hablan los pequeños empresarios catalanes

Por qué se van las pymes: "¿Independencia? Yo tengo que pagar las facturas"

Entre las 2.800 empresas que han cambiado su sede fuera de Cataluña, también hay pymes que tenían miedo a salir de la UE, perder proveedores o verse en un corralito

Foto: Andrés, junto a sus empleados, en la tienda de Saigo en Barcelona. (M. Z.)
Andrés, junto a sus empleados, en la tienda de Saigo en Barcelona. (M. Z.)

‘Incertidumbre’ es la palabra que más se repite cuando una pequeña empresa explica por qué ha cambiado su sede de Cataluña a cualquier otra ciudad de España en los últimos dos meses. Más allá de La Caixa, Sabadell, Codorniú o la ristra de grandes compañías que han copado los titulares en las últimas semanas, también están ellos, los pequeños negocios que forman parte de las más de 2.800 entidades que a día de hoy han trasladado su sede fiscal y social.

Sus motivos son fundamentalmente de inseguridad jurídica ante una posible declaración de independencia, pero también los hay ideológicos, de imagen o para evitar el pago de aranceles ante una repentina salida de la Unión Europea. A finales de octubre, constituían solo el 1% de total, según un estudio de Pimec, pero lo cierto es que la situación catalana genera inestabilidad entre el 46% de las empresas y hasta un 16% se estaba pensando trasladarse.

Advertidos por el proveedor

Andrés Sánchez, gerente de Exclusivas Saigo, tomó la decisión antes incluso de que lo anunciase La Caixa, y antes también del referéndum ilegal. Hacía ya un tiempo que la firma japonesa de la que distribuyen en exclusiva por toda España les estaba avisando de la inconveniencia de estar en una región que veían inestable. “Siempre nos venía amenazando de que si había problemas en Cataluña nos quitarían la distribución. Nos dejarían solo para la comunidad y la nacional se la darían a otra del centro de España”, cuenta desde su oficina de Barcelona, donde trabajan seis empleados.

Después del 1-O, había clientes que directamente nos colgaban el teléfono

Por ese motivo, antes siquiera del 1 de octubre, esta empresa familiar de Barcelona que lleva 20 años en activo trasladó su sede social y fiscal a Madrid. Ahora, firman sus facturas y 'mails' desde la capital, lo que les da, dicen, mejor imagen de cara al extranjero y también dentro de España. “En los peores días, después del 1-O, había clientes que directamente nos colgaban el teléfono, no querían saber nada de nosotros por ser catalanes”, explica Andrés.

Su empresa se dedica fundamentalmente a la importación de cuchillos de gama alta para restaurantes y profesionales. Venden a estrellas Michelin y han sido marca oficial de 'Master Chef'. Les afectaba por tanto salir de la zona euro y de los acuerdos de importación de la UE: “Nuestro negocio sería inviable [en una independencia] hasta que Cataluña tuviese sus propios acuerdos, y para nosotros ese tiempo supondría tener que cerrar la empresa”.

Exclusivas Saigo quiere tener cada vez más presencia en Madrid. (M. Z.)
Exclusivas Saigo quiere tener cada vez más presencia en Madrid. (M. Z.)

Para muchos negocios, los últimos acontecimientos del 'procés' vienen justo cuando empiezan a aflorar “los brotes verdes”. Después de la crisis, Exclusivas Saigo conseguía estar cercano a las cifras que tenía antes de 2009, con la diferencia de que han agotado todo el músculo financiero que tenían y no pueden permitirse tirar de ahorros ante una situación inestable. “Esto lo único que ha conseguido es ponernos un palo en las ruedas, en octubre ha habido una caída muy brusca de las ventas”. Dentro de su sector, Andrés conoce a muchos en la misma circunstancia. “El 90% del empresariado catalán es sufridor, y el otro 10% es el propulsor, los que han puesto la leña en el asador”, considera.

De momento, han cogido una oficina en Madrid y la base operativa seguirá estando en Barcelona, pero su idea es trasladar cada vez más parte del negocio hacia el centro del país, donde ya planean montar un 'showroom'.

Mercancía en riesgo

Carlos Armengoll y su socio han preferido mudarse a Huesca, a hora y media de Barcelona, donde tienen su tienda O Lusitano y el almacenaje de los vinos portugueses que exportan. En su caso, tomaron la decisión de trasladar la sede cuando vieron que lo de la DUI “iba en serio”. “Fuimos al notario y nos dijo que había tenido que contratar gente para esos días porque muchas empresas estaban haciendo lo mismo. A nosotros nos ha supuesto un esfuerzo y un coste. Han sido unos 300 euros que me habrían venido bien para otras cosas, porque no tenemos una tesorería como para tirar el dinero”, explica Armengoll.

Carlos regenta su empresa de vinos O Lusitano desde Barcelona pero la sede está en Huesca. (M. Z.)
Carlos regenta su empresa de vinos O Lusitano desde Barcelona pero la sede está en Huesca. (M. Z.)

Desde su tienda distribuyen vino portugués por toda España, aunque en Cataluña es donde menos venden. A nivel profesional, solo el Celler de Can Roca les compra y el establecimiento abierto al público lo tienen más de expositor que de venta, “porque los catalanes ya solo consumimos lo nuestro”, se queja. Pero una Cataluña independiente colocaría en un limbo todo su suministro. “Nosotros trabajamos importando y todo lo que teníamos en almacén pasa por aduana, tenemos cosas con impuestos especiales y con IVA suspendido. Teníamos miedo a quedarnos con el culo al aire si pasaba algo”. Ahora tienen la sede de la empresa en una casa familiar de Huesca, adonde pueden mudarse rápidamente en caso de tener que salir de allí con los vinos a cuestas.

