LA ALCALDESA LLAMÓ AL MINISTERIO PARA SABER SI TENÍA POSIBILIDADES

Colau y la Generalitat boicotearon la candidatura de Barcelona para la EMA

El partido de Colau no quería a la codiciada agencia aposentada en terrenos barceloneses. Según la teoría de los comunes, las prioridades de los ciudadanos de Barcelona no son esas

Foto: La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. (EFE)
La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. (EFE)

Nadie parece tener la culpa. La candidatura de Barcelona para acoger la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, según sus siglas en inglés) se fue al garete y la capital catalana se quedó compuesta y sin novia: sin 1.000 puestos de trabajo directos de alto nivel, sin miles de puestos de trabajo indirectos, sin las familias de esos 1.000 científicos que se aposentarían en Barcelona y sin los viajes que las cúpulas de las multinacionales deberían haber realizado en el futuro para tratar temas del sector.

Fue un desastre total del que ahora todos se echan la culpa mutuamente. El 'expresident' Carles Puigdemont asegura que todo es cosa del Gobierno central, por aplicar el artículo 155. El Gobierno central culpa a la inestabilidad política derivada de la declaración unilateral de independencia (DUI). La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se sacaba las pulgas de encima y culpaba a los otros dos. Incluso la podemita Irene Montero, desde Madrid, apuntaba a que son tan culpables la declaración unilateral de independencia (DUI), cuando paradójicamente Podemos siempre ha dicho que no ha existido, como la aplicación del artículo 155. Montero, sin embargo, debería mirar debajo de sus alfombras: en realidad, el tremendo boicot tanto de la alcaldesa Ada Colau como del Gobierno catalán presidido por Puigdemont tuvo mucho que ver con la pérdida de ese capital de futuro.

Colau y la Generalitat boicotearon la candidatura de Barcelona para la EMA

Para empezar, Colau ya advirtió al socialista Jaume Collboni el año pasado, cuando formalizaron su pacto de gobierno municipal, de que no hiciese “mucho ruido” con la sede de la EMA, “porque es un tema que no es del agrado de las bases de Barcelona en Comú [BeC]”. O sea, que el partido de Colau no quería a la codiciada agencia aposentada en terrenos barceloneses. Según la teoría de los comunes, las prioridades de los ciudadanos de Barcelona no son esas.

No lo dijo porque hubiese realizado una consulta entre sus bases, como hizo para romper con el PSC la pasada semana. Simplemente, adoptó la determinación de boicotear la candidatura de Barcelona. Ni ella ni el teniente de alcaldía, Gerardo Pisarello, acudieron en ningún momento a Bruselas para apoyar la candidatura oficial de Barcelona el pasado 18 de octubre, cuando se desplazó a la capital europea una nutrida representación de las instituciones españolas. Allí estaban la ministra de Sanidad, Dolors Montserrat; el director de Barcelona Global, Gonzalo Rodès; la directora de la Agencia Española del Medicamento, Belén Crespo, el entonces consejero de Salud de la Generalitat, Toni Comín, o el embajador español ante la UE, Pablo García Bedoya. Del Ayuntamiento de Barcelona fue solamente el socialista Jaume Collboni, sin que ninguno de los primeros espadas se dignase apoyar la candidatura.

La llamada de Colau

Es más: Colau nombró a Gemma Tarafa, una persona de su núcleo duro, como comisionada de Salud del consistorio. Sus prioridades son muy claras: el consistorio barcelonés trabaja en un “plan de desmedicalización” de la población. La alcaldesa cree que existe “un abuso de los medicamentos”, por lo que los responsables municipales trabajan en “otro tipo de terapias” muy alejadas de las que puede proporcionar la EMA. De ahí el desinterés municipal en apoyar una candidatura en firme de la capital catalana para albergar la agencia internacional.

Hay más datos sorprendentes: según fuentes de la candidatura de Barcelona a acoger la sede de la EMA, Colau llamó este domingo al Ministerio de Sanidad “por si existían posibilidades de que la sede fuese adjudicada a su ciudad. Si le garantizaban que sí, se desplazaría a Bruselas. Si no había garantías, no se movería de Barcelona”. Además, tenía previstas las declaraciones internacionales a realizar en el caso de ganar y, en su cajón, guardó algunos artículos para publicar en prensa, los cuales deberían ser distribuidos a diferentes medios de comunicación para el caso de que Barcelona fuese la agraciada. Evidentemente, estos artículos han pasado ya a mejor vida.

La llamada a Puigdemont

El desinterés municipal solo era comparable con el del propio Gobierno catalán. El día antes, Collboni llamó a Carles Puigdemont para quejarse por la falta de apoyo institucional. Le dijo que comprendía que las prioridades del Govern pasaban solo por el ‘procés’ y la proclamación de la independencia, pero que en ese acto tanto la ciudad de Barcelona como Cataluña y, por extensión, España, se jugaban mucho. Y que el consejero de Salud no hubiese ni siquiera mostrado interés alguno en apoyar la candidatura era preocupante. El mensaje era contundente: la Generalitat no se podía quedar al margen en el apoyo a la candidatura de Barcelona. ¿Y cómo era que el consejero de Salud ni siquiera había mostrado interés en asistir al importante acto de Bruselas? El ‘president’ le escuchó atentamente y alguna conclusión debió de sacar porque, dos horas más tarde, Toni Comín anunció que al día siguiente se desplazaría a la capital belga para apoyar la candidatura de Barcelona junto a la ministra Dolors Monserrat.

Colau y la Generalitat boicotearon la candidatura de Barcelona para la EMA

Fuentes de la candidatura de la capital catalana señalan a este diario que la Generalitat “no mostró interés alguno en conseguir la sede. Pero también hay que decir que había gente técnica que estaba muy interesada y que trabajó muy bien en el tema, como Mireia Belil, de la oficina técnica, que estaba convencida de que era necesario atraerse a la comunidad internacional para conseguir que la EMA se quedase en Barcelona”. Belil es directora general de la Fundació Fòrum y directora técnica de la oficina encargada de diseñar la estrategia para acoger la EMA. Su entusiasmo, según las fuentes consultadas, era inversamente proporcional al de la Generalitat como institución.

Para entonces, sin embargo, Barcelona había perdido muchas de sus posibilidades, con una situación políticamente inestable y con una gran incógnita encima de la mesa: ¿iba Europa a adjudicar a Barcelona la sede si ya la sacaba de Londres por el Brexit? ¿Se iban a arriesgar las autoridades europeas a afrontar otro Brexit en Cataluña? Porque, evidentemente, si Cataluña se declaraba independiente, la EMA huiría de nuevo de Barcelona a otra ciudad europea. La conclusión es clara: la amenaza de secesión vetaba definitivamente la propuesta barcelonesa.

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