'El omar', 'el musa'… estaban integrados en el pueblo

El padre de dos de los yihadistas: "Hace 15 días apagaron el móvil y ya no supe de ellos"

El pueblo de Ripoll, al pie del Pirineo, vive con incredulidad que la célula yidahista saliera de allí: "A Ripoll lo llamamos la cuna de Cataluña, pero ahora parece la cuna del yihadismo"

Foto: Un calle de Ripoll (i) y el padre los dos terroristas. (R. Méndez)
Un calle de Ripoll (i) y el padre los dos terroristas. (R. Méndez)

El señor Hychami termina de liar el cigarrillo y vuelve despreocupadamente la bolsa para que la advertencia sanitaria con un hombre enfermo no quede a la vista. “No los he visto. Hace 15 días que apagaron los teléfonos y se fueron. Los he llamado 100 veces y no sé nada de ellos. Ni si están vivos o muertos”, explica hablando lentamente y saltando del francés al español. Habla de sus hijos Mohamed y Omar, dos de los señalados por la policía como responsables de los atentados de Barcelona. Su padre cuenta que comparte como todos los vecinos el estupor de ver que de este tranquilo pueblo en la falda del Pirineo salió la célula terrorista de Barcelona y Cambrils. Mohamed y Omar, de 24 y 21 años, están entre los terroristas abatidos en Cambrils por los Mossos.

Pero eso a esta hora de la tarde su padre no lo sabe. “La policía me ha dicho que no saben dónde están”. Sentado en un banco a las afueras del pueblo, Hychami viste una camisa blanca a cuadros levemente abierta por el cuello, un pantalón oscuro y sandalias. “Llegué aquí hace 23 años. Era un pueblo perfecto. Todos nos conocemos y nos llevamos bien”. Él trabaja en el monte, cortando madera. Cuando se le enseña en el móvil la nota policial con los que estaban en ese momento buscados por la policía señala a su hijo Mohamed. "Este es". Omar todavía no aparecía a esa hora.

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Ripoll no es el lugar en el que uno esperaría encontrar una célula yihadista. Entre sus 10.600 habitantes apenas hay paro. La industria metalúrgica y el turismo han sustituido a la textil que naufragó en los años 80. “Tenemos un 10% de inmigración. Y de esos, unos 500 serán magrebíes, pero están integrados”, explica el alcalde, Jordi Munell, militante de Convergència desde 1986. A la entrada del Ayuntamiento hay una gran 'estelada' que cuelga del balcón y que a veces se enreda con el viento. De algunas casas cuelgan carteles a favor del sí en el referéndum del 1-O. Las calles están cuidadas y limpias y tiene un monasterio románico de libro, aunque los vecinos se quejan del paso a nivel con barreras que interrumpe de vez en cuando el tráfico junto al río Ter. Las cuartillas con las esquelas de los vecinos fallecidos se pegan por las paredes. El control policial a la entrada del pueblo y el revuelo en la plaza sobre la farmacia, donde Mossos con la cara tapada realizan un registro, muestran que no es un día cualquiera.

Dos mujeres y una niña junto a una de las casas de Ripoll. (R.M)
Dos mujeres y una niña junto a una de las casas de Ripoll. (R.M)

“A Ripoll lo llamamos la cuna de Cataluña, pero ahora parece la cuna del yihadismo. Es muy fuerte”. Toni comparte con su hija Sandra, dueña del bar Alesia, sus recuerdos de los protagonistas de los telediarios. Que los terroristas de Barcelona y Cambrils estaban integrados no es una exageración del alcalde. Los vecinos los conocían bien. “Venían a mi casa a jugar con mis niños y yo les daba la merienda. Moussa [que inicialmente fue señalado como el conductor de la furgoneta por las Ramblas] jugaba al fútbol y había nacido aquí. Hablaban catalán perfectamente”, explica Sandra.

En el vídeo que sale que disparan al último de Cambrils juraría que es el Omar por la camiseta y la forma de hablar

Inmediatamente se forma un coloquio. Eric los conocía del fútbol y de clase y explica que Moussa era muy rápido y virguero. Un chico aún imberbe dice que iba a la clase de al lado. A Driss, hermano de Moussa y este jueves detenido, lo vieron cuando iba a la policía a denunciar que su hermano menor, que cumpliría 18 años en octubre, se había llevado los papeles del coche.

En la terraza de un kebab, unos chavales dan más detalles mientras toman un botellín y lían un porro. “En el vídeo que sale que disparan al último de Cambrils juraría que es el Omar por la camiseta y la forma de hablar”. Cuentan que hace poco otro puso a la venta su bicicleta por 150 euros y uno regaló sus botas de fútbol. El Omar, el Musa, el Husa, el Moha, una hermana trabaja en una pizzería, otra en un restaurante… Nunca una célula yihadista fue tan familiar.

Plaza de Ripoll. (R.M)
Plaza de Ripoll. (R.M)

Los chavales cuentan que el Peugeot 306 que apareció reventado junto a la casa de Alcanar era de Houssaine Abouyaaqoub, el Husa, de 19 años, que a veces se lo dejaba a su hermano Younes. El primero está muerto y el segundo fugado. El Audi azul oscuro acribillado en Cambrils era el que usaban los Aalla. La vida cotidiana de estos chicos es de repente carne de telediario. Es extraño escucharlos hablar entre risas con esa familiaridad de sus colegas, algunos de los cuales están muertos tras protagonizar una brutal acción terrorista. Todos ríen al recordar que uno de ellos se pegó en secundaria con uno de los hoy terroristas. Los terroristas parecían unos de tantos ninis.

El Omar, el Musa, el Husa, el Moha, una hermana trabaja en una pizzería, otra en un restaurante… Nunca una célula yihadista fue tan familiar

Por eso la sorpresa era enorme. Toni aún no da crédito. “No había forma de consolar a mis nietos cuando vieron en televisión las caras de Moussa y los demás, porque los conocían. Si hubieran salido del Raval o de Badalona, Sabadell, del cinturón de Barcelona igual te lo puedes esperar, pero de aquí…”. Un vecino lanza una crítica: "Les pagamos el agua, la electricidad y vales para el supermercado. No lo veo claro".

Unos turistas visitan Ripoll. (R.M)
Unos turistas visitan Ripoll. (R.M)

¿Qué ha llevado a unos chicos de un pueblo tan tranquilo, de los que sus amigos no sospechaban, a esto? La respuesta es seguramente muy compleja, pero en el pueblo hay quien apunta que los últimos meses habían cambiado sus hábitos, se dejaban ver menos y se mezclaban menos con el resto. Cuando iban a la pista ya jugaban o charlaban entre ellos y menos con los otros chicos. ¿Qué pasó estos últimos meses? “Últimamente estaban más callados, pero es que la gente tiene días mejores y peores. No nos pareció raro”, explica uno de sus amigos. Recogen otra ronda de botellines y siguen con los recuerdos.

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