Esto de jugar a la independencia es muy bonito para los políticos que cada mes ganan su sueldo, pero yo tengo que pagar facturas

Pero cambiar la sede no se ha debido solo a una cuestión práctica. Carlos, barcelonés, no está de acuerdo con la deriva independentista. “Por una parte también ha sido por eso de la ‘mayoría silenciosa’. Para que salga en las estadísticas de las empresas que se han ido. Se habla de La Caixa, el Sabadell, Catalana Occidente… Pues dentro de lo dos mil y pico también estamos nosotros, que somos pocos, pero todo suma”.

Carlos ha visto desde el escaparate de su tienda en Poble Nou cómo las últimas semanas han afectado mucho a los comercios del barrio. “Esto de jugar a la independencia es muy bonito para los políticos que cada mes ganan su sueldo, pero yo tengo que pagar facturas”, considera. “Están moviendo las masas a nivel de estudiantes, que es gente que no trabaja, o funcionarios, que creen que lo tienen garantizado, pero aquí a nivel de barrio octubre ha sido para cortarse las venas”.

Airbnb en Valencia

Laurent Amar tenía un plan B para su empresa si de la noche a la mañana Cataluña se convertía en un país independiente y había revueltas en las calles. Consistía en trasladar oficina y empleados, una veintena, a unos pisos de Airbnb en Valencia, desde donde seguirían trabajando en el portal HelpMyCash, un comparativo de productos financieros fundado en 2009 en la Ciudad Condal.

Igual que yo estoy aplazando grandes decisiones, creo que en su vida personal mucha gente también hace lo mismo

“En nuestro caso no tiene ninguna dimensión política, me encanta Barcelona y vivir aquí es una elección de vida, pero también tengo un negocio, donde tienes que saber manejar la incertidumbre”, cuenta este francés afincado en Cataluña. Laurent reconoce que no sabía interpretar lo que estaba pasando en la región y que por más que preguntaba a sus conocidos solo obtenía “blancos y negros” de un bando y del otro. “Pensé en los puntos de riesgo de mi negocio y cómo los podía evitar. Si había independencia y la empresa está aquí, ¿qué nacionalidad tendría? Para Madrid, seguiría siendo española, ¿pero para la gente de aquí? ¿Qué ley me contemplaría? No lo sé. Y segundo, ¿estoy en el euro? No lo sé. Lo que era cierto es que necesitaba seguir teniendo la nacionalidad de la empresa española hasta por lo menos saber cómo sería tener la catalana. Y para mantenerla, mi única opción era tener sede en Madrid, donde tenemos un socio”, explica.

Laurent, francés, ha cambiado la sede a Madrid. (M. Z.)
Laurent, francés, ha cambiado la sede a Madrid. (M. Z.)

A Laurent también le daba miedo un posible corralito. Con la cuenta bancaria bloqueada, no podría pagar las nóminas a sus trabajadores, por lo que también trasladó a la capital su dinero. “Cuando llamamos al banco, tampoco pareció sorprenderles”, afirma. De hecho, curiosamente, en su portal aumentaron las consultas de cambio de banco, mientras que otras operaciones, como las relacionadas con hipotecas, han bajado en Cataluña desde hace dos meses. “Igual que yo estoy aplazando grandes decisiones, creo que en su vida personal mucha gente también hace lo mismo. La economía requiere confianza y la confianza viene de la capacidad de decidir”, explica.

Pendientes del 21-D

Este periódico se ha puesto en contacto con una veintena de empresas que han cambiado su sede en las últimas semanas para realizar este reportaje. La gran mayoría no ha querido dar sus razones para haber dejado Cataluña o tienen miedo a que salir en los medios afecte a su negocio. Es el caso de José*, que prefiere mantenerse en el anonimato para que su empresa, que da servicios a empresas internacionales desde Barcelona, no se vea afectada.

Existe una desconexión absoluta entre los políticos del 'procés' y la industria

Él cambió la sede también a Madrid entre el 1 de octubre y el día de la DUI. “Temíamos lo peor”, asegura este extranjero que no siente que a las empresas se las esté teniendo en cuenta. “Existe una desconexión absoluta entre los políticos del 'procés' y la industria, y están engañando a la población con cosas que no pueden cumplir. Dan a entender que a las empresas les iría mejor fuera de España y no es verdad, yo pierdo ventaja competitiva si no puedo emitir facturas sin IVA a otros países como pasa dentro de la UE”, explica.

Aunque de momento ninguno de los cuatro se plantea mover físicamente el negocio porque la situación —al menos en las calles— está más tranquila, tampoco ninguno se plantea todavía volver a traer la sede a corto plazo. “Si nos pintan lo que es el futuro, podemos decidir, pero sin tener la foto de qué será Barcelona en una independencia, no puedo arriesgarme a quedarme”, explica Laurent. "Tendrían que darme alguna subvención para volver", se queja Carlos.

Todos tienen claro que si el plan del secesionismo sigue adelante, harán las maletas y se trasladarán definitivamente a Madrid, Huesca o Valencia. “No solo es la empresa, detrás hay familias, niños, colegios… Pero si se fuerzan las cosas, habrá que irse”, se lamenta Andrés. Por eso, de momento, todos tienen la mirada puesta en qué pasará el 21-D, confiando en que el resultado devuelva la estabilidad a sus negocios.

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