GRÀCIA APUESTA POR SEGUIR INCLUSO SI HAY UN 'NO'

El barrio más 'indepe' de Barcelona: "Si Puigdemont nos traiciona, desobediencia"

Barcelona afronta el fin de semana crucial para el 'procés' con la respiración contenida. El lunes expira el plazo para que el 'president' Puigdemont responda al Gobierno

Foto: Una 'estelada' preside la Plaça del Diamant en Grácia (A.P).
Una 'estelada' preside la Plaça del Diamant en Grácia (A.P).

Barcelona afronta el fin de semana crucial para el 'procés' con la respiración contenida. El lunes expira el plazo para que el 'president' Puigdemont responda al requerimiento del Gobierno acerca de si declaró o no la independencia de Cataluña el pasado 10 de octubre, y a pie de calle todos saben que cualquiera de las respuestas, e incluso la ausencia de la misma, desencadenará acotencimientos en la ciudad. Si Puigdemont responde "sí", el Gobierno activará el 155 y nadie sabe qué sucederá entonces.

Sin embargo, empieza a crecer en la ciudad el sentimiento, impulsado por la CUP, de que no importa lo que responda el 'president', porque el proceso seguirá adelante con o sin él. Con o sin el Govern, en realidad. Uno de los mejores ejemplos es la Vila de Gràcia, al sur de Parc Güell, un bastión independentista donde las 'estelades' se sienten tan propias del paisaje como los árboles o los turistas y ha convertido a PP, PSC y Ciutadans en minoritarios. En las últimas elecciones, sumando los votos de Junts pel Sí y la CUP, seis de cada diez vecinos del barrio apoyaron opciones independentistas. Fue mucho antes del 1-O y la posterior ola de indignación por la actuación policial.

Votos independentistas en las elecciones de noviembre de 2015. (CartoDB)
Votos independentistas en las elecciones de noviembre de 2015. (CartoDB)

Gràcia es, en cierto modo, un pueblo de 50.000 habitantes incrustado en una gran ciudad. Un pueblo con las calles en damero, como el Eixample, pero sin sus grandes avenidas, y varias placitas donde los vecinos de toda la vida conviven con modernos de variado pelaje en aparente armonía. Hay tiendas de tatuajes, barberías y ese tipo de negocios que proliferan en los 'barrios instagram', como Dalston en Londres o Lavapiés en Madrid, con una salvedad: no puedes pasear cinco minutos sin encontrarte de frente con una alusión a la independencia.

Las asambleas vecinales están dispuestas a seguir hasta obtener la independencia

Las paredes están empapeladas de carteles rojos que dicen "Sense desobediencia no hi ha independecia", una llamada al desacato que se toma con mucha naturalidad en el barrio. Mientras fotografío uno, en un cubo de basura, una mujer espera paciente con la bolsa a que termine. "Están por todo el barrio, los puedes encontrar más bonitos", me dice. Se llama Adela, tiene 53 años y trabaja como comercial en una aseguradora médica. Siempre ha vivido en Gràcia. Me señala el fondo de la plaza, donde hay pintada una 'estelada' gigante en el acceso del ascensor de un aparcamiento subterráneo, en la Plaça de la Revolució: "Y ahí tienes más parafernalia para hacer fotos, cada día nos pintan algo nuevo", dice. No obstante, aunque se confiesa votante de En Comú Podem, apoya la secesión: "Hemos llegado hasta aquí y seguiremos aunque Puigdemont se eche atrás. Yo no quiero que se negocie un estado federal, casi nadie en el barrio quiere. No sé si hace falta llenarlo todo de carteles y banderas para que la gente se dé cuenta, en fin", lamenta.

Gràcia es un distrito con tradición progresista y un tejido asociativo fuera de lo común. La que más peso político tiene es Endevant, a la que pertenece la diputada Anna Gabriel, una asociación marxista que, en la línea de la CUP, considera que Puigdemont les ha dejado tirados. "Solo te diré una cosa: si Puigdemont nos traiciona, o nos termina de traicionar, desobedeceremos a este y a los gobiernos que vengan", afirma un treintañero en la Plaça de la Vila, debajo de la Torre del Reloj, donde el jueves por la noche se reunieron decenas de vecinos en asamblea para aúnar fuerzas. Los reunidos, erigidos en el Comité de Defensa del Referéndum, decidieron continuar pase lo que pase hasta alcanzar la República Catalana.

Aunque el mensaje es radical, de desobediencia a las autoridades, la rebelión de Gràcia es muy tranquila. Las de los bares terrazas están a rebosar y los turistas corren en cueros porque la zona ha ganado fama internacional en materia de despedida de solteros. Mientras unos australianos corren en calzoncillos por la plaza, Montse, una vecina de 39 años, controla a sus hijos, que juegan al fútbol en la Plaça de la Vila. "¿Sabes lo que dicen en Barcelona de nosotros, no?, explica. "Que en Gràcia somos lo que más de Barcelona en todo. Si interesa el feminismo, somos los más feministas. Si interesa el independentismo, los más independentistas", dice la barcelonesa entre risas. "Ahora más en serio, la sensibilidad de Gràcia es distinta con respecto a otros barrios. Por estas calles paseaban las parejas de lesbianas cuando eso no se veía más que en Suecia", sostiene, "así que es importante lo que sucede en el barrio, porque la historia nos dice que los demás distritos suelen venir después".

En cualquier caso, apunta el relato de varios vecinos, el barrio da por sentada la independencia, si bien no las formas. Montse discute cada día con su marido y su hermano en casa, ambos partidarios de una desconexión radical y ajenas a las autoridades, "ciudadana", dice, pero ella aboga por el consenso: "Yo llevo cantándole a mi familia eso del 'Despacito, suave, suavecito', para que entiendan que no se puede ser tan bestia, pero cada vez hay más gente que piensa como ellos en Gràcia, que ve cerca un objetivo de muchos años y se quiere lanzar de cabeza. Sinceramente, espero que si la independencia sale adelante, y estoy convencida, se haga bien, pactada, y si no mejor guardarnos la ocasión para cuando pueda hacerse".

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