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La fiscal de Barcelona a la que los 'indepes' quieren echar de Cataluña se jubila
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CAMBIO EN LA FISCALÍA PROVINCIAL DE BARCELONA

La fiscal de Barcelona a la que los 'indepes' quieren echar de Cataluña se jubila

A finales de este mes, Magaldi se jubila, con 65 años cumplidos, y da paso a Concha Talón, otra histórica de la Fiscalía

Foto: La ex fiscal jefe de Barcelona, Ana Magaldi. (EFE)
La ex fiscal jefe de Barcelona, Ana Magaldi. (EFE)

El 5 de diciembre de 2012, Ana Magaldi tomaba posesión de su cargo como fiscal jefe provincial de Barcelona denunciando “las maniobras de desprestigio de las que han sido recientemente objeto los fiscales anticorrupción de Barcelona, Emilio Sánchez Ulled y Fernando Bermejo”. Aseguraba que “vivimos tiempos de convulsión social y política” y vaticinaba que los fiscales eran “miembros de una institución del Estado que día a día, cumpliendo las misiones encomendadas en la Constitución, con sujeción al principio de legalidad, contribuye a hacer posible la viabilidad del Estado”. A finales de este mes, Magaldi se jubila, con 65 años cumplidos, y da paso a Concha Talón, otra histórica de la Fiscalía.

Cinco años y un mes más tarde de su toma de posesión, la situación no ha cambiado mucho. Pero Magaldi tuvo tiempo para aprender en carne propia lo que es la convulsión social y política de que hablaba y cómo el ambiente se ha ido haciendo año tras año más irrespirable, con una tensión in crescendo y círculos radicales –en ocasiones jaleados desde determinados poderes públicos- que acosan abiertamente a quien no piensa como ellos. Es gerundense, como Carles Puigdemont, por poner un ejemplo, pero su relación con la justicia es radicalmente diferente a la de su convecino a pesar de tener ambos el catalán como lengua materna. “En nuestra comunidad tenemos dos lenguas oficiales y utilizo las dos habitualmente”, solía remarcar, con la complicidad de utilizar siempre el castellano cuando había castellanohablantes presentes.

En estos años, Ana Magaldi se convirtió en una de las bestias negras del independentismo

La sociedad que se encontró Ana Magaldi cuando llegó a la jefatura provincial de Barcelona estaba en crisis, azotada por los primeros coletazos de la aventura independentista pero, sobre todo, por la grave crisis económica abierta años atrás. Lo malo, sin embargo, estaba por llegar. A Ana Magaldi y a los fiscales en general de Cataluña les tocó lidiar a partir de esa fecha con una situación muy complicada, en la que las instituciones catalanas lanzadas a una estrategia abiertamente separatista y radicalizada, se saltaban la ley a la torera y trazaban una hoja de ruta al margen de las normas democráticas.

Intento de desprestigio

En estos años, Ana Magaldi se convirtió en una de las bestias negras del independentismo. Hoy es es el “enemigo exterior” hecho carne. Y como el soberanismo catalán es cainita, uno de los primeros ‘hallazgos históricos’ que fueron aireados fue que, en 1928 un tal Giuseppe Magaldi se afilió al Partido Nacional Fascista de Italia y que hace 100 años hubo un intento de crear un núcleo estable del Fascio en Girona. El dato fue revelado por la Revista de Girona y difundido luego a través de algunos digitales independentistas para desprestigiar a la fiscal. El intento, sin embargo, se quedó sólo en eso: en un intento.

Ana Magaldi, cuya hermana María José es magistrada en la Audiencia de Barcelona, proviene de la conservadora Asociación de Fiscales (de la que es presidenta Concha Talón, que la sustituirá en el cargo) y fue recibida con prevención por los nacionalistas. A la postre, se significó por haber apoyado al entonces fiscal general, Eduardo Torres-Dulce, en su querella contra Artur Mas, Joana Ortega, Francesc Homs e Irene Rigau por haber organizado la pseudoconsulta del 9 de noviembre de 2014. Por ese motivo, fueron condenados a penas de inhabilitación y cuantiosas multas, que superan los seis millones de euros.

Foto: Carles Puigdemont. (Reuters)

Ella fue la que propuso a Torres-Dulce una cumbre fiscal para discutir la estrategia de la fiscalía en ese caso. Y el 15 de septiembre de 2014 se reunió en Madrid con Torres Dulce, el fiscal jefe de Cataluña, José María Romero de Tejada y el fiscal Anticorrupción, Emilio Sánchez-Ulled. Tras el 9-N, los fiscales del TSJC, en una reunión interna, se posicionaron en contra de la presentación de querella alguna, pero Magaldi apoyó las tesis del fiscal general con un comunicado, lo que la puso en el disparadero de la caverna independentista. Su tesis era que la Fiscalía es un órgano jerárquico y que la gran mayoría de fiscales no habían tomado parte en la polémica.

