La ANC convocará movilizaciones de apoyo

Puigdemont y Junqueras se preparan para rebelarse y no acatar el artículo 155

La suspensión de la autonomía se limitará a 'consellerias' concretas y los planes de Pugidemont y sus 'consellers' son atrincherarse en sus sedes sin reconocer al Gobierno

Foto:  El presidente de la Generalitat Carles Puigdemont (d) y el vicepresidente Oriol Junqueras (i) en el Parlament. (EFE)
El presidente de la Generalitat Carles Puigdemont (d) y el vicepresidente Oriol Junqueras (i) en el Parlament. (EFE)

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y su vicepresidente, Oriol Junqueras, están listos para negarse a acatar el artículo 155 de la Constitución, según explican fuentes de la administración catalana y de Junts pel Sí. Lo mismo vale para el resto de órganos públicos afectados por la suspensión del autogobierno en Cataluña: lo que incluye el Parlament, TV3 y otras 'conselleries' que quedarán sujetas a este mandato, como las de Interior (Mossos d’Esquadra) o Presidencia.

La suspensión de la autonomía se limitará a 'conselleries' concretas y los planes de Pugidemont y sus 'consellers' son atrincherarse en sus sedes, declararse en rebeldía y no acatar lo que dictamine el Gobierno desde Madrid. Para llegar a este punto y dotarse de legitimidad para ello, el Parlament convocará un pleno la semana que viene en el que declararán, ahora sí, la independencia. La Mesa del Parlament, encabezada por su presidenta Carme Forcadell, lo hará presumiblemente este lunes, cuando se fijará la fecha definitiva: muy pendientes de cuando se celebre la reunión del Senado para dar luz verde al 155.

Pero la épica independentista se reserva no para ese día, cuya fecha todavía está por determinar, sino para la resistencia a la suspensión de la autonomía, que esperan que se vea facilitada por los problemas para implementar el artículo 155, algo sobre lo que no hay tradición alguna en España.

Para ello, la ANC y Òmnium convocarán movilizaciones pacíficas que pretenden bloquear el acceso a las 'conselleries' o edificios donde los actuales representantes del independentismo pretenden hacerse fuertes. Un atrincheramiento físico para que las fuerzas del orden no puedan detener a los responsables políticos que se hayan declarado en rebeldía y para que no se pueda tomar posesión del poder en la Generalitat.

Concentración en la avenida de la Diagonal de Barcelona convocada por Òmnium Cultural y la ANC para pedir la libertad de sus líderes. (EFE)
Concentración en la avenida de la Diagonal de Barcelona convocada por Òmnium Cultural y la ANC para pedir la libertad de sus líderes. (EFE)

Esto incluye, además de los departamentos afectados, el Palau de la Generalitat y el Parlament, puesto que en la aplicación del artículo 155 se piensa incluir la disolución de la cámara catalana para convocar elecciones para el próximo mes de enero. Por tanto, para la ANC supondrá una movilización sin precedentes de miles personas, dispersas entre varias ubicaciones estratégicas y que, también, deberán estar movilizadas durante varios días para mostrar al mundo el pulso al Estado español.

Forzar la represión

La línea dura del 'sanedrín' que asesora a Puigdemont, sectores de ERC y la CUP quieren imagen de martirio, sobre todo porque creen que eso les refuerza ante su base social y ante la prensa internacional. El precio es muy alto, porque eso supondrá que tanto Puigdemont como Junqueras o los 'consellers' Joaquim Forn (Interior) o Jordi Turull (Presidencia) acabarían detenidos, no por lo que hubiesen hecho el 1-O, sino por declararse en rebeldía ante la suspensión de la autonomía que prevé la Constitución.

Las detenciones del 'president' y de una parte de sus 'consellers' es un precio muy alto para el independentismo pero se ve como la única salida

Para el independentismo, resulta un precio carísimo pero para muchos necesario, llegados a este punto del conflicto, sin encontrar otra solución que permita a los soberanistas salvar los muebles.

Poco entusiasmo

Sin embargo, Puigdemont y los suyos están más bien poco entusiasmados ante la perspectiva. En Palau esperaban que el último párrafo de su carta al presidente español, Mariano Rajoy, en el que reconocía que no habían declarado la independencia el 10 de octubre, sirviera para abrir una vía de diálogo con el presidente catalán. “Finalmente, si el Gobierno del Estado persiste en impedir el diálogo y continuar la represión, el Parlament de Cataluña podrá proceder, si lo estima oportuno, a votar la declaración formal de la independencia que no votó el día 10 de octubre”.

No fue así. Aunque el reconocimiento era obvio pesó más el tono de amenaza. En Palau causó desazón que Rajoy contestase diez minutos después de que se hiciese pública la misiva de Puigdemont, como si la réplica ya hubiera estado redactada de antemano. Entonces quedó claro que la única alternativa para Carles Puigdemont y los suyos era el martirio.

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