La 'reserva espiritual' de puigdemont

De Montserrat a las callejuelas del Raval: los religiosos del independentismo

El 'pare' Manel y la monja Victoria Molins, ambos muy heterodoxos dentro de la jerarquía eclesiástica, forman parte de la lista de Carles Puigdemont

Foto: El monasterio de Montserrat. (D.B.)
El monasterio de Montserrat. (D.B.)

Victoria Molins dice que está "enamorada de Jesucristo", lo cual no es una declaración nada sorprendente ni escandalosa si se tiene en cuenta que se trata de una monja teresiana de 80 años. Una religiosa que ocupa uno de los puestos de la lista de Junts Per Catalunya que el expresidente Carles Puigdemont ha elaborado desde Bruselas de manera casi personal para acaparar casi todos los estratos de eso que se da en llamar “la sociedad civil catalana”. Y dentro de esa ristra de personalidades "relevantes" se pueden encontrar los nombres de dos religiosos: un cura y una monja; la citada Molins y el 'pare' Manel Pousa.

"No es raro que surjan ese tipo de nombres relacionados con la iglesia desde que comenzó el carrusel de gente apuntándose a la independencia o al menos al 'derecho a decidir': muchas de esas personas, las de esos partidos, son de misa diaria", explica una profesional de los medios de comunicación barcelonesa. El caso más célebre es el del líder de ERC, Oriol Junqueras, que en su declaración ante la juez Lamela ya advirtió: "Estoy en contra de la violencia, soy católico". Es muy conocida también su relación con Josep Maria Soler, el abad de Montserrat, el kilómetro cero del catalanismo religioso.

Ambos, ya ancianos, se han dedicado a la tarea "a pie de calle" y ambos han tenido bastantes problemas por ello con sus superiores

Pero lo extraño de los dos nombres que figuran en puestos simbólicos en la lista del 'expresident' fugado a Bruselas, es que ambos se caracterizan por su "rebeldía" frente a las jerarquías eclesiales y por estar muy lejos en su actividad cotidiana del bucólico paisaje que se domina desde Montserrat. Ambos, ya ancianos, se han dedicado a la tarea "a pie de calle" y ambos han tenido bastantes problemas por ello con sus superiores. Aunque el 'pare' Manel ya estaba en las planillas de Junts pel Sí en 2015.

Fachada de la fundación del Pare Manel. (D. B.)
Fachada de la fundación del Pare Manel. (D. B.)

El 'pare' Manel, nombrado catalán del año en 2017, lleva trabajando para los más desfavorecidos desde hace muchas décadas en una zona marginal de Barcelona. En un piso de protección, muy cerca de las B20 y entre los barrios de Verdum y Les Roquetes se dedica a ayudar a chicos en peligro de exclusión o, directamente, a gente que ha caído en la marginalidad y la prisión. De hecho, fue amenazado con la excomunión en 2011 por, supuestamente, ayudar a abortar a dos chicas. Sin embargo, aunque nacido en Granada en 1945, su "sentimiento por la independencia está muy arraigado". Su fundación ocupa un bajo entre otro montón de bloques iguales y da el aspecto de estar completamente abandonada.

Callejuela del Raval

Victoria Molins, por su parte, es muy conocida en la calle de la Cera, un oscuro callejón en el corazón del Raval. "Se conserva muy bien y pasea bastante por aquí", dicen de ella los dueños de El Lokal, una tienda de inspiración libertaria en esa misma calle. "Me extraña que viva por acá. Monjas no hay muchas por aquí", dice riéndose, sin embargo, el dueño de la floristería, que asegura que no conoce a la religiosa "a pesar de que llevo 60 años en esta misma calle". Molins, que afirma que es independentista "por culpa de Rajoy" ocupa un piso con otras tres monjas y ayuda a los desfavorecidos del barrio, que son casi todos sus habitantes.

Una de sus actividades es, precisamente, un blog que se llama como la calle. La monja, que ha viajado por latinoamerica y ha vivido en varias partes de España, pidió que le dejasen salir del convento de clausura en la calle Ganduxers: "Les convencí de que me dejasen ayudar donde importa". Su tarea es "escuchar y reconfortar" y lo hace sin reparar en la nacionalidad ni religión de a quienes socorre, que solo hace falta un breve paseo por la callejuela, jalonada de comercios regentados por paquistaníes, para deducir que no son mayoritariamente españoles.

El verdadero poder del catalanismo religioso lo ostenta Josep Maria Soler, el abad de Montserrat y habitual confesor de Junqueras

Antes de que sus nombres, los de Molins y Pousa, salieran a la luz, ya había habido otros religiosos muy significados entre los soberanistas. Es el caso de la famosa Sor Lucía Caram, dominica y cocinera, de origen argentino, y ubicua en su momento en favor del independentismo y otras causas diversas (casi siempre polémicas, como dudar de la virginidad de María o entrevistas al actor de películas pornográficas Nacho Vidal) o de la benedictina Teresa Forcades, fundadora de Proceso Constituyente y una de las voces más habituales en protesta y reivindicación por crear "un nuevo marco de convivencia".

Sin embargo, el verdadero poder del catalanismo religioso lo ostenta el abad de Montserrat. Soler, habitual confesor de Junqueras y un hombre relevante en los días previos a la declaración unilateral de independencia proclamada por Puigdemont y que dio lugar a la aplicación del artículo de la Constitución 155, ha dejado relativamente clara su postura: "Cataluña es una nación y tiene derecho a decidir su futuro". También ha lamentado la encarcelación de algunos 'exconsellers', alegando que "dificulta el diálogo". Su papel, sin embargo, siempre ha estado matizado porque él sí que participa de la jerarquía eclesiástica y se mueve en un mundo que exige más equilibrios.

Carga simbólica

El trío que forman Laia, María y Josep no se diferencia en mucho de el de cualquier montañero de fin de semana. Pero su excursión tiene un final: el monasterio de Montserrat. "Venimos con bastante frecuencia, la excursión es preciosa", explican. Entre ellos, orientales con cámaras fotográficas y turistas varios. "Nosotros ya hemos estado muchas veces, nos da paz", comentan diferenciándose de los visitantes que han llegado al lugar en autobús o han dejado el coche aparcado en el aparcamiento exterior.

"Los monjes de Montserrat pueden tener cada uno su opinión, pero el monasterio benedictino como tal no se puede decantar por una opción política", explicó en su día Soler. Lo que no puede evitar es que el lugar tenga una tremenda carga simbólica para el catalanismo transmutado en soberanismo en los últimos años. Sea como sea, lo que parece es que la cantera de religiosos, sean del perfil que sean, entre el independentismo es inagotable.

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