el 'expresident' como efecto distorsionador

Jordi Turull se queda solo con el retorno de Puigdemont en un bronco debate final

Jordi Turull no demostró que su partido tuviera un programa de JxCAT más allá del retorno del expresident al Palau de la Generalitat lo que se acabó volviendo contra su formación

Foto: Los candidatos a la presidencia de la Generalitat en el último debate antes del 21-D. (EFE)
Los candidatos a la presidencia de la Generalitat en el último debate antes del 21-D. (EFE)

El tercer y último debate antes de las elecciones catalanas se movió en el tono bronco y frentista de los dos anteriores. La principal diferencia fue el momento en que el exportavoz de la Generalitat, Jordi Turull (JxCAT), se quedó solo con la idea de que el exiliado Carles Puigdemont tenga que ser, en cualquier caso, investido de nuevo presidente. Aquí la mayor parte de los candidatos se manifestaron en contra y Marta Rovira (ERC), quien otra vez no tuvo su noche, guardó silencio. Al final como al principio: Puigdemont fue el gran ausente y a su vez el efecto distorsionador desde su lista elaborada desde Bruselas. El Godot sobre el que pivotó buena parte de la discusión y al que Turull se quedó esperando.

Jordi Turull se queda solo con el retorno de Puigdemont en un bronco debate final

Jordi Turull no demostró que su partido tuviera un programa. Incluso ridiculizó que se quisiera hablar de pobreza infantil, como intentó hacer Xavier Domènech (CeC). “No entiendo que se quiera hablar de pantanos cuando esto va de democracia”. Y aquí se desató el momento más tenso del debate, en el cual se visualizó la soledad de la candidatura de JxCAT.

Foto: Reuters.
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Hasta Miquel Iceta (PSC), que como en cada debate, estaba jugando una carta presidencialista rehuyendo el cuerpo a cuerpo, olió la sangre y saltó a la yugular: “Digamos que la elección del presidente de la Generalitat depende de estas elecciones, no la restitución del presidente anterior. Porque si no… ¿qué hacemos aquí? No engañemos a la gente”.

Turull, que había iniciado la bronca con Domènech, de repente se vio atrapado entre dos fuegos, pero no se amilanó: “Esta equidistancia entre porras y urnas me sabe muy mal. El agresor culpa al agredido. Las elecciones del 21-D son anormales y se pide votar en clave de normalidad democrática. A partir de aquí podremos hablar de obra de gobierno. Esto va de dignidad y de democracia. Entre los que estaban pegando para que no hubiese urnas y los que estaban rezando para que no las hubiera. No podemos aceptar un nuevo presidente y dar carta de normalidad a lo sucedido”.

Pero Domènech, siempre tranquilo, esta vez replicó y enseño los dientes. Turull se estaba hundiendo en su propio “pantano” e incluso el representante de los 'comunes' se lo volvió a recriminar más tarde en el debate. En un primer momento le contestó: “Las elecciones pueden ser ilegítimas, cosa que podemos compartir, pero el resultado ha de ser legítimo. Porque la gente quiere romper con la situación que ha llevado a esta crisis en la Generalitat. Y eso no es un pantano”.

La puntilla de Arrimadas

Y ahí llegó Inés Arrimadas (Cs) a darle al representante de Puigdemont en la tierra catalana la puntilla: “Ni Junqueras le apoya en eso, señor Turull”, una idea que ya había desarrollado antes del gran pique sobre el que pivotó el debate: “Ni siquiera pueden explicar a sus votantes lo que van a hacer. La tesis de Turull que ha de volver a ser presidente Puigdemont no la asume ni Oriol Junqueras. Hay un problema hacia los catalanes que no les votan. Dejar de hablar de súbditos o de enviar a la gente a Cádiz”.

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Rovira, situada al lado de Turull en el plató, callaba y solo replicó entre dientes a la candidata de Cs que “en este momento con Junqueras no puedo hablar ni yo” para que no pusiera en su boca la postura del líder de ERC, encarcelado en Estremera. Pero no desmintió lo que había dicho la líder del partido naranja.

Turull ya en el tercer bloque del debate se vengó del revolcón cuando le replicó a Iceta: “Yo le pido menos indultos y más democracia. Porque yo no he cometido ningún delito. Y para recuperar la dignidad solo se puede hacer haciendo volver a entrar por la puerta de la Generalitat al 'president' Carles Puigdemont”.

“No vuelva a hablar del señor Junqueras, porque el señor Junqueras está encerrado en prisión, no se puede defender. No se ponga en la boca al señor Junqueras”, le recriminó más tarde Rovira a Inés Arrimadas, volviendo, de nuevo al “momento pantano” que había desencadenado Turull. Pero para nada Rovira respaldó la pretensión “restituyente” de JxCAT.

El representante de JxCAT sólo tuvo un argumento: que Puigdemont volviese a ocupar el Palau de la Generalitat, ante lo que topó con el silencio de ERC

Miquel Iceta insistió en la reconciliación de los catalanes. Pero a su juicio habrá que hacerlo “sin mentir. Sin mentir cuando se dijo que Europa nos reconocería, que lo tenían todo previsto, que las empresas no se irían”. De nuevo, Turull era el destinatario de los torpedos. Y las mentiras fueron otro eje de las críticas generalizadas de Arrimadas al independentismo: “Los independentistas tienen un problema con la realidad. Pero, claro, es que dicen que viven en una república, en la burbuja del 'procés'. Pero en la calle no es así, se notan los efectos del 'procés' en los comerciantes, en los autónomos. Ustedes decían que aplicábamos la estrategia del miedo porque decíamos que las empresas se iban a ir. Y ha pasado que se han ido. Mientras, ustedes están en esa república que no existe”.

Los extremos

Mientras la bronca se centraba en el centro ideológico, los extremos quedaron un tanto marginados en el plató de TV3. Carles Riera (CUP) insistió en que la aplicación del 155 era un “golpe de Estado”. Nadie le hizo ni caso. Incluso un ataque Arrimadas al final del debate, acusándole de haber apoyado la victoria de Franco en la Guerra Civil, quedó en nada cuando pareció un lapsus lingüístico, tal y como le hizo notar Domènech.

Albiol y Riera. (Reuters)
Albiol y Riera. (Reuters)

Por su parte, Xavier García Albiol (PP) entró en varias polémicas en el mismo tono crispado del resto de candidatos. Pero hizo dos llamamientos a un gran pacto de todas las fuerzas políticas, dejando de lado el problema del soberanismo, para acordar un paquete de mínimos en lucha contra el desempleo y en políticas sociales. Le pasó lo mismo que al candidato de la CUP: nadie quiso recoger el guante. Por sorpresa, el llamamiento a la concordia vino del PP.

Pero los demás estaban demasiado ocupados peleándose entre ellos en el pantano de Turull: unos por la república, otros por la legalidad. Si como dicen los niños, “los que se pelean se quieren”, el mapa de futuros pactos de mañana lo tendrán que hacer los bronquistas de ayer. En caso de que la tensión en TV3 no fuese teatro, lo único que saldrá del Parlament que se forme tras el 21-D será un callejón sin salida.

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