Se escuda en no haber sido requerida por la Generalitat

Colau no pide el dictamen sobre las urnas y ERC la amenaza con aliarse con el PDeCAT

La alcaldesa tampoco ha convocado a la secretaría electoral, un órgano del Ayuntamiento de Barcelona que se coordina con la Junta Electoral, que opera en cada convocatoria electoral

Foto: El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. (EFE)

Ada Colau sigue sin solicitar al secretario del ayuntamiento el informe jurídico sobre qué debe hacer la autoridad de la capital catalana. La alcaldesa de Barcelona ha condicionado su apoyo al referéndum facilitando locales municipales para la votación a que no se ponga por ello en peligro a los funcionarios. Pero sin el informe del secretario del ayuntamiento se carece del dictamen jurídico al respecto.

Es más, a tres semanas de la consulta, como la Generalitat ha ido dilatando la convocatoria del denominado referéndum, la alcaldesa tampoco ha convocado a la secretaría electoral, un órgano del Ayuntamiento de Barcelona que se coordina con la Junta Electoral. Pero en el caso del 1-O, pese a su dimensión mediática, no ha sido convocado de forma legal y tampoco se ha configurado la Sindicatura Electoral, ya que su configuración depende de la ley del referéndum, que sigue sin aprobarse puesto que Parlament y Govern llevan semanas pasándose la pelota sin que ninguno se comprometa.

Fuentes municipales han explicado que creen que Colau ha evitado solicitar un informe legal al secretario del Ayuntamiento de Barcelona de forma deliberada, para seguir sin comprometerse ni con los independentistas ni con los defensores de la unidad de España. Mientras pasen los días y siga sin inclinarse por uno u otro lado, menos riesgos políticos tendrá que asumir. En especial, quiere evitar una inhabilitación por una causa que no es la suya.

No es casual. El partido de Colau no se ha decantado todavía. En realidad, está muy dividido entre algunos que quieren votar en el referéndum y otros que abogan por la abstención para no hacerle el juego al PDeCAT. Entre el 12 y el 14 de septiembre, el partido tiene que definir su postura. De manera oficial, los comunes siempre han calificado el 1-O como una movilización, por lo que vinculan su peso político a la participación. Pero eso despoja al acto del carácter vinculante del que quieren dotarlo los independentistas.

Participar sin apoyar

Una fórmula para contentar a todos sería participar sin apoyar. Es decir, Colau dejaría votar a los militantes que quisiesen pero no abriría los colegios, en línea con lo que ya hizo su predecesor en la alcaldía en el 9-N, el entonces convergente Xavier Trias, quien no abrió ni un solo colegio en 2014. Es decir, no corrió riesgo alguno de que le inhabilitasen.

Pero esto no contenta a los independentistas. Las presiones sobre Colau son muchas. Las mayores provienen de ERC. El partido de Oriol Junqueras ha advertido a Colau de que, si no se aviene a colaborar, articulará una especie de Junts per Barcelona, una candidatura de confluencia que uniría a PDeCAT y a los republicanos para desalojar a Colau de la alcaldía en las próximas municipales.

En cambio, si apoyase el referéndum, todo serían facilidades. Colau podría contar con ERC en el Gobierno municipal, lo que le permitiría incluso prescindir del actual apoyo del PSC y acabar la legislatura en plena placidez. ERC, en definitiva, le ofrece a Colau paz ahora si abre los colegios y guerra en las próximas municipales si se inhibe y deja que las cosas sigan su curso.

Problemas en otras ciudades

Barcelona no es la única ciudad en donde hay problemas para votar el próximo 1-O. Lleida, con alcalde socialista, también se niega a cooperar por la unilateralidad del evento. Igual que Tarragona, en la misma situación. Y muchos ayuntamientos del cinturón de Barcelona están igual. La apertura de los colegios dependerá de lo que disponga la Conselleria de Ensenyament o de lo movilizada que esté la ANC en esas urbes.

Pero para los independentistas Barcelona es clave para el 1-O. Por la cantidad de votantes —más de medio millón, según las previsiones de los organizadores— y por la visibilidad internacional. Por ello la presión sobre Colau es tan grande. La presión aumentará cuando Puigdemont convoque el referéndum, previsiblemente esta semana.

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