Los militantes del nuevo partido de Mas se sublevan y votan no al nombre del ‘invento’
  1. España
  2. Cataluña
PRIMERA BOFETADA EN EL NUEVO ‘VIAJE A ÍTACA’

Los militantes del nuevo partido de Mas se sublevan y votan no al nombre del ‘invento’

Cerca de un tercio de los votantes prefería mantener las siglas de CDC y más de un tercio prefería un nombre que incluyese la palabra Convergència

placeholder Foto: El expresidente catalán Artur Mas (i) y el actual, Carles Puigdemont (d), conversan momentos antes de la clausura del XVIII Congreso de CDC. (EFE)
El expresidente catalán Artur Mas (i) y el actual, Carles Puigdemont (d), conversan momentos antes de la clausura del XVIII Congreso de CDC. (EFE)

El expresidente catalán, Artur Mas, ha tropezado en su primera piedra del nuevo partido. Fue un tropiezo sorpresivo: las masas convergentes se alarmaron cuando escucharon de sus dirigentes los dos posibles nombres del partido que quiere impulsar Mas para sustituir a Convergència Democràtica de Catalunya (CDC). El tema se había llevado tan en secreto que nadie se imaginaba por dónde iban los tiros. Y los problemas surgieron antes incluso de darle entidad jurídica al nuevo partido de tal manera que tuvieron que crear una comisión a primera hora de la noche de ayer para estudiar un nuevo nombre.

La cúpula de Convergència llevó a los 3.000 inscritos en el congreso fundacional dos posibles nombres para el ‘invento’: Més Catalunya o Catalans Convergents eran las dos propuestas. Lo malo es que no convencieron a muchos de los presentes. Casi un tercio prefería mantener las siglas de CDC y más de otro tercio, prefería un nombre que incluyese la palabra Convergència. La primera piedra del edificio se convirtió, pues, en una china en el zapato de Artur Mas.

Més Catalunya o Catalans Convergents eran las dos propuestas pero no convencieron a los asistentes al congreso fundacional del nuevo partido

Hubo enfado, y mucho, entre la militancia. Por lo que se había hecho y por cómo se había hecho. En realidad, los nombres fueron una cuestión de diseño, una etiqueta encargada a una compañía de comunicación dispuesta a venderla como un refresco. Pero, para la militancia, a esos dos nombres les falta alma. No tienen sustrato ideológico ni historia. Son simples eslóganes. De ahí que comenzasen, a puerta cerrada, los palos contra la cúpula convergente. Ante la oposición y el rechazo de multitud de los presentes, se decidió que ayer no se votaría el nombre de la nueva formación, lo que estaba previsto para las 20:30 horas. Durante el fin de semana, la Comisión constituida deberá trabajar a contrarreloj para deshacer el entuerto y darle nombre a la criatura.

Maite Rivero, presidenta del congreso fundacional, admitió que la propuesta de la cúpula convergente “no daba respuesta a lo que quería la gente y estamos aquí para hacer un proyecto que la gente haga suyo”. También admitió que un 65% pedía un partido que