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la otra orilla del 'procés'

Constitucionalistas en Cataluña: "¡Somos el ejército de Pancho Villa!"

Los no independentistas catalanes intentan replicar las estructuras de ANC, pero son mucho más heterogéneos y viven con muchas más dificultades para expresarse

Foto: Manifestación constitucionalista en Barcelona.
Manifestación constitucionalista en Barcelona.

La comitiva circular con banderas españolas que se va formando en la plaza de Francesc Macià un miércoles de lluvia huracanada —y mientras juega el Barça un partido de Champions— es un ejemplo vivo de lo que les sucede a los constitucionalistas en Cataluña: se organizan mal, son muy heterogéneos, les cuesta identificarse los unos con los otros y además tienen miedo en sus entornos laborales. “Somos como el ejército de Pancho Villa”, dice la abogada Montserrat Joan mientras se refugia bajo un paraguas del diluvio universal y unos chicos jóvenes se acercan a gritarnos en la cara que ellos son españoles, españoles, españoles.

Los independentistas están muy organizados y van todos a una; además, juegan a favor de corriente”, es el resumen que cualquiera de las personas consultadas que tratan de articular algo parecido desde el otro lado de "la trinchera". “Ellos son como zombis, controlan a la perfección cada acción y funcionan como un solo cuerpo”, insisten al mostrar las diferencias entre unos y otros. Para el portavoz de una de estas organizaciones, “ellos también tienen sensibilidades de todo tipo, pero saben actuar al unísono”. Y eso es algo que por definición no les suele suceder a los que se articulan porque están en contra de algo pero cada uno está a favor de cosas diferentes.

Joan dice que al poner en redes sociales sus ideas, ha perdido decenas de amigos, "algunos con algún mensaje desagradable previo al bloqueo"

Sergio Fidalgo, editor de 'elcatalan.es', cree que los independentistas juegan “a favor de la corriente, son lo bien visto”, y eso les da unas posibilidades de visibilización y expresión de la que carecen los escépticos con el proceso. “Habría muchas personas que podrían contar cómo lo están flipando, pero les daría problemas en el trabajo o incluso en el entorno familiar, no les merece la pena”, subraya Joan, que cree que esa es una de las principales claves “de la batalla”. Y no solo en los entornos de funcionarios, en los que la presión nacionalista es evidente, sino también en cualquier negocio (para muestra, señalar que en Barcelona hay muchas ventanas de edificios de oficinas con esteladas y casi ninguna con banderas españolas). Joan relata que al poner en sus redes sociales la convocatoria a la manifestación, ha perdido decenas de amigos, "algunos con algún mensaje desagradable previo al bloqueo".

El presidente de Sociedad Civil Catalana (SCC), Mariano Gomá.
El presidente de Sociedad Civil Catalana (SCC), Mariano Gomá.

“Si se fijan, hasta desde otros sitios de España se compra de manera inconsciente que Cataluña es un solo cuerpo y tiene un solo discurso, así se dice lo de ‘desde Cataluña lo ven’ y ese tipo de expresiones que sin querer nos excluyen a los demás”, puntualiza Fidalgo. Precisamente por eso, las antiguas organizaciones 'españolistas' han perdido peso y han dejado paso a una nueva forma de intentar organizarse: “Copiando las estructuras que llevan montando desde hace muchos años los independentistas”, precisa José Domingo, responsable de los grupos territoriales de Sociedad Civil Catalana. Esas estructuras a las que se refiere abarcan cualquier rincón de la realidad catalana: desde las peñas del Barça a las de bailes folclóricos.

Franquistas

Entre esas 'viejas asociaciones' está Concordia Cívica, liderada por la experta jurista del Parlamento Europeo Teresa Freixes, que también recuerda las dificultades principales que ha tenido el asociacionismo ligado a los valores constituciones: “Por un lado, nunca hemos tenido subvenciones, y, por otro, enseguida se nos tachaba de franquistas, aunque muchos vengamos de la lucha contra la dictadura e incluso de la cárcel”, recalca esta mujer, que también subraya: “El valor que hay que tener, sobre todo en los entornos laborales, ante un acoso permanente del oficialismo”. Sobre el acoso, Freixes recuerda una anécdota de hace pocos meses: quisieron poner un documental en la universidad y el sindicato de estudiantes ligado a la CUP los cercó de edificio en edificio hasta que tuvieron que huir por el tejado.

“El gran problema ha sido siempre el que no se nos identifique con la extrema derecha o con algún partido en concreto, esto nunca lo habíamos conseguido, aunque ahora Sociedad Civil Catalana lo está consiguiendo un poco más”, apunta Freixes. Una idea que también recoge la propia SCC, que se ha esforzado mucho por alejarse de los partidos y tiene gente de “todas las sensibilidades del eje izquierda-derecha”. “Es desagradable manifestarse junto a gente que se nota que es neonazi, sobre todo cuando somos 300 tipos solos y ellos son 100”, coincide uno de los manifestantes del pasado miércoles que prefiere no dar su nombre. A ese respecto, en este reportaje se han excluido a las organizaciones de extrema derecha porque no son representativas del constitucionalismo en Cataluña.

Quien ha perdido todo miedo a que lo identifiquen con "la España rancia" es Jaume Vives, un director de documentales y periodista que organiza extrañas 'funciones' desde un balcón en la calle Balmes con música de Manolo Escobar y todo tipo de parafernalia 'españolista', pero dándole una vuelta “con sentido del humor”. Vives es parte de ese entramado de gente que con imaginación va planteando respuestas al 'oficialismo' imperante.

Sociedad Civil está intentando replicar las estructuras de la ANC, pero "es complicado porque no tenemos ni subvenciones ni facilidades"

En ese sentido, la nueva organización de SCC calca en cierta manera a la de ANC, y ahora incluye sectoriales que abarcan desde sindicalistas a inmigrantes, pasando por sanitarios. “Aunque queramos tener sus estructuras es complicado, porque no tenemos facilidades para movilizarnos. De hecho, ellos tienen muchos liberados a sueldo y subvenciones, y yo ahora mismo estoy trabajando en lo mío, de abogado, y atendiendo a llamadas", explica José Domingo. Desde el ámbito de la salud, un veterano traumatólogo de uno de los grandes hospitales de Barcelona razona con mucha mesura que "el catalanismo normal ya no razona y si razona, ya no le escuchan. Yo ya prefiero no decir nada".

El periodista Jaume Vives. (EFE)
El periodista Jaume Vives. (EFE)


Este abanico sectorial también incluye otras asociaciones, como Clac, para el mundo de la cultura, la de empresarios que lidera Josep Bou, o el Pi i Margall, de periodistas que denuncian la “continua manipulación de los medios públicos catalanes”. Su presidente de honor es el célebre periodista deportivo Tomás Guasch, que explica que su fundación “fue una necesidad perentoria porque también hay que estar en la batalla de las ideas y demostrar que se existe, que no todos piensan igual”. Para él, la muestra de los problemas en Cataluña es “una sociedad en la que todos los periódicos salen con un editorial común, como si fuera el NO-DO (...). Eso no es periodismo, es otra cosa”. Lo que pasa en Cataluña "es una vergüenza democrática y hay que estar para denunciarlo", concluye Guasch.

Un solo bando

Precisamente es un periodista que prefiere no dar su nombre (del mismo modo que hay muchos abogados, economistas o historiadores) quien pone un triste resumen: “Es mejor ya no hablar de estas cosas porque ni se entienden los matices ni se van a querer entender. Aquí ya solo hay un bando y un montón de gente flipando al otro lado”.

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