La diada más tranquila de los últimos años

Calma chicha en Cataluña: la consigna de Puigdemont funciona a la perfección

La estrategia del ‘Govern da resultado para defender que a pesar de la proximidad del referéndum en Cataluña se vive dentro de la más estricta normalidad

Foto: Erc en ofrenda floral de erc al monumento de Rafael Casanova. (EFE)
Erc en ofrenda floral de erc al monumento de Rafael Casanova. (EFE)

Calma chicha en Cataluña. La consigna del Gobierno catalán, apoyado por las entidades soberanistas está dando resultado: controlan la tensión en las calles al milímetro. De ahí que, en contraste con otros años, una extraña calma chicha se haya adueñado del ambiente de Cataluña. Para muestra, un botón: cada año, en las tradicionales ofrendas florales ante el monumento a Rafael Casanova (que realizan todas las instituciones, partidos, sindicatos y entidades a partir de las 9 de la mañana) se oyesen menos pitos y gritos que en cualquier otro año anterior.

El motivo de este silencio no es otro que el intento del ‘Govern’ y de las entidades independentistas de aparentar una normalidad que luego, en otros momentos, ellos mismos dinamitan. Sorprendió, por ello, la baja intensidad de las protestas de los radicales que siempre se arremolinan alrededor de la estatua de Casanova. De hecho, sólo cuando el PSC llegaba a depositar su ofrenda, a las 9.46 horas se oyeron algunos pitidos (muy pocos en comparación con otros años) y moderados gritos de ‘Votarem!’ (‘¡Votaremos!’). Fue casi un espejismo. Y la siguiente tanda de silbidos fue para la radical Plataforma per Catalunya (PxC), 40 minutos más tarde. Nunca los radicales habían estado tan comedidos.

Así pues, en la Diada que tendría que ser la más tensionada de la historia ocurre precisamente lo contrario. Nadie diría que esta fiesta tiene la importancia que el propio presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, le confirió en su discurso institucional sólo unas horas antes. Pero es cierto que tanto él como los principales responsables políticos independentistas han venido arengando las últimas semanas con la consigna de que todo debe parecer normal. Y no hay mayor normalidad que la ausencia de incidentes. Por no haber, este año no ha habido ni la más mínima salida de tono en todo el territorio catalán, al menos que haya trascendido.

En otras palabras, la estrategia del ‘Govern da resultado para defender que a pesar de la proximidad del referéndum en Cataluña se vive dentro de la más estricta normalidad. Y ello implica que ha de proyectar hacia el mundo la impresión de que lo único que hay es una ‘revolución de las sonrisas’, un movimiento casi lúdico más cercano al ‘haz el amor y no la guerra’ que a un pulso antidemocrático al Estado y a la legislación vigente.

Presión empezando por la familia

¿Se viste el lobo del independentismo con la piel de un cordero? Posiblemente. Pero los propios independentistas ofrecen una explicación: “No nos dejan otra salida. Ha habido casi una veintena de ofrecimientos al Gobierno español para que se sentase a hablar del tema del referéndum y el Gobierno español no se ha dignado a contestar a ninguna. Es más: ni siquiera puso encima de la mesa alguna alternativa. Por ello, estamos legitimados para intentar poner las urnas y votar”, dice a El Confidencial un veterano independentista que no es precisamente un neoconverso.

En este contexto, el mundo soberanista marcó una hoja de ruta radical pero con características especiales: habría de ser masivo, democrático y pacífico. Ante el referéndum del 1-O y un previsible aumento de tensión en las calles, a los independentistas les interesa más que nunca aparentar esa normalidad para incidir en que el Gobierno central quiere barrer a un movimiento pacífico. Y con esos ingredientes, afirman gratuitamente los secesionistas, el apoyo internacional está “asegurado”.

Un miembro señalado del independentismo admite a este semanario que “lo que no nos podrán negar es que este movimiento ha sido pacífico”. Pero también que “de nosotros depende que siga así y que lleguemos a buen puerto”. La consigna, añade, es que la presión social “se ha de efectuar partiendo del núcleo familiar. En mi familia somos más de 40 y presionamos para que los indecisos se decanten. Evidentemente, se trata sólo de una presión, si se quiere llamar así, psicológica. Pero eso es lo que deben hacer todos los independentistas. ¿Se imagina usted a dónde podemos llegar en participación si todos logramos que nuestras familias vayan a votar? Sería una victoria indiscutible. Por eso, habrá que esperar a ver qué tanto de participación hay en el referéndum, porque creemos que puede haber sorpresas”. Este dirigente independentista advierte que, si la estrategia tiene éxito, la participación puede superar el 60% del censo. “Se puede conseguir, aunque no es fácil”, enfatiza.

Esta escenificación contrasta con la de la oposición. Ciutadans, pòr ejemplo, que hoy celebró su propio acto en el Puerto de Barcelona, defendiendo sus tesis. “Nos plantean otra vez el octubre del 34. Entonces, fue un alzamiento contra la República y ahora es contra la Monarquía Constitucional. Es lo mismo. A los separatistas les da igual Monarquía que República que Constitución. Sólo quieren que dejemos de ser españoles. Y quieren volver a tener un cortijo como tenían los Pujol. Y tienen tanta prisa porque se están juzgando los casos de corrupción de Convergència. Las prisas por ser independientes son proporcionales a la celeridad de la justicia en casos de corrupción que afectan a Convergència. ¡Si hasta en la Ley de Transitoriedad o Ley de Fractura se prometen a sí mismos que luego amnistiarán a todos! Y cuando tengan su cortijo, le quietarán los delitos a Artur Mas y a los suyos. Pero no lo vamos a permitir”.

El ‘referéndum de Ikea’

Rivera calificó la consulta del 1 de octubre como “referéndum de Ikea, porque se lo montan ellos en casa, imprimiendo incluso la papeleta. Es un referéndum desplegable, imprimible. Por tanto, los demócratas no participaremos en fantochadas. Cualquier asociación de vecinos, cuando van a votar, lo hacen con más garantías democráticas. Que no nos engañen: no habrá referéndum. Hay que evitar el golpe a la democracia”. El líder de Ciutadans terminó clamando que “el problema del nacionalismo es que es contario a la democracia, porque o están con ellos o están contra ellos” y que “los populismos y los nacionalismos son el mayor peligro de la UE”.

Precisamente Rivera puso la diana en Podemos y Pablo Iglesias, a quien recriminó su “tremenda responsabilidad histórica, porque no se puede estar en misa y repicando, no se puede no apoyar un golpe a la democracia, pero luego apoyarlo. Nadie con esa papeleta puede aspirar a ser presidente de España”.

Iglesias, por su parte, que también ‘actuaba’ en un acto de Catalunya en Comú, se escapaba por la tangente y apoyaba el derecho a decidir y el referéndum. Aunque, eso sí, en un acto de un partido que no es el suyo. ¿Porqué Iglesias se va al acto del partido de Ada Colau (que sigue criticando al Gobierno central y que no pode urnas pero quiere “facilitar el voto el 1-O”) y no comparece en un acto de Podem Catalunya, donde el líder ‘podemita’ catalán, Albano Dante Fachín, quedó desangelado?. Quizá porque el de Colau atrae a más oyentes que el de Podemos. Y él quiere pescar en el río más grande. Si hemos de hacer caso de los gestos, se puede deducir que Podem Catalunya está

condenado a la más grande marginación en el panorama de la izquierda alternativa catalana, enfrentado a Podemos y a sus compañeros de coalición, los ecosocialistas de ICV, e incluso a los comunes de Colau.

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