400 ALCALDES independentistas PARA PRESIONAR AL TSJC

El Gobierno catalán se agrieta por el apoyo de Puigdemont al referéndum unilateral

Puigdemont está entre la espada y la pared. Suenan tambores de que su Gobierno se agrieta y de que hay un sector del independentismo que le pide romper amarras con la CUP y convocar elecciones

Foto: El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, durante una reunión del Gobierno catalán. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, durante una reunión del Gobierno catalán. (EFE)

Tensión y más tensión en Cataluña. A la provocación de la quema de banderas españolas y fotos de Felipe VI por parte de la CUP, se añade ahora el auto del Trribunal Consitucional que prohíbe la hoja de ruta que acaba con un referéndum unilateral de independencia del Gobierno catalán. Y, por si fuera poco, coincide en el tiempo con la declaración ante los jueces de la presidenta del Parlamento catalán, Carme Forcadell, por haber desobedecido al TC. El suflé independentista vuelve a hincharse.

Pero hay una gran paradoja: el independentismo parece un bloque pétreo de puertas afuera y está a punto de saltar en pedazos de puertas adentro. Forcadell declara hoy ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) y los independentistas quieren reunir en las puertas del Palacio de Justicia a 400 alcaldes (además de los ‘pesos pesados’ del independentismo catalán) para presionar a los jueces y que no sigan con la acusación. El objetivo es una foto de fuerza que asuste a la judicatura. Pero la tensión generada por la CUP con su estrategia de quema de banderas y fotografías de Felipe VI también ha sentado muy mal en el Gobierno catalán, que cree incluso que esa estrategia puede “dañar el 'procés”. Por eso, también suenan los tambores de que un sector del independentismo, el de Convergència, presiona para romper el pacto con los anticapitalistas y convocar nuevas elecciones, que podrían celebrarse en un par de meses.

El presidente catalán, Carles Puigdemont, está entre la espada y la pared. Suenan tambores de que su Gobierno se agrieta y de que hay un sector del independentismo que le pide que rompa amarras con la CUP y que convoque elecciones. Ayer, se negó a comentar si el tema del adelanto electoral se había discutido en la reunión semanal de su Ejecutivo. “Nunca voy a comentar las deliberaciones de una reunión que es secreta”, dijo el ‘president’. Que cada quien entienda lo que quiera. Y negó incluso que haya división en el Ejecutivo sobre el pacto con la CUP. “El martes hubo Govern y no vi a ningún consejero de la CUP allí sentado”, quiso zanjar el tema sobre la ruptura o no con los anticapitalistas. Porque, argumentó, “la CUP no ganó las elecciones y no gobierna”.

El Gobierno catalán se agrieta por el apoyo de Puigdemont al referéndum unilateral

Y tenía razón. Puigdemont no tiene a ningún consejero ‘cupero’ sentado en su Gobierno. Ni falta que le hace a la CUP, que transmite sus órdenes a Puigdemont a través de su grupo parlamentario. Pero otra cosa es que el Ejecutivo catalán sea una balsa de aceite. Ni mucho menos. Lo cierto, conforme han señalado diferentes fuentes a El Confidencial, es que dentro del Govern hay una gran división sobre el tema. Tanto que al menos dos consejeros de la Generalitat no están por la labor de seguir manteniendo un Gobierno a merced de los “vaivenes tacticistas y caprichos de la CUP”.

La organización radical, en uno de sus escritos fechado el pasado 27 de octubre, se vanagloriaba de que “si hoy el referéndum de autodeterminación con pregunta binaria sobre la independencia respecto al Estado español es claramente el principal objetivo de esta legislatura es, en buena parte, gracias al impulso y a la convicción de la izquierda independentista”. Tras el verano, la hoja de ruta de Puigdemont e incluso de ERC varió sustancialmente para hacer un hueco al referéndum, lo que trastocó la primigenia hoja de ruta de Convergència y de Esquerra. Pero hay dirigentes a los que no hace gracia esa hoja de ruta.

Contactos con fuerzas antirreferéndum

Los dos consejeros aludidos, según las fuentes consultadas por este diario, han mantenido contactos con fuerzas políticas ajenas al Gobierno para tratar sobre la deriva independentista. “No comulgan con la deriva independentista tal y como se está planteando”, subraya una de las fuentes. Desde otras fuentes empresariales, se apunta a que uno de ellos se alinea claramente en contra de la hoja de ruta que sigue Puigdemont, la que aboga por celebrar un referéndum independentista unilateral en septiembre del año que viene como fecha límite, y que está a punto de presentar su dimisión. El otro también ha mantenido conversaciones en las que “se ha hablado de la posibilidad de que abandone el Gobierno”, debido a la disconformidad con la estrategia oficialista. Esa posibilidad le abriría las puertas de otra formación política de perfil nacionalista que se posiciona en contra del referéndum unilateral.

Otra cosa es que nadie quiera, en este momento, dar la ‘espantá’ y abandonar el barco, porque se expondría a un linchamiento político sin precedentes. Y eso porque, en primer lugar, además del conflicto con la CUP, los independentistas gubernamentales han de lidiar con otro toro: el conflicto con los tribunales y con el Estado español. La declaración de Carme Forcadell este viernes ante el TSJC condiciona la estrategia institucional catalana. En un momento en que tanto Forcadell como Artur Mas, Francesc Homs, Joana Ortega e Irene Rigau están siendo procesados por desobedecer al TC, el Gobierno autonómico necesita toda la artillería a su disposición para presionar a los tribunales.

De ahí que la imagen de unidad del independentismo sea crucial, a pesar de que la procesión va por dentro y las discrepancias entre los distintos sectores provoque una cruenta guerra fratricida entre partidos. Lo que necesita ahora el ‘procés’ es la foto de la unidad después de que durante la última semana hayan proliferado las críticas de ERC, Convergència y el Gobierno catalán contra la CUP por su estrategia frentista.

La presión a los jueces

La ‘sociedad civil’ que controlan los independentistas, es decir, la Asamblea Nacional Catalana (ANC), Òmnium Cultural, la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI) y la Asociación de Municipios de Cataluña (AMC), convocó ayer concentraciones ante todos los ayuntamientos catalanes para protestar contra el procesamiento de Forcadell. El seguimiento fue muy irregular y demasiado bajo, pues apenas consiguió reunir a varios centenares de personas en las principales poblaciones catalanas. Pero en Barcelona, los máximos líderes de las organizaciones civiles y la alcaldesa de la ciudad, Ada Colau, contribuyeron a dar un toque de ‘distinción’ al acto.

Acto de apoyo a Homs (i), antes de que el Congreso aceptara el suplicatorio del Supremo para juzgarlo. (EFE)
Acto de apoyo a Homs (i), antes de que el Congreso aceptara el suplicatorio del Supremo para juzgarlo. (EFE)

Para este viernes, han convocado concentraciones ante el TSJC desde las ocho de la mañana, en un intento de condicionar la labor de los jueces. Y no solo eso: el propio Puigdemont, junto a su vicepresidente, Oriol Junqueras, y el ‘expresident’ Artur Mas, estará en primera fila en esas manifestaciones. Habrá una ‘comitiva’ a pie desde el Parlamento hasta el TSJC (separados por unos 500 metros), donde se quiere visualizar la unidad del independentismo frente a los ataques del Estado español. Será el paseíllo sobre alfombra roja que harán los soberanistas (con las caras más conocidas de la política catalana al frente) para demostrar que son víctimas de una conjura del Gobierno de Madrid orquestada a través de un tribunal catalán. En otras palabras, un acto de 'agit prop' puro y duro. Si la presión a los tribunales les dará beneficios, se verá a medio plazo, aunque desde algunos círculos independentistas (o nacionalistas) se abomina de la estrategia de condicionar a la judicatura para sacar réditos políticos.

El caballo de batalla se va posicionando, poco a poco, en las reglas del juego. Muchos cuadros convergentes rechazan la confrontación institucional como herramienta independentista, cuando Carles Puigdemont camina hacia un terreno en el que será la única arma con la que cuente. El independentismo quiere aparecer como un bloque homogéneo pero padece aluminosis.

Cataluña

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