EL PRÓXIMO PASO, ‘CUMBRE’ EN MADRID PARA APOYAR A HOMS

La euforia se instala en las filas independentistas tras el juicio a Artur Mas

El expresidente de la Generalitat, Artur Mas, declara que "se ha intentado sentar en el banquillo a un buen país" tras el juicio por haber organizado la consulta del 9 de noviembre de 2014

Foto: El expresidente de la Generalitat, Artur Mas, tras finalizar la última jornada del juicio del 9N. (EFE)
El expresidente de la Generalitat, Artur Mas, tras finalizar la última jornada del juicio del 9N. (EFE)

La euforia se ha instalado en las filas del Partit Demòcrata Europeu Català (PDeCAT) tras quedar visto para sentencia el juicio contra Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau por haber organizado la consulta del 9 de noviembre de 2014 desobedeciendo la providencia del Tribunal Constitucional del 4 de noviembre, que prohibía la organización de esa jornada. La parafernalia independentista se puso en marcha nuevamente tras acabar el juicio, con recepción del presidente catalán, Carles Puigdemont, a los tres acusados y rueda de prensa posterior al alimón entre el mismo Puigdemont y Artur Mas. Los semblantes ya no evidenciaban la crispación de la semana, cuando los tres acusados se sentaban en el banquillo. Lo mejor, la entrada en el Palau de la Generalitat, bajo los acordes de ‘Grândola Vila Morena’, la canción de la revolución de los claveles. Claro que aquí faltaban los fusiles y los claveles, pero estaba claro el mensaje épico.

“Desde el partido, el desenlace del juicio se ve con optimismo –señala a El Confidencial una fuente del PDeCAT–. Y Artur Mas ha logrado volver a situarse en el epicentro político. Ya veremos cuánto dura”. Esta semana, la situación judicial significó un revulsivo para el ‘expresident’. “Ganó enteros porque la gente decía: ‘Yo no soy de Mas, pero hay que defenderlo’. Y esa sensación le ha ayudado mucho. Lo cierto es que el juicio le ha permitido tener su minuto de gloria nuevamente”.

Manifestación independentista del 11 de septiembre anifestación bajo el lema 'A punt' ('A punto'). (EFE)
Manifestación independentista del 11 de septiembre anifestación bajo el lema 'A punt' ('A punto'). (EFE)

Pero hay otro mensaje muy claro largamente enviado por los dirigentes del PDeCAT: con el juicio, se ataca a Cataluña. Una vuelta a envolverse de nuevo en la bandera catalana. Un retorno al pujolismo. “Se ha intentado sentar en el banquillo a un buen país –recordó también Mas–. Hemos ido a juicio por unos hechos. No por un supuesto delito de desobediencia que casi hace reír, sino porque 2,3 millones de personas, 42.000 voluntarios y 942 ayuntamientos, porque esta gran pléyade de voluntarios, se lo creyeron y tiraron para adelante y convirtieron el 9N, ridiculizado, lleno de mofa, la que llamaban 'charanga de costillada', en uno de los hechos democráticos y de comportamiento cívico más importantes de las últimas décadas”.

También Puigdemont redundó en lo mismo: “El 9N fue un día histórico. Esta semana se ha juzgado el éxito del 9N. Si vieron que 2,3 millones de personas fueron a votar, el problema lo tiene el Estado”. Y Mas añadió que “ahora estamos en manos de tres magistrados. Y en caso de que nos condenen, han de saber que la condena que yo admitiría, la única a la que temo es la de sentirme culpable, en mi intimidad, de haber hecho algo malo. Pero esa condena no la tendré porque en mi intimidad sé que hicimos lo que teníamos que hacer y lo volveríamos a hacer. Lo que hicimos fue un Servicio, con mayúsculas, a este país”.

