El tuitero “indepe”, los cupaires y los pisos ilegales de Airbnb en Barcelona
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El tuitero “indepe”, los cupaires y los pisos ilegales de Airbnb en Barcelona

Con una cámara oculta fue precisamente como se descubrió que Mark Serra era como Batman: activista 'indepe' en las redes, pero gestor de pisos turísticos ilegales fuera de ellas

Foto: El barrio de la Barceloneta, uno de los más afectados por los pisos turísticos ilegales anunciados en páginas como Airbnb. (Foto: Reuters)
El barrio de la Barceloneta, uno de los más afectados por los pisos turísticos ilegales anunciados en páginas como Airbnb. (Foto: Reuters)

Mark Serra es un 'tuitstar' catalán. Cuenta con 22.800 seguidores en Twitter, tuitea siempre en catalán y a menudo sus mensajes destilan desprecio hacia España, odio hacia todo lo español y también insultos a cualquier partido ajeno al PDeCAT. Mark Serra practica en redes el agitprop postconvergente. Parecía encantado de conocerse hasta esta semana, cuando la CUP le tendió una trampa y se descubrió que Mark Serra se ganaba la vida como gerente de pisos ilegales de Airbnb en el barrio gótico de Barcelona. El día que estalló el escándalo Serra fue 'trending topic', pero casi seguro que no del modo que él hubiera deseado.

La historia la destapó directa.cat, un medio cercano a la CUP: uno de sus fundadores es el ex diputado “cupaire” David Fernández. A “la directa”, como se la conoce en Cataluña, le gusta más la cámara oculta que a los programas de investigación de Gloria Serra. Y con una cámara oculta fue precisamente como descubrieron que Mark Serra era como Batman: activista indepe en las redes, pero gestor de pisos turísticos ilegales fuera de ellas.

Entre las irregularidades que destapa el reportaje se encuentran que los trece pisos que gestionaba Mark Serra carecían de licencia de alojamiento turístico, que, a pesar se eso, Mark Serra les cobraba la tasa turística, aunque difícilmente podría liquidarla luego, al no tener licencias los inmuebles ofertados; que se usaban números de pisos con licencia en otras ubicaciones para esos pisos que administraba y que, además, se advertía a los inquilinos que no dejasen que el Ayuntamiento inspeccionase los inmuebles porque está última se trataba de una medida “ilegal”. Lo más divertido es la reacción del propio Mark Serra, que se recoge en el siguiente vídeo, cuando los activistas cuelgan una pancarta contra los pisos turísticos y se planta allí la Guardia Urbana. Carácter templado, precisamente, no.

Mark Serra intentó alegar en un principio que él vivía en le piso de la calle Princesa. No era así. Su reacción en redes fue más divertida, asegurando en su página de Facebook que “Por cierto, la desobediencia contra un acto injusto, no sólo va por la independencia”. Es decir, equiparando su activismo en favor del independentismo –discutible pero perfectamente legítimo– con la actividad ilegal de comercializar viviendas sin licencia en el lucrativo mercado turístico de la capital catalana.

Los pisos, por cierto, no son suyos sino de propietarios privados que prefiere enriquecerse con esta actividad ilegal. Cinco de ellos pertenecen a Miquel Brunells Cristià, según el detallado informe que han elaborado los activistas contra la gentrificación del barrio. Brunell ya fue advertido en 2013 por el Ayuntamiento para que cesase en esta actividad y se le amenazó con una multa de 90.000 euros. Los vecinos protestan por las molestias de los turistas pero también por el incremento de los precios que supone esta actividad y los problemas de falta de vivienda que genera.

Irrelevancia política

Serra era muy conocido en la blogosfera catalana por su radicalidad pero es irrelevante políticamente. Apenas un fan fatal del PDeCAT. La mayor consecuencia política de este rifirrafe ha sido que Mark Serra ha cambiado su foto perfil de Twitter. Antes aparecía abrazado al president Carles Puigdemont y después del “affaire” opta por posar en solitario. ¿Sugerencia del partido? Es posible, porque la prudencia no ha sido nunca el sello de la actividad de Mark Serra: ni en su dimensión pública ni, por lo que parece, en su actividad en los negocios.

El caso tiene mayor dimensión por las inspecciones que tendrá que hacer el Ayuntamiento a partir del escándalo y por el acercamiento que había hecho Airbnb a los políticos catalanes, algunos de ellos también independentistas, para solventar sus problemas en Barcelona. Ahora tocará volver a empezar.

Público y privado

El caso Mark Serra pone sobre la mesa otras dos cuestiones. A menudo las personas creen que la fama en internet es diferente que la relevancia en el mundo real. Pero no es así. Si uno se expone en el entorno virtual se espera de él la misma ejemplaridad pública que en el mundo físico. Que pague impuestos, por ejemplo. Mark Serra se pasó las 24 horas siguientes al escándalo bloqueando a tuiteros que se cachondeaban de él.

Algunos de los mejores chistes en Twitter fueron del tipo: “Mark Serra es la Belén Esteban del 'procés'”, “no tengo claro si tu concepto de libertad tiene que ver más con Rosa Parks o con Pablo Escobar”, “Mark Serra, el madiba catalán”, “veo a Mark Serra como fichaje para el Palau de la Música”, ”Mark Serra, el país de al lado es Andorra”, “Injusto que a Mark Serra le descubran sus pisos ilegales sin darle tiempo de explicar que en realidad son la herencia de su abuelo Florenci” o “Pues Mark Serra ha construido un Agencia Tributaria Propia antes que la Generalitat”. Uno de los mejores es éste, en referencia a un tuit del propio Serra para dar la bienvenida al año y que ha resultado fatalmente profético… para el propio autor.

Más allá de las bromas, que el reportaje de la directa.cat se hay centrado en Mark Serra no es casualidad. Hay muchos Marks Serras en la Barcelona de Airbnb, Booking y compañía. Pero que se le escogiera a él muestra la desconfianza y la tensión con la que la CUP y el PDeCAT viven su alianza contranatura. Están juntos en el 'procés' pero nada más los une. Mark Serra en este sentido era perfecto: irrelevante en la gran partida pero hacía mucho daño de puertas adentro, entre los votantes de Junts pel Sí, donde la CUP puede frenar la sangría que espera para las próximas elecciones autonómicas. Hasta TV3 se hizo eco. El reportaje no sólo es una muestra de buen periodismo. También de inteligencia política por parte de la CUP.

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