Puigdemont dinamita los pactos previos

ERC y JxCAT afrontan una campaña a cara de perro por el volátil voto entre soberanistas

Hay 1,6 millones de indecisos. De ellos, una parte indeterminada pero relevante no sabe si votar a ERC o JxCAT. Un botín electoral demasiado jugoso para cumplir pactos de caballeros

Foto: Fotografía de archivo del líder de ERC, Oriol Junqueras (i), y el líder de JXCAT, Carles Puigdemont. (EFE)
Fotografía de archivo del líder de ERC, Oriol Junqueras (i), y el líder de JXCAT, Carles Puigdemont. (EFE)

ERC y JxCAT afrontarán una campaña a cara de perro por las elecciones autonómicas del 21-D. Fuentes cercanas al PDeCAT auguran que la posición de Carles Puigdemont desde Bruselas de reivindicarse como presidente legítimo dinamita los pactos previos que se habían negociado la pasada semana con los republicanos para tener una campaña de guante blanco. Si solo puede haber un 'presidente legítimo', la pretensión de cualquier otro de querer presidir la Generalitat es ilegítima, y esto afectaría también a Oriol Junqueras o Marta Rovira. Además, la volatilidad del voto en el bloque soberanista hace que las formaciones que se presentan solo puedan robar votos a las otras candidaturas de su bloque. Cosas de la polarización que se ha generado en Cataluña.

“El trasvase de votos se limita a vasos comunicantes entre las dos candidaturas independentistas. Han cohesionado tanto su espacio político que lo han convertido en hermético. Están muy movilizados, sí, pero no pueden robar votos fuera de su entorno”, explica el profesor de Ciencia Política de la UAB Gabriel Colomé.

Un documento interno del PDeCAT que ha desvelado 'El Periódico de Catalunya' avisa a ERC de que cualquiera que quiera ser presidente en lugar de Puigdemont estará legitimando la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña. Precisamente, el fin del 155 es un punto clave de la campaña electoral de ambos partidos.

ERC mantiene la postura contraria. Como explicó Marta Rovira, “habrá un presidente en el exilio y un Govern efectivo”. Es decir, no renuncia a gobernar en la Generalitat y quiere convertir a Puigdemont en un mero elemento decorativo. En el jarrón chino del que hablaba Felipe González cuando se refería a las figuras de los expresidentes.

Además, las relaciones personales son muy malas. Junqueras y Puigdemont no se hablan desde el 26 de octubre, cuando el líder de ERC vetó la intención de Puigdemont de convocar elecciones. Del mismo modo, las relaciones entre el propio Artur Mas, presidente del PDeCAT, y el expresidente radicado en Bruselas también son tensas. Puigdemont juega su partida y esa partida pasa por bloquear a ERC.

La partida de Bruselas

Desde Bruselas, Puigdemont quiere cortocircuitar a ERC y que no lleguen a sacar 40 diputados. Desde Estremera, Oriol Junqueras intenta salir de la cárcel para poder hacer campaña de igual a igual. La media de encuestas da a JxCAT un máximo de 26 escaños. Serán la tercera fuerza del Parlament. Pero quieren ser los primeros. Los 26 diputados sirven para cortocircuitar las posibilidades de los republicanos de pactar con otras formaciones dando la espalda a Puigdemont y los suyos. Pero no bastan.

Por eso, los asesores del 'expresident' le están presionando para dar un golpe de efecto los últimos días de campaña, de manera que vuelva a España y fuerce su detención, con lo que desangraría a ERC con un aluvión de voto emocional. Este plan solo tiene un problema: el propio Puigdemont no tiene ningún interés en visitar una cárcel en España. Y más cuando en su caso la prisión preventiva estaría perfectamente justificada y sería esperable que se prolongase hasta que se abriese el juicio oral. Un altísimo precio, pero que serviría a Carles Puigdemont para dar un vuelco a las encuestas y pasar así de ser la tercera fuerza en el Parlament a la primera.

Hay 1,6 millones de indecisos. De ellos, una parte indeterminada pero relevante no sabe si votar a ERC o JxCAT. Y ese botín electoral es el que se dirimirá en la campaña del 21-D: resulta demasiado jugoso para que se dé un pulso de guante blanco.

Tensión innecesaria

A juicio del politólogo Gabriel Colomé, “el tener que elegir entre un expresidente en el exilio y un candidato encarcelado está tensionando de forma innecesaria el espacio independentista. Si esta situación se prolonga, estos indecisos podrían acabar votando a la CUP, que al menos mantiene la coherencia”.

Por tanto, la campaña no modificará mucho el reparto de votos entre el bloque independentista y el de los defensores de la Constitución, pero sí que puede alterar, y mucho, los flujos internos entre las formaciones presuntamente alineadas. Lo más probable es que ninguno de los bloques pueda sumar la mayoría absoluta y que, por lo tanto, se acaben convocando nuevas elecciones.

Cataluña

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