieron con los brazos abiertos, igual que ya había hecho con otro ilustre tránsfuga, Ernest Maragall. Luego, con la formación de Junts pel Sí (JxS), su entrada tuvo incluso más lógica: se trataba de visualizar una candidatura muy transversal, en la que tenían cabida no solo los republicanos o los convergentes sino, especialmente, exdirigentes del PSC (Ernest Maragall, Fabián Mohedano, Jordi del Río o Toni Comín), de Unió (Antoni Castellà) y de ICV (Raül Romeva). Allí, pues, encontró acomodo y fue incluido en las listas, situación que se repetiría en las elecciones del 21 de diciembre, en este caso por el hecho, simbólico, de que formaba parte del Gobierno cesado por el artículo 155.

La maniobra de transfuguismo, pues, le dio frutos, porque no solo fue elegido diputado en las elecciones de septiembre de 2015 sino que, en enero de 2016, fue el escogido por Carles Puigdemont para ser consejero de Salud. Comín era la cuota de ERC en el Govern y su nombre se posicionó incluso para ser el candidato republicano a alcalde de Barcelona en las próximas municipales.

Comín era la cuota de ERC en el Govern y su nombre se posicionó incluso para ser el candidato republicano a alcalde de Barcelona

Pero la tómbola política catalana ha dado demasiadas vueltas y esa es ahora una posibilidad remota. Las relaciones con el partido no pasan por sus mejores momentos, aunque de cara a la galería se han de guardar las formas. Homosexual y padre adoptivo de una niña, Toni Comín ha caído en desgracia dentro de ERC. “Lo único que le interesa son los cargos y el dinero. Si en Convergència le hubiesen ofrecido plaza y cargo, hubiera aceptado igualmente”, le describe un veterano político que le conoce muy bien.

Licenciado en Filosofía y en Ciencias Políticas, Toni Comín ha ejercido como profesor de Bachillerato en el colegio Sagrat Cor de la calle Diputación y de Ciencias Sociales en Esade. Personalmente, le califican de soberbio y de “poco de fiar”, políticamente hablando, claro, porque “se cree el ombligo del mundo”. En la formación republicana se habían llegado incluso a hacer apuestas sobre si Comín dejaría el acta o no. Los que le conocían mínimamente siempre habían apostado por el no. Y acertaron.

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