la fiesta del recuento quedó deslucida

2.262.424 votos y un 90% de síes... "Y ahora, huelga general"

La misma plaza que los Mossos desalojaron violentamente en 2015 celebró la inminente declaración de independencia antes de que hubiera resultados del 1-O

Foto: Cientos de personas se congregaron la noche del domingo en la plaza de Cataluña. (EFE)
Cientos de personas se congregaron la noche del domingo en la plaza de Cataluña. (EFE)

El movimiento independentista ganó ayer la batalla de la imagen, probablemente la más importante que se jugaba en el referéndum ilegal del 1-O. Sin garantías y sin reconocimiento internacional posible, era muy importante la foto que quedara de este día. Y la imagen fue la de los golpes de la Policía Nacional y la Guardia Civil. La prensa internacional cargó las tintas contra el Gobierno de Rajoy y destacó la cifra de heridos (844). Además, según los organizadores, votaron 2.262.424 personas (mucho menos de la mitad del censo catalán, que es de 5.316.000), con un total de 2.020.144 votos a favor del sí (90%, según los organizadores) y 176.566 noes (7,8%), y el camino está despejado hacia la independencia. Parecería que todo había salido bien.

Sin embargo, las cargas, que provocaron cientos de heridos, y las numerosísimas dudas sobre el sistema del referéndum —con gente votando varias veces, la opacidad en el recuento, el censo universal, el recuento a mano…— dejaron un ambiente decaído en la plaza de Cataluña, que de noche acogió una fiesta del sí que quedó deslucida. Por la tarde, mucha gente estaba con lágrimas en los ojos —o al menos los tenían humedecidos— y en las pantallas gigantes se proyectaba TV3 como si fuera un partido de fútbol.

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2.262.424 votos y un 90% de síes... "Y ahora, huelga general"

La plaza, la misma que los Mossos desalojaron violentamente en los días del 15-M —gran contraste con su actuación estos días—, estaba con mucha gente pero no llena. Los jóvenes independentistas aplaudían cada vez que salían los Mossos —es de suponer que son de una generación posterior a los que cobraron del cuerpo autonómico en 2011 o que pasaron de viejas rencillas—. Los chicos comenzaron la tarde sentados en el suelo y con banderas del sí a la espalda y esteladas. El día había sido muy largo para todos. Cuando TV3 emitió la comparecencia de Rajoy, los asistentes pitaron y pitaron, especialmente cuando el presidente aplaudió el trabajo de la Policía. “Este señor no ve las noticias”, comentaba un chaval. “Yo creo que se acaba de levantar”, dijo otro. Rajoy les parecía noqueado.

Obviamente, no era un público neutral e interrumpía con gritos de independencia constantemente. Tanto, que algunos pedían silencio para poder escuchar a Rajoy. Cuando el presidente del Gobierno decía que apostaba por el diálogo, abucheo. Si decía que defendía la nación española, gritos.

La televisión emitía las distintas comparecencias y cambiaba el termómetro de la plaza. Indiferencia ante el socialista Pedro Sánchez y grandes abucheos a Albert Rivera (Ciudadanos) y Xavier García Albiol (PP). En aquel momento, los organizadores ya habían repartido decenas de banderas a favor del sí.

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El momento más emotivo llegó cuando TV3 conectó con la concentración de la Puerta del Sol de Madrid a favor del derecho a decidir. El presentador de TV3 destacó que había mucha más gente que los que habían cantado el cara al sol el día anterior en Cibeles (en una imagen que en Cataluña ha circulado hasta el infinito) y que era bien recibido en Madrid pese a llevar un micrófono de la televisión pública catalana (que clarísimamente se ha posicionado a favor del referéndum ilegal).

Jordi Cuixart y Jordi Sánchez, líderes de Òmnium y la ANC, las entidades que con una organización fabulosa han movido los hilos tras el referéndum, subieron al escenario sobre las 10 de la noche. Alcanzar a comprender el poder de la ANC y Òmnium fuera de Cataluña es difícil. Un ejemplo: cuando el 20 de septiembre la Guardia Civil comenzó a registrar la sede de la Consejería de Economía, los manifestantes comenzaron a manifestarse a las nueve ante el edificio y a las nueve y media ya había voluntarios de Òmnium con fardos repartiendo carteles de 'Democracia', uno de los simples y efectivos lemas del referéndum. ANC y Òmnium están en el punto de mira de la Fiscalía por aquellos sucesos, que el ministerio público considera que supusieron una sedición porque hubo tumultos.

El presidente de la ANC, Jordi Sánchez (i), y el presidente de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart. (EFE)
El presidente de la ANC, Jordi Sánchez (i), y el presidente de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart. (EFE)

Sánchez, que la víspera anunció que se conformaba con que votaran un millón de personas, declaró a gritos sentirse contento de haberse equivocado. “Hemos salido millones”, clamó. En ese momento no había recuento oficial, pero qué más daba. La ANC ha sido 'de facto' la organizadora del referéndum. Suyos eran muchos de los interventores y de los voluntarios. Suyos eran muchos de los que contaron los votos en secreto en los colegios en los que se cumplió todo el día. Sánchez pronosticó: “Seremos ciudadanos dignos de este país y mantendremos la actitud cívica y pacífica”.

2.262.424 votos y un 90% de síes... "Y ahora, huelga general"

Cuixart apeló a la valentía de aquellos que, como pidió la Generalitat, habían seguido acudiendo a votar a pesar de los golpes —“eso no hay que verlo, hay que vivirlo”—, y aseguró que habían dado un ejemplo al mundo. Según su versión, todo había ido perfectamente, mejor de lo previsto, y aseguró que eso allanaba el camino a la declaración unilateral de independencia en 48 horas. Como aperitivo, reclamó una huelga general en 48 horas. Comenzando por paros el lunes. “Todos y todas, a guardar fuerzas para estar el martes en la calle”, recomendó Cuixart.

Después se emitió la declaración de Puigdemont anunciando que en 48 horas llevaría los resultados al Parlament y un chico con una enorme estelada al cuello preguntaba a sus colegas si ya habían contado los votos. “¿No? Vaya. Es que las mesas han cerrado tarde”, razonó. Luego el público, ya más numeroso, cantó 'Els Segadors', que la megafonía emitía a todo volumen, y después 'L’Estaca', de Lluís Llach. La plaza al fin cantó y se vino arriba. Hubo, entonces sí, música de pachanga —una parodia de Melody con alusiones a la Guardia Civil incluida, otra sobre el barco de Piolín en lo que llamaron el “referéndum mix”—, que hacía ondear las esteladas y las banderas del movimiento corso. La independencia la ven cerca. En dos días y ya está.

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