los 'indepes' celebran entre lágrimas la DUI

El 155 no empaña la fiesta indepe: "Esto no lo para Rajoy"

Por la tarde ya era imposible llegar a Sant Jaume, donde esa máquina perfecta de organización que es la ANC había organizado un concierto

Foto: La celebración se prolongó hasta la noche. (Reuters)
La celebración se prolongó hasta la noche. (Reuters)

La activación del 155 y la destitución de Puigdemont y sus consejeros no llegó a la calle. A las puertas de la Generalitat siguió como si nada el concierto, los porros, la cerveza, los besos y el suelo pegajoso. "Esto no lo para Rajoy", resumió un chico que movía rítmicamente la cabeza mientras la banda versionaba a Bob Marley.

Si en un principio la proclamación de la república catalana en la calle no tuvo mucha épica al principio -era la mañana de un día laborable y al fin y al cabo hay que trabajar-, luego se fue animando. Por la tarde ya era imposible llegar a Sant Jaume, donde esa máquina perfecta de organización que es la ANC había organizado un concierto.

Ambiente en la plaza de Sant Jaume tras la activación del 155. (R. M.)
Ambiente en la plaza de Sant Jaume tras la activación del 155. (R. M.)

Pese a la insistencia de los manifestantes, la bandera española siguió ondeando de la Generalitat y Puigdemont nunca salió al balcón a dar la buena nueva -lo que habría ensombrecido aún más sus ya lúgubres perspectivas penales-. Así que la cosa derivó en unas fiestas de barrio: música gratis, lateros asiáticos vendiendo cerveza, fuegos artificiales y gente joven que para eso es viernes y para muchos se abre una nueva era.

"Ahora, a parar los golpes"

Es difícil saber cuál es el manual para declarar la independencia de un país. Qué hacer, qué decir. A las puertas del Parlament, unos 10.000 secesionistas seguían en la calle la sesión que votó la independencia de Cataluña. Cada voto por el 'sí' se coreaba con un 'oe' y un abucheo a los pocos 'noes'. Cuando al fin Carme Forcadell dio la buena nueva, la calle estalló: saltos, gritos, aplausos, abrazos y ojos empañados. "¡Ahora sí!".

Desde primera hora, independentistas se fueron concentrando ante el Parlament. No había tanta gente como el 1-O, cuando Puigdemont hizo amago de proclamar la república, pero entonces era por la tarde y ahora un día laborable. Difícil comparar.

Muchos eran los mismos que entonces. Cuando Forcadell iba llamado a los diputados a la votación secreta, se veía quiénes eran los favoritos de la concentración nacionalista: Anna Gabriel, Oriol Junqueras, Forcadell y hasta Albano Dante Fachín eran coreados mientras que Albiol o Iceta eran abucheados.

En cuanto terminó, y ya con la república catalana proclamada desde el Parlament, la mayor parte de la gente se fue. Una riada humana enfiló hacia el arco del triunfo. Daba la impresión de que la mayoría sabía que esto no era el fin de nada, sino un punto y seguido.

Félix, de 70 años, pensó que nunca vería algo así. Lleva una gorra con la estelada y una pegatina roja de democracia sobre el polo azul. No es de los que más merchandising 'indepe' luce. "Estoy eufórico. Vivo a 50 kilómetros al norte de Barcelona y he venido para esto. Estuve el otro día cuando Puigdemont la suspendió. Hoy, mucho mejor".

Félix explica que él era federalista, pero que como tantos otros en unos años ha hecho el viaje al independentismo. "Ya creo que es todo o nada". Pero es consciente de que esto no acaba aquí: "Esto es un paso. Ahora habrá problemas, sus más y sus menos, pero lo resolveremos los de casa. Habrá golpes y habrá que pararlos".

En esta situación de incertidumbre, en el que nadie es capaz de descartar la violencia, los independentistas más movilizados parecen dispuestos a dar la cara. "Habrá que defender las instituciones".

La mezcla de gente en la calle era total. Dos jóvenes tatuados hasta la cabeza, un hombre enchaquetado, una mujer con su bebé sujeto alrededor del pecho que se secaba las lágrimas… Todos cantaban Els Segadors. Lo que para la mitad de Cataluña era un momento sombrío, lo que mucha gente en España vivió con miedo, aquí fue una fiesta.

Josefina Díaz está radiante, dice sentirse "muy emocionada y contenta". "Jamás hubiera dicho que iba a vivir esto. Ahora esperamos que nos den una oportunidad y nos dejen crecer como país". Como otros, se fue pronto a casa a reservar fuerzas. "Esto no se acaba aquí. Llevamos desde el 20-S en la calle y habrá que seguir. Contamos con ello".

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