Independencia de Cataluña: Hablan los nuevos charnegos: Se está incubando un odio que nunca ha existido . Noticias de Cataluña
el testimonio de los recién llegados

Hablan los nuevos 'charnegos': "Se está incubando un odio que nunca ha existido"

Los recién llegados representan una actitud, la del entendimiento, que pierde terreno. Conocen ambas realidades y ven cómo se alimenta la confrontación entre España y Cataluña

Foto: Carlos,  madrileño y publicista de 28 años, se trasladó a Barcelona por trabajo. (A.V.)
Carlos, madrileño y publicista de 28 años, se trasladó a Barcelona por trabajo. (A.V.)

Carlos lleva dos años y pico viviendo en Barcelona y dice que no sabe lo que significa la palabra “charnego”.

- “¿Me lo dices en serio? ¿No lo sabes?”

- “De verdad que no lo sé. ¿Es algo importante?”

Así que antes de empezar hay que aclarar un término cuyo significado polisémico vuelve a asomar estos días en el debate político y mediático. Incluso a pesar de haber perdido el sentido entre los propios aludidos. Porque en la calle apenas se usa.

La Real Academia Española lo admite como un “adjetivo despectivo” para los “inmigrantes en Cataluña procedentes de una región española de habla no catalana”. Para personas como Emilio, un ingeniero murciano de 33 años que lleva casi cuatro en Barcelona y quien tampoco maneja la palabra cotidianamente. “Nos lo decimos alguna vez, de broma, cuando estamos entre españoles. Pero poco más. Nunca me lo ha dicho nadie para ofenderme. Ni siquiera tengo muy claro si se refiere solo a los hijos de los andaluces y extremeños de los 60 o también al resto”.

Emilio, un ingeniero murciano que lleva casi cuatro años en Barcelona. (A.V.)
Emilio, un ingeniero murciano que lleva casi cuatro años en Barcelona. (A.V.)

Quienes han llegado en los últimos años procedentes de otros puntos de España tienen perfiles muy diferentes a los de la gran oleada migratoria de los años 60. Los trabajos mal pagados están ahora mayoritariamente en manos de inmigrantes extranjeros y los españoles hoy desembarcan con empleos cualificados o arrastrados por sus parejas. Tienen sus afectos divididos y representan una actitud, la del entendimiento entre dos extremos, que pierde terreno día a día. Conocen bien las dos realidades y sufren viendo cómo se alimenta la confrontación.

"Últimamente empezamos a notar más tensión en las conversaciones, en la calle, aunque no es nada grave”, cuenta Emilio

“Hemos ido observando cómo iba aumentado el sentimiento y últimamente empezamos a notar más tensión en las conversaciones, en la calle, aunque no es nada grave”, asegura Emilio. “Yo siempre he creído que debería hacerse un referéndum pactado en el que votase toda España, no solo Cataluña. No estoy de acuerdo con lo que está haciendo la Generalitat y doy mi opinión en voz alta. Estos días, por primera vez, empiezo a notar silencios incómodos cuando hablo. La cosa va a más, está claro. En las últimas semanas se ha hecho un poco sofocante, sin llegar a ser un drama”.

Carlos es publicista, tiene 28 años y nació en Pozuelo de Alarcón (Madrid). Su empresa le ofreció mudarse a Barcelona y no se lo pensó. “Me apetecía mucho. Es la única ciudad de España en la que me gustaría vivir además de Madrid. Yo aquí estoy muy cómodo, es un ambiente muy cosmopolita. Al principio lo veía para una temporada pero ahora me planteo quedarme. Cuando llegué tenía cierta precaución, creía que podría traerme problemas el ser madrileño, por el idioma, etcétera. Pero enseguida se me pasó. Noté que la gente incluso se esforzaba por hacerte ver que no hay ningún problema. Ahora entiendo catalán pero no lo hablo porque no tengo oportunidad. Todo el mundo se dirige a mi en español”, dice.

Carlos y Emilio prefieren posar de espaldas para las fotos y no aparecer hablando del tema con nombres y apellidos. A Sonia Pérez le da igual. Es terapeuta y llegó hace siete años, de Madrid. “Unos amigos me dijeron que me podía quedar en su casa mientras buscaba trabajo”, recuerda. El 9-N fue a votar y lo hizo con la papeleta del “no”. “Pero esta vez voy a votar que 'sí' aunque no quiera la independencia. Es un tirón de orejas a Madrid, que está haciendo las cosas mal. No reconocen los derechos de los catalanes y hay un recorte de derechos y libertades evidente”, dice.

"La realidad no se parece en nada al clima de hostilidad y tensión que escenifican los políticos y que se percibe en televisión", afirma Adrián

Carlos descarta ir a votar porque no se ha empadronado en Barcelona. “No me inscribí porque llegué pensando que me quedaría aquí muy poco tiempo. Pero de todos modos no sé si iría a votar. Y si lo hiciese, votaría por el no”. Emilio tiene una boda fuera de Barcelona el 1-O y no va a acudir tampoco, pero mantiene clara su postura. “Si estuviese, creo que iría y votaría que no. Pienso que es un trozo de mi país, además de que no sé qué podría pasar con los diez años cotizados que tengo en España. ¿Los pierdo? No es justo que el próximo murciano que quiera trabajar en Barcelona tenga que irse al extranjero".

Adrián, arquitecto toledano de 34 años, subraya algo en lo que están todos de acuerdo: la realidad no se parece en nada al clima de hostilidad y tensión que escenifican los políticos de ambos lados. “Mi vida no tiene nada que ver con lo que veo en televisión. En TV3 están todo el día sacando cosas de Intereconomía. Parece que todos los españoles somos así, cuando en realidad Intereconomía es el hazmereír de toda España y son unos frikis. Y también pasa al revés, parece que los catalanes nos odian cuando en realidad no es así. Y además el debate es interno porque la mitad están en contra de la independencia. Hay una convivencia normal. Yo en cinco años no he tenido ningún problema. Parece que se está incubando un odio que nunca ha existido, al menos antes no existía”, dice.

"Parece que los catalanes nos odian cuando en realidad la mitad están en contra de la independencia", dice Adrián

Sonia ilustra la sensación con un ejemplo reciente. “Tengo un sobrino de 16 años y se iba a venir a pasar unos días aquí este verano. Me llamó para decirme que le daba miedo por todo lo que estaba pasando y yo al principio no entendía de lo que me estaba hablando. Luego entendí que pensaba que ser español aquí te puede traer problemas. ¡Imagínate qué rabia! ¡Qué le habrán contado de Cataluña o habrá visto por televisión para pensar esto!”.

Adrián subraya que los recién llegados son los que más sufren la creciente división. "Estamos muy cansados porque te pasas el día discutiendo. Cuando voy a Toledo discuto con mi familia y mis amigos porque tienen una opinión sobre Cataluña que no es real y lo exageran todo. Y cuando vengo a Barcelona me enfado oyendo lo que dicen de España y de los españoles en conversaciones, en la televisión...".

Ninguno de los entrevistados se plantea marcharse por culpa del clima político, al menos por ahora. “No sé cuánto tiempo me voy a quedar aquí, pero ahora estoy muy a gusto”, dice Carlos. Y tampoco participan de la vida política o el activismo. “A veces me lo planteo pero no se me ocurre salir con una bandera de España, por ejemplo, porque eso aquí se interpreta como un acto fascista. La gente que toma partido en contra de la independencia en Barcelona tiene también actitudes muy vehementes y me tira para atrás”, concluye Emilio.

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