La mirada del odio

Durante el juicio a Artur Mas, en febrero del año pasado, Magaldi fue increpada a la salida del edificio de la Audiencia, donde partidos políticos, entidades independentistas como la ANC y Òmnium Cultural o el propio Gobierno catalán, habían llamado a la gente a concentrarse. “Cuando comencé a bajar las escaleras, empezaron a gritar ‘Fuera, fuera, fuera la justicia española’. En ese momento, tuve claro que lo que no podía hacer es bajar corriendo las escaleras, bajar la cabeza y seguir adelante porque yo era representante de una institución del Estado, me mantuve de pie, firme y mirando a la gente. Y empezaron los insultos: ‘Fascista, mierda. Eres una mierda. Vete de Cataluña, ¡Fuera!’. Y ví que un individuo que estaba en primera fila y que me había insultado, se dirigía corriendo hacia mí en diagonal. Había unos mossos cerca y levantando el dedo les indiqué que se acercaran. Se acercó a mí, a grandes gritos y con una mirada que nunca olvidaré, me dijo: ‘Tú eres la Fiscalía. ¿porqué nos condenas por poner las urnas?, ¡Qué vergüenza!’. Entonces llegó un mosso que se puso a mi lado. Y le contesté: ‘Yo no soy la Fiscalía. Yo soy la fiscal jefe de Barcelona. Y los fiscales no condenamos a nadie. Los fiscales acusamos. Los que condenan o absuelven son los jueces. Nunca, en mis 64 años de vida, había visto una mirada de odio como la que ví en el ciudadano que se acercó a mí y que vociferaba desde el grupo insultándome”.

El pasado 19 noviembre, unos desconocidos entraron en su casa de un pueblo del Pirineo y le cortaron la calefacción

Tras ese episodio (la portavoz del Govern, Neus Munté, justificó al día siguiente los insultos a la fiscal porque “entraban dentro de la libertad de expresión”), la Fiscalía emitió un comunicado mostrando su preocupación “por los intentos de presionar a la justicia en su tarea de hacer prevalecer el imperio de la ley” y comparaba el compromiso de los fiscales “con el cumplimiento de la legalidad frente a los que, siguiendo la irracional aventura de la falta de respeto al estado de derecho, intentan imponerse, mediante la violencia y el insulto”.

Escalada de tensión

Eso fue sólo el comienzo de otra escalada de tensión. El pasado 19 noviembre, unos desconocidos entraron en su casa de un pueblo del Pirineo, le cortaron la calefacción y desconectaron la antena de televisión después de forzar el trastero. También infligieron daños en el riego por aspersión, pero no se llevaron nada, lo que hace sospechar que el allanamiento de la casa tuvo motivaciones políticas. Tres semanas más tarde, tras el puente de primeros de diciembre, la alarma se disparó de nuevo, pero cuando acudió la policía no había nadie en el interior de la casa y tampoco se habían llevado nada, aunque habían llegado a entrar por una ventana.

No se llevaron nada de casa de la fiscal, lo que hace sospechar que el allanamiento podría tener motivaciones políticas

Esos ataques se produjeron en un momento en que se multiplicaban los requerimientos contra unos 700 ayuntamientos catalanes (responsabilidad de Magaldi) y en plena ofensiva judicial contra los responsables de la convocatoria del referéndum ilegal del 1 de octubre, que dio como consecuencia el encarcelamiento de los presidentes de la ANC y de Òmnium, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart respectivamente, así como de más de medio Govern, con el vicepresidente Oriol Junqueras a la cabeza. Desde el momento en que se decretaron los encarcelamientos, Ana Magaldi contó con escolta por prevención. También lleva las acusaciones por delitos de odio debido a los escarches y acosos sufridos por agentes de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía desplazados a Cataluña, contra quienes se organizaron reiteradas manifestaciones frente a los hoteles y edificios donde residían.

Los tiempos de convulsión social y política, pues, no sólo no han pasado, sino que han incrementado su intensidad. Magaldi se jubila con la satisfacción del deber cumplido, con multitud de procesos encarrilados y con el desasosiego de que la crispación va en aumento. Pero durante estos más de cinco años al frente de la Fiscalía provincial, jamás tuvo que comparecer ante la opinión pública por algún escándalo por alguna actuación de su ‘negociado’ ni nunca se situó en el centro de ninguna polémica. “Es una legalista de primera, con los pies en el suelo y la ley en la mano. No le tiembla la mano ante nada y sabe muy bien lo que se hace”, la describe un veterano abogado barcelonés.

Carles Puigdemont
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