Puigdemont: "Nos hemos ganado el derecho a tener un estado independiente"
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Puigdemont: "Nos hemos ganado el derecho a tener un estado independiente"

El Govern trasladará en los próximos días al Parlament los resultados de la votación del 1-O, para que, si el sí es mayoritario, se actúe según la ley de referéndum para proclamar la independencia

Foto: Puigdemont: "Nos hemos ganado el derecho a tener un estado independiente"
Puigdemont: "Nos hemos ganado el derecho a tener un estado independiente"

En una declaración institucional contundente, Puigdemont recalcó que “con esta jornada de esperanza y de padecimientos, los ciudadanos de Cataluña nos hemos ganado el derecho a tener un Estado independiente que se constituya en forma de República. En consecuencia, el Gobierno que presido trasladará en los próximos días al Parlamento de Cataluña sede y expresión de la soberanía de nuestro pueblo, los resultados de la jornada de hoy para que actúe de acuerdo con aquello previsto en la Ley del Referéndum.

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Fuentes de la ANC señalaron a El Confidencial que esa ley y la Ley de Transitoriedad Jurídica conforman la hoja de ruta del independentismo “y no hay razón para apartarse de ellas. En dos días, se ha de proclamar la República por el Parlamento catalán a petición del Govern y a poner en marcha el procedimiento establecido”. Ello supone ahora la apertura de un ‘proceso constituyente’ que durará, como mucho, seis meses, para convocar “elecciones constituyentes” que caerían a comienzos de la primavera del 2018. Para la ANC, “ése es un plazo razonable y políticamente asumible de transitoriedad”, mientras se va negociando con España el divorcio para repartir activos y pasivos.

Los resultados del referéndum son dudosos. La legitimidad democrática de una consulta en la que cada ciudadano podía votar más de una vez, en la que se metieron votos por decenas o centenas en urnas sin control alguno es lo de menos. Las actuaciones policiales para desalojar los colegios electorales son la nueva excusa para abominar el Estado español, más allá de que el resultado en números de votos sea más o menos fiable. Lo único cierto es que, movilizado sólo el electorado del sí, el porcentaje del no queda reducido a la mínima expresión. Lo malo es que tampoco es de fiar el cómputo final del total de votos por el descontrol censal y de recuento en los colegios, donde todos los intervinientes eran independentistas y en los que estaban ausentes los representantes de la mitad de la población de Cataluña.

Pero la realidad no frustra el titular positivista de Puigdemont. “Hoy, Cataluña ganó muchos referéndums”, proclamó en su mensaje institucional. “Nos hemos ganado el derecho a ser escuchados, a ser respetados y a ser reconocidos. Hoy, millones de personas movilizadas, haciendo frente a toda clase de dificultades y amenazas, habéis hablado alto y claro y habéis dirigido un mensaje al mundo: tenemos derecho a decidir nuestro futuro, tenemos derecho a la libertad y queremos vivir en paz, sin violencia y fuera de un Estado que es incapaz de proponer una sola razón convincente que no sea la imposición y el uso de la fuerza bruta”, añadió.

Se refirió en su declaración a las cargas policiales que dejaron más de 800 heridos y que “no han de quedar impunes” (de hecho, el consejero de Exteriores, Raül Romeva, ya anunció que pedirá a la UE que sancione al Estado español por esas cargas), calificando la actuación de Policía Nacional y de Guardia Civil de “injustificada, abusiva y grave violencia policial dictada por el Gobierno español”.

Apelación a la UE

Puigdemont manifestó también que “el Estado español escribió hoy una página vergonzosa en su historia de relación con Cataluña (…) A pesar de que estamos en la UE, a pesar de que estamos en pleno siglo XXI, el de la libertad de información y el de la globalización, la respuesta del Estado ha vuelto a ser la de siempre: violencia y represión. ¿Hasta cuándo? Hoy hemos dicho que esto se acabó”. Y todo ello, sin dejar el más mínimo resquicio a echar el freno o a reconsiderar nada: “El camino que hemos de recorrer (.,..) lo hemos de hacer abiertos a propuestas de diálogo que sirvan para respetar la voluntad de los catalanes y a las ofertas de mediación que lleguen para que todo este recorrido lo hagamos con la máxima eficacia posible”. O sea, para que esas propuestas de diálogo legitimen la consumada secesión.

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Para conseguir culminar la independencia, no obstante, le falta la pátina de legitimidad internacional y es ahí donde quiere apelar a Europa, consciente de que nada terminará bien si el mundo no le reconoce. Por eso, fiel al mandato de las entidades soberanistas y a los partidos secesionistas, culpa de la situación al Estado español. “La situación que se ha generado en Cataluña por la intransigencia y la represión, por la negación absoluta al reconocimiento de la realidad, por la hostilidad acreditada ante las demandas democráticas de los ciudadanos de nuestro país, ya no es un asunto interno. Es un asunto de interés europeo, que apela directamente a los valores fundacionales del espacio de paz, libertad, convivencia y democracia que hemos ido construyendo desde hace décadas y desde acentos muy diversos”.

Y apunta al corazón de Bruselas: “En este camino, he de hacer una apelación directa a Europa. Los catalanes nos hemos ganado el derecho a ser respetados en Europa. La UE no puede continuar mirando hacia otro lado. Somos ciudadanos europeos los que padecemos la vulneración de los derechos y libertades, violaciones directas de la carta europea de los Derechos Fundamentales. Conviene que la UE refuerce los valores fundacionales cuando éstos están en peligro por los abusos de un Estado que se comporta de manera autoritaria, es preciso que actúe con rapidez para mantener la autoridad moral dentro y fuera del continente cuando estos abusos escandalizan a los hombres y mujeres de bien de todo el mundo”.

Sólo tiene un inconveniente: sus socios de aventura, la CUP, tienen ya en el punto de mira su siguiente objetivo: salir de la Unión Europea. Habrá que ver cómo Puigdemont hace encajes de bolillo entre esas pretensiones y la mediación que él reclama.

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