BARCELONA en la jornada del 3-O

Persianas que suben y bajan, taxistas con esteladas y turistas asustados durante el 3-O

Los pequeños locales cierran masivamente, pero las grandes cadenas y las tiendas regentadas por extranjeros siguen abiertas y siguen con preocupación las marchas callejeras

Foto: Manifestantes marchan frente a una cafetería a medio cerrar con clientes dentro. (David Brunat)
Manifestantes marchan frente a una cafetería a medio cerrar con clientes dentro. (David Brunat)

Una traca de petardos interrumpe el hilo musical de la sección de cosmética de El Corte Inglés. Al fondo, una pareja de turistas asiáticos prueba colonias mientras los empleados cuchichean en corrillos. Están inquietos porque la marcha del sindicato anarquista de la CGT se acerca ya por Puerta del Ángel. "Aquí no ha hecho nadie huelga. Algunos a lo mejor habrían querido pero es que a nosotros nos quitan el salario, no es como los profesores", dice una empleada. La protesta de la CGT se acerca por un costado y pasa de largo durante el 3-O.

De las tiendas de enfrente, con las persianas echadas a medias, asoman cabezas. Dos empleadas de Prosegur que dan cobertura a una tienda de Movistar salen corriendo y se encierran en el interior del local. Los manifestantes pasan de largo, cantando consignas pero sin increpar a nadie. Hay un furgón de Mossos al final de la calle y se ve lo nunca visto: un corrillo de anarquistas aclamándo a los "maderos buenos". "¡Esta sí es nuestra policía!".

Todos los edificios públicos han respetado el parón. (D.B.)
Todos los edificios públicos han respetado el parón. (D.B.)

En el centro de Barcelona la jornada ha empezado con mucha tensión pero sin violencia. La Guardia Urbana y los Mossos acordonan las calles, cortan el tráfico y responden las preguntas de los turistas, algunos visiblemente asustados. Dos señoras americanas aceleran el paso para meterse en su hotel en Las Ramblas. "Tenemos miedo de que pase algo".

Han cerrado mayoritariamente los pequeños comercios. Y han abierto muchas cadenas, bastantes hosteleros y las tiendas regentadas por inmigrantes. Un bazar paquistaní permanece de par en par pero con las esteladas bien visibles. En la cafetería de al lado, la gente entra agachándose para sortear el cierre, a medio bajar. "Han venido varias veces a decir que cerremos, de manera pacífica. Voy a seguir abierto un rato y luego a ver qué pasa. Si se pone la cosa fea, echo el cierre y me voy a mi casa", dice el dueño. Uno de los pocos taxistas que circula en las calles ha colocado en el techo del vehículo la bandera estelada.

Los turistas circulan por Barcelona en mitad de las protestas. (D.B.)
Los turistas circulan por Barcelona en mitad de las protestas. (D.B.)

En una de las calles aledañas a La Rambla, una mujer latinoamericana llora detrás del mostrador. Dice que han venido a gritarle que cierre y que no lo quiere hacer. "A mí todo esto me da igual. No me han amenazado pero han sido muy desagradables. Es mi tienda y la abro cuando quiero, yo necesito el dinero y que vengan los turistas", dice. Las marchas, desordenadas, suben y bajan por los alrededores de Plaza Cataluña cantando y agitando las banderas. Entre los grupos hay cierta obsesión por descubrir a agentes infiltrados de la policía y a periodistas españoles. "Prensa española, manipuladora", se ha convertido en uno de los gritos más frecuentes.

Un souvenir permanece abierto ante el paso de los manifestantes. (D.B.)
Un souvenir permanece abierto ante el paso de los manifestantes. (D.B.)

Souvenirs y esteladas

Souhaib observa desde su tienda de souvenirs, junto una camiseta de la selección española con el nombre de Iniesta, cómo los estudiantes marchan y gritan consignas. Es uno de los escasos negocios abiertos de su calle, pero nadie le dice nada. Al contrario, hoy está haciendo negocio gracias estos chicos. “He vendido muchas banderas de Cataluña”, afirma. “Tendré todo el día abierto, pero si alguien me dice que cierre o tengo algún problema, cerraré”.

A Alí, cocinero de un establecimiento de kebabs, ya le han entrado a decir que eche el cierre. Ha conseguido que le dejen seguir abierto a cambio de retirar el cartel de la entrada. “Eran unos cuantos chicos, se han portado bien. Entiendo que la gente esté enfadada con lo que pasó el domingo. Pero yo no puedo no venir a trabajar y no cobrar hoy”, señala. El local está vacío. Pero es mitad mitad de mañana y es lógico que a nadie le apetezca todavía comer una brocheta.

Alí ha tenido que quitar el cartel de la puerta pero no le han hecho cerrar. (D.B.)
Alí ha tenido que quitar el cartel de la puerta pero no le han hecho cerrar. (D.B.)

Entre los trabajadores de tiendas dedicadas al turista que hoy tienen orden de abrir cierres y trabajar, también hay ejemplos de resistencia. Lunuch lo cuenta apostada en la puerta de su cadena de cosméticos. “Nuestro trabajo consiste en salir a la calle e invitar a la gente a entrar y conocer nuestros productos. Pero si yo me quedo aquí de pie y no busco clientes, no entra nadie”. En efecto, el interior del local está vacío y los tres empleados andan de brazos cruzados. Lunuch argumenta así no haberse quedado en casa si tan convencida está de la huelga. “He venido por mis compañeros, no para cobrar la jornada. No los podía dejar solos”.

Las universidades han respetado totalmente el parón laboral. (D.B.)
Las universidades han respetado totalmente el parón laboral. (D.B.)

Con el paso de los manifestantes, Lasha duda. Tiene el cierre a medio bajar. Tiene bastantes clientes, todos turistas, y no quiere jaleo. “Cerraremos a mediodía. Quería abrir por la mañana porque es cuando más clientes tenemos, pero esta tarde cerramos y así apoyamos también la protesta”. En las horas del desayuno, su cafetería, Prado de Flores, factura unos 200 euros. “La mayoría son cafés y bollos, no facturamos tanto como con lo menús de mediodía”. El encargado admite que, con lo que ha ingresado estas pocas horas, al menos ha cubierto los gastos de personal de hoy.

En la tienda Typographia, dedicada a las camisetas de diseño, lo tienen claro. “La empresa es portuguesa y no siente que deba cerrar. Estaremos todo el día trabajando, pero si nos obligan a cerrar lo haremos”, explica Valeria, la encargada. Aunque admite: “En días como estos lo ideal es no abrir para evitar problemas”.

Tienda abierta de Typographia en el centro del Barcelona. (D.B.)
Tienda abierta de Typographia en el centro del Barcelona. (D.B.)

Cerrado en la periferia obrera

En Santa Coloma de Gramanet (120.000 habitantes en el cinturón de Barcelona) también hay multitud de comercios cerrados. A pesar de que (como las demás zonas trabajadoras) apenas hay movilización por la independencia, el seguimiento del paro ha sido notable. Algunos comercios están cerrados, e incluso supermercados como Caprabo, del grupo Eroski, o La Sirena han dado el día libre.

Alfonso atiende una ferretería en el centro. Sentado en una silla en la calle vigila el negocio, ahora sin clientes. Tiene la persiana a medio echar. "Vinieron esta mañana a pedirnos que cerrásemos pero no hubo problema. Ahora lo tenemos así por si hay que cerrar". Señalando los negocios abiertos a su alrededor dice que "la ferretería es de un paquistaní, el bar es de un chino y eso otro también de un paquistaní. Los catalanes sí han cerrado. Pero aquí el negocio lleva dos meses y no podemos prescindir de los 400 euros de caja". En una tienda de ordenadores también a medio abrir se monta rápidamente una tertulia: "Yo soy autónomo. No es como los funcionarios, que hoy les pagan aunque no trabajen. Así cualquiera hace huelga".

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