Puigdemont encarga un pacto de investidura con ERC y la CUP para preparar su vuelta
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Tendrá que ejercer un control a distancia

Puigdemont encarga un pacto de investidura con ERC y la CUP para preparar su vuelta

El nuevo Govern será casi calcado al viejo: una ERC de socio, esta vez en una situación de mayor debilidad, y con apoyo externo de la CUP, lo que le empujará a la vía unilateral

placeholder Foto: Carles Puigdemont, tras una rueda de prensa en Bruselas. (EFE)
Carles Puigdemont, tras una rueda de prensa en Bruselas. (EFE)

Carles Puigdemont ya está dando los primeros pasos para intentar volver a Cataluña como presidente electo de la Generalitat tras las elecciones de esta semana. El primer paso es forjar un pacto de investidura que le garantice la presidencia y eso es en lo que está trabajando el equipo de JxCAT, un acuerdo que reedite la versión del gobierno anterior, con ERC en la Generalitat y la CUP con sus cuatro escaños dando apoyo desde fuera. Cuando se cierre este acuerdo Puigdemont estudiará cómo volver incluso a riesgo de ser detenido, según apuntan fuentes de JxCAT, tal y como prometió a su electorado.

Con estos mimbres el plan de Puigdemont tiene cuatro pasos: el primero, cerrar el acuerdo de investidura; el segundo, mantener su acta de diputado pese a que no vaya a poder ejercer como presidente electo por las causas legales en su contra; el tercero, colocar en la presidencia una persona de su confianza en el caso, muy probable, de que no pueda tomar posesión; y, por último, dinamitar el PDeCAT para fundar sobre sus ruinas su propio partido: JxCAT.

Puigdemont pide una reunión con Rajoy fuera de España.

Así que vayamos por partes, teniendo en cuenta que el principio sobre el que se construye todo es el mismo que guió a Puigdemont al frente de la Generalitat, la improvisación.

El pacto de investidura

En esencia más de lo mismo. Un Govern en Cataluña presidido por él y que en la medida de lo que sea posible, siempre habrá bajas voluntarias —Meritxell Borràs, Dolors Bassa— o forzadas —Oriol Junqueras y Joaquim Forn se encuentran en la cárcel— sea casi calcado al mismo que había antes de la aplicación del 155. Es decir, un ERC de socio, esta vez en una situación de mayor debilidad, y con apoyo externo de la CUP.

Como el Gobierno de Mariano Rajoy se negará a negociar, el camino a la unilateralidad volverá a ser la única vía posible

La CUP podría obtener algunas prebendas, como un diputado en préstamo para constituir grupo parlamentario. Pero en esencia sería lo mismo: un papel de garante de la radicalidad y la unilateralidad mientras que el Govern pilota medidas rupturistas de una "república declarada pero no implementada".

Como el Gobierno de Mariano Rajoy se negará a negociar y con estos resultados mantendrá la intervención económica de la Generalitat, que no el 155, el cual se levanta en cuanto salga un nuevo Govern del Parlament, pues el camino a la unilateralidad volverá a ser la única vía posible. Posible hacía ningún resultado y con Cs de Inés Arrimadas liderando la oposición en un tono mucho más bronco que el actual.

Mantener el acta

Puigdemont aspira a mantener el acta de diputado. El principal problema es que deberá convencer a sus compañeros de exilio belga que renuncien a las suyas para que corra la lista y mantener así la mayoría en el Parlament. Un proyecto político de un solo punto: su restitución como presidente, solo tiene esta salida. Pero debe pedir al resto de 'consellers' en Bruselas que se sacrifiquen por un bien mayor.

Al mantener Puigdemont su acta de diputado pero pedirle al resto de 'exconsellers' en Bruselas que renuncien a ella se producirá una asimetría

En la práctica el acta servirá de poco. Si permanece en Bruselas, no podrá tomar posesión como presidente. Si vuelve a España, como está estudiando él y su equipo en este momento, será detenido, podrá salir para recoger el acta y luego volverá a prisión, con lo que seguirá sin conseguir ejercer la presidencia para la cual le han votado 940.000 catalanes.

Mantener el acta de diputado al final será un acto simbólico. Pero la propia candidatura de Carles Puigdemont tiene su único sentido en el simbolismo. El único problema aquí estriba en el doble rasero que se le aplicará a él, pero no a los demás.

Nombramiento de confianza

Por tanto, como no podrá ejercer la presidencia, Puigdemont pretende, y la victoria del jueves lo legitima, a nombrar un presidente en nombre del presidente. Su favorita es Elsa Artadi, jefa de campaña. Pero no será fácil. La vieja guardia del PDeCAT aspira a colocar otros candidatos como los 'exconsellers' Jordi Turull y Josep Rull. Sin embargo, sobre ambos pesan los mismos problemas judiciales que para el resto de los antiguos miembros de la Generalitat y cuando el Tribunal Supremo abra juicio oral el año que viene tendrán que dejar sus cargos públicos. En la "nueva república" será el alto tribunal español el que decida las crisis de gobierno, así que Artadi será quien tenga las mejores bazas.

placeholder Los 'exconsellers' y candidatos de JuntsxCAT Jordi Turull y Josep Rull. (EFE)
Los 'exconsellers' y candidatos de JuntsxCAT Jordi Turull y Josep Rull. (EFE)

Refundar el PDeCAT

El último paso es consecuencia del anterior. Ante las resistencias de sus compañeros de partido, pero aupado en una gran victoria personal, Puigdemont propondrá un próximo congreso extraordinario del partido para refundarlo de nuevo y volver a cambiar de nombre. La nueva denominación será JxCAT, el partido del 'president', la antigua aspiración de Artur Mas, solo que no para Artur Mas. El PDeCAT habrá tenido un vida muy, muy corta.

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