anuncian las modificaciones este fin de semana

'Fracking', dación en pago… JxS maquilla la Ley de Transitoriedad para atraer a Colau

El texto secreto incluye la "dación en pago" para hipotecas, revalorización de las pensiones, la prohibición de las prospecciones del 'fracking' o una tasa a los depósitos bancarios

Foto: El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont (2d), y su vicepresidente, Oriol Junqueras (d), con el coordinador general de Catalunya en Comú, Xavier Domènech (2i), y su portavoz, Elisenda Alamany. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont (2d), y su vicepresidente, Oriol Junqueras (d), con el coordinador general de Catalunya en Comú, Xavier Domènech (2i), y su portavoz, Elisenda Alamany. (EFE)

La Ley de Transitoriedad incluirá muchos puntos que no tienen que ver con la transitoriedad. Desde prohibir el 'fracking' hasta el impuesto sobre los depósitos bancarios, un conjunto de guiños para atraer a Catalunya en Comú, el nuevo partido que lidera la alcaldesa Ada Colau. Más que una Ley de Transitoriedad será una especie de Ley Omnibús que abarcará todo tipo de cuestiones ajenas a la esencia que marcó el ideólogo del proyecto, el presidente del Institut d’Estudis d’Autogovern, Carles Viver Pi-Sunyer, y que en esencia iba a ser “pasar de la ley a la ley”.

Según explican fuentes cercanas a la formación independentista Junts pel Sí, con los nuevos retoques que se están añadiendo y que se harán públicos en las próximas horas, la Ley de Transitoriedad pretende trascender su naturaleza original e incluir la “dación en pago” para las hipotecas, la revalorización de las pensiones, la prohibición de las prospecciones del 'fracking', la obligación legal de que las eléctricas mantengan el suministro a las personas que sufran “pobreza energética” o el impuesto sobre los depósitos bancarios.

Todos estos aspectos son colaterales o marginales. Colaterales porque no están vinculados a la transitoriedad. Marginales porque, o se trata de medidas que ya han sido suspendidas por el Tribunal Constitucional (TC) o carecen de sentido práctico. De estas últimas, la del 'fracking' es la más llamativa, ya que Cataluña carece de subsuelo rico en esquisto, a excepción de una pequeñísima franja del Pirineo. Ninguna empresa de 'fracking' ha presentado un proyecto en Cataluña.

La clave está en revestir la Ley de Transitoriedad con el programa de “los comunes”. Después de la reunión este pasado lunes en el Palau entre Xavier Doménech, líder de Catalunya en Comú, con el presidente catalán Carles Puigdemont y el vicepresidente Oriol Junqueras (ERC), quedó muy claro que los 'colauiestes' no compraban. Veían el referéndum unilateral como una nueva versión del 9-N, un discurso parecido al de los líderes de ERC: que la consulta del 1-O no tendrá ninguna validez legal y que, por tanto, no podrán ser inhabilitadas las personas que participen en él.

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau (2d), y el portavoz de En Comú Podem, Xavier Doménech (2i). (EFE)
La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau (2d), y el portavoz de En Comú Podem, Xavier Doménech (2i). (EFE)

Mientras se engorda la ley con temas ajenos a la transitoriedad misma y que acabarán suspendidos por el TC como el resto de ese texto legal que se tramita en secreto, no hay acuerdo en otras cuestiones importantes, tales que la ley separada para regular el referéndum o si esta misma Ley de Transitoriedad se aprobará antes o después del 1-O, según explicó Naciódigital. De la transitoriedad en sí nada se sabe excepto que, según Junqueras, tendrá las garantías que piden los comunes y que se explicarán en una web a partir del 4 de julio.

Garantizar la participación

Junqueras y Puigdemont necesitan a la izquierda catalana para dar cierta legitimidad a su referéndum. Sobre todo, para garantizarse que tenga más de 2 millones de personas. En el entorno de la ANC y el resto de entidades independentistas hay temor de tener menos participación que el 9-N. Desmovilización, cansancio, mejora de la economía, corrupción de CiU… El independentismo puede permitirse muchas cosas. Nula repercusión internacional, por ejemplo. No hay que olvidar que el Reino Unido suspendió cuatro veces la autonomía del Ulster y no pasó nada. Lo que no pueden permitirse es tener menos participación que en el 9-N y para eso necesitan sí o sí a la izquierda catalana, incluso a sectores del PSC.

El entorno independentista ya asume el nulo eco internacional pero quiere salvaguardar una participación que les permita salvar los muebles

Además, el referéndum necesita “noes”. Y ahora no los tiene. Un resultado a la búlgara como el del 9-N tampoco sirve a nivel internacional. De 2,3 millones de votantes, solo un 4,5% votaron “no” o “si-no” el 9-N. Y los 'comunes' aportarían “noes” al 1-O.

El referéndum como trampa

Algunos, no obstante, han comprado. Es el caso de Albano Dante-Fachín, el líder de Podemos en Cataluña, que quiere dar apoyo a la nueva consulta. Pero fuentes de los 'comunes' aseguran que tanto Colau como Doménech ven el referéndum como una trampa. Para la cúpula de la formación izquierdista no hay nada que ganar definiéndose en el tema nacional. Como muchos catalanes, se sienten cómodos no teniendo que elegir entre Cataluña y España. Colau es la reina de no mojarse en nada mientras su popularidad crece. Y esa quiere seguir siendo la estrategia. No pronunciarse y dejar que ERC se estrelle contra las rocas después de la consulta.

Desde Palau intentan pilotar el enésimo giro de marco mental, definido en el acto que lideró el exentrenador blaugrana Pep Guardiola: del derecho a decidir al derecho a votar. Por eso ahora todo el debate gira a favor del concepto “democracia” y se acusa al Gobierno español de no ser democrático. En este sentido, hay que entender el giro de la Ley de Transitoriedad. Puro maquillaje, que casa poco y mal con el espíritu de nueva derecha moderna que Marta Pascal quiere imprimir al refundado PDeCAT.

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