UN ‘EXPRESIDENT’ ATADO DE PIES Y MANOS

Rebelión en Cataluña: Artur Mas, ‘vapuleado’ por la militancia de su nuevo partido

Convergència ha muerto, pero nace el Partit Demòcrata Català (PDC). 871 votos a favor frente a los 657 de la siguiente opción, Partit Nacional Català (PNC)

Foto: Votación final para elegir el nombre del nuevo partido que sucederá a CDC. (EFE)
Votación final para elegir el nombre del nuevo partido que sucederá a CDC. (EFE)

Convergència ha muerto, pero nace el Partit Demòcrata Català (PDC). 871 votos a favor frente a los 657 de la siguiente opción, Partit Nacional Català (PNC). Esta última opción era la preferida, en última instancia, por el ‘expresident’. Misma cúpula, similares ideales, misma estrategia pero diferente nombre. El responsable de este parto es Artur Mas, el ‘expresident’ que quería seguir teniendo las riendas de la política catalana en sus manos pero que, poco a poco, se le escapan. Porque el Congreso fundacional del PDC ha sido de todo menos plácido.

Y los militantes (a los que a partir de ahora se llamará asociados) le han dado a Mas un significativo revolcón: le tumbaron el nombre que había diseñado en secreto su equipo (para más inri, el encargado de escoger los dos primeros nombre, que fueron rechazados, por la militancia fue un publicista antiguo votante de ICV), le obligaron a limitar mandatos en los cargos orgánicos del nuevo partido, le desplazaron a una presidencia no ejecutiva, le rechazaron la elección de la cúpula en una lista cerrada y le condicionaron a establecer que haya un coordinador general que debe pasar el filtro de unas primarias.

Mas se había creído lo de que tenía todo atado y bien atado, pero el congreso se le fue de las manos porque la militancia descontenta acudió en masa a inscribirse para participar y para imponer su opinión ante los tradicionales modos de hacer de la cúpula. Acostumbrado a decidir con el dedo quién y cuándo tenía que hacer algo en Convergència, las maratonianas sesiones de este fin de semana han recortado el enorme poder que hasta ahora tenía Artur Mas. “Hemos venido aquí a que se nos escuche. Estamos hartos de que unos cuantos hagan y deshagan a espaldas de la militancia. Si ha de nacer otro partido, que salga con maneras de hacer nuevas y dejando atrás los vicios de Convergència”, explicaba por los pasillos uno de los asistentes al cónclave. Artur Mas se ha convertido, por obra y gracia de esa militancia, en un dirigente vapuleado… y sometido a las bases.

Hemos venido a que se nos escuche. Estamos hartos de que unos cuantos hagan y deshagan a espaldas de la militancia

Una estampa gráfica de la enorme distancia entre Mas y sus militantes se plasmaba el viernes por la noche en el concurrido vestíbulo del pabellón del Centro de Convenciones Internacional de Barcelona donde tenía lugar el congreso: ajenos al barullo que burbujeaba por el vestíbulo, a cierta distancia, Artur Mas, su secretario general de la Presidencia, Jordi Vilajoana, y el actual presidente del Puerto de Barcelona, Sixte Cambra, con sus respectivas esposas, deliberaban, con caras largas y semblante serio, ajenos y a distancia de todos los demás asistentes al congreso. Los tres matrimonios salen con frecuencia a cenar e incluso pasan vacaciones juntos. Ellos son, en definitiva, los principales pilares que le quedan al ‘expresident’ en la política, porque los militantes le ven cada día más lejano y ajeno a los intereses de las bases.

El desplazamiento del cargo de presidente y vicepresidenta (para este cargo, había propuesto a la consejera de Presidencia y portavoz del Govern, Neus Munté) a un rango no ejecutivo es una consecuencia del cabreo de la militancia. En las votaciones de este sábado, se decidió una limitación de mandatos a 8 años (a 12 en casos excepcionales) pero advirtiendo que se contabilizaban los años que alguien llevaba ejerciendo cargo en Convergència. Y Artur Mas lleva demasiados años ejerciendo de presidente ejecutivo de su partido, por lo que automáticamente quedó descartado.

La dolorosa opción de Mas

La lógica maniobra del ‘expresident’ fue proponer que tanto presidencia como vicepresidencia no fuesen ejecutivas, por lo que no les afectaría la limitación de mandatos ni las incompatibilidades (simultanear cargos en el partido y en la Administración). O eso o quedarse fuera de las estructuras de poder, lo que no entraba en los planes de Mas. Por tanto, escogió el mal menor.

Artur Mas y el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, al término del Congreso Fundacional de la nueva Convergencia. (EFE)
Artur Mas y el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, al término del Congreso Fundacional de la nueva Convergencia. (EFE)

Pero la militancia también le dio un último revolcón al forzar que el verdadero hombre fuerte debe de ser el coordinador general (equivalente a secretario general). Y aquí sí que dejaron bien claro que ha de ser una persona con dedicación preferente al partido. El hombre de Mas para ocupar ese puesto es Jordi Turull, presidente del grupo parlamentario de Junts pel Sí (JxSí). Difícilmente el presidente del mayor grupo parlamentario catalán podrá dedicarle más tiempo al partido que a su cargo institucional, pero está por ver si la militancia le da su apoyo en unas primarias.

Junto a la imposición de primarias, se forzó también un mecanismo de lista semiabierta por el que se pueden ‘castigar’ a los aspirantes. Para empezar, la cúpula del partido será de 12 personas más el coordinador general. Pura coincidencia con Jesús y los 12 apóstoles (¿o no?). Y la militancia puede votar individualmente cada uno de los integrantes. Los que no lleguen al 50% de los votos, se caen de esa lista.

Lo que ha habido en este congreso es una batalla planteada por la militancia contra la cúpula y sus maneras de hacer

“Hay descontento”, explica lacónicamente uno de los asistentes al congreso. Y ese descontento se plasma en las votaciones. “La cúpula ha ido de derrota en derrota. Para empezar, el nombre que había propuesto era el de Més Catalunya. El otro nombre de Catalans Convergents lo puso para rellenar, sabedor de que se iba a rechazar. Lo que no se esperaba es que rechazásemos también el otro, que tenía preparado para jugar con el Més y con el Mas de su apellido. También pretendía que el partido empezase de cero para postularse de presidente ejecutivo como si nunca hubiese tenido un cargo. Y lo tumbamos. Luego, quería controlar el organigrama, quedando él en la cúpula y delegando funciones. También quería controlar el nombramiento de coordinador general, pero se lo tumbamos otra vez. Él ya no controlará al coordinador. Lo que ha habido en este congreso es una batalla planteada por la militancia contra la cúpula y sus maneras de hacer”, añade este militante.

Un “instrumento al servicio del país”

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, fue el encargado de clausurar el cónclave. No dijo gran cosa. Animó a los asistentes a “ser un instrumento útil para el país” y volvió a reivindicar que “he recibido el encargo de encaminar a Cataluña hacia la independencia, con un compromiso insobornable y una voluntad de transversalidad e integración”. Y fue precisamente esos valores los que reivindicó también para el neonato PDC.

No olvidó lanzar una china al Gobierno central sin citar a nadie: “Vuestra manera de hacer contrasta con otras culturas políticas donde se abusa del poder y el poder y los recursos públicos son utilizados en un combate ilícito contra las ideas de los otros”. O sea, la teoría de la conspiración del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Y acabó asegurando que el modelo de nacimiento del PDC es “un modelo propio, capaz de inspirar en las prácticas más avanzadas del mundo y capaz al mismo tiempo de hacer aportaciones innovadoras para quien las quiera leer. Gracias por el trabajo que haréis”.

Cataluña

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