"Esta semana se ha juzgado el éxito del 9N. Si vieron que 2,3 millones de personas fueron a votar, el problema lo tiene el Estado", dijo Puigdemont

Incluso subrayó que si se hubiera hecho el ‘héroe’, como le pedía la CUP, diciendo que todo lo había organizado el Gobierno, hubiese sido postureo. Torta para los anticapitalistas, que le desalojaron de la Generalitat (Mas dijo en su alegato ante el tribunal que dio un paso al lado para no frenar el ‘procés’, olvidando que le cortaron la cabeza los ‘cuperos’). “Habría sido un agravio imperdonable a toda la gente sin la que el 9N no hubiera sido posible. Cierto que sin el Gobierno, tampoco hubiera sido posible. No escondemos que durante 15 días largos impulsamos toda la logística, la web de la Generalitat, la búsqueda de voluntarios, la provisión de ordenadores, programas informáticos, urnas, papeletas… ¿Acaso nos hemos escondido? No. Por eso no podíamos mentir, que hubiera sido prostituir el espíritu del 9N. El espíritu no prostituido es el de aquella gente, la que se movilizó y autoorganizó y consiguió que eso fuese un enorme éxito”.

No solo eso. En los círculos independentistas ya se están haciendo lecturas de las sesiones. El propio director de comunicación de Artur Mas, Joan Maria Piqué, fue uno de los primeros en lanzar el dardo. “¿Alguien duda de que el juicio del 9N es político, tras la elección lingüística del fiscal ‘en castellano por ser trascendente’? Patético”. Una curiosa lectura de la jornada.

Pensando ya en el 27F

Ahora, el punto de mira ya está puesto en el 27 de febrero, cuando comience el juicio en el Tribunal Supremo contra Francesc Homs, también acusado en esta causa pero juzgado en el TS por su condición de aforado, al ser diputado. A Madrid se desplazará la cúpula independentista, encabezada por Carles Puigdemont y Artur Mas. El baile de mártires ha comenzado y no hay quien lo pare. Lo de menos es que los acusados sean condenados. Cataluña ya tiene nuevos héroes, aunque la heroicidad en política suele durar lo que un suspiro.

De ahí que Artur Mas tampoco escondiese esa euforia. Y en la comparecencia ante la prensa no se resistió a echar una china al tribunal. En su alocución final, tras los alegatos de fiscalía, acusación popular y defensas, el ‘expresident’ quiso entablar un careo con el fiscal, lo que no le permitió el presidente del tribunal, Jesús María Barrientos. “No está usted aquí para entablar un debate con el fiscal, sino para hacer su alegación sobre las acusaciones”, le recordó. Mas hizo un gesto de contrariedad y continuó por otro camino. Pero una vez en la Generalitat, y en compañía de Puigdemont, ironizó: “Supongo que aquí no me vetarán. Pues bien, diré lo que no me dejaron decir ante el tribunal: que un fiscal nos explique que la fiscal general del Estado le recalca que habría de ser justo e imparcial es para echarse las manos a la cabeza. ¿Se ha de recordar esto? Es para echar a correr”, exclamó Mas.

"El 9N fue uno de los hechos democráticos y de comportamiento cívico más importantes de las últimas décadas", aseguró Artur Mas

El fiscal, Emilio Sánchez Ulled, admitió, durante sus alegaciones, que “yo no soy de la Fiscalía Superior y aparezco en este procedimiento por designación expresa de la fiscal general, Consuelo Madrigal. ¿Y saben qué se me dijo? ‘Quiero una valoración técnica rigurosa, porque era un asunto delicado’. Y dijo algo más: ‘en el sentido que sea: si es de archivar, de archivar; y si es de acusar, de acusar’”. A Artur Mas, eso le parece una barbaridad.

Pero de lo que no hay duda es de que los independentistas ya cabalgan de nuevo en el optimismo. Puigdemont dejó claro el viernes por la tarde que “el Estado español está a tiempo de rectificar, aunque estemos en tiempo de descuento”. Y Mas añadía que “después del juicio del 9N, haya la sentencia que haya, la democracia española, que ya no era grande, es un poco más pequeña”. Y advirtió que seguirá con su peculiar estilo, un estilo “de no presumir mucho, de no hacer postureo, de no hacer mucho el ‘milhomes’ [sabiondo, niño que quiere hacerse el hombre]. Pero es un estilo hasta las últimas consecuencias”. Ahora solo falta saber si está dispuesto a retomar el timón del ‘procés’ en las próximas elecciones. En el PDeCAT se da por seguro que, si hay absolución, Mas volverá a primerísima línea de fuego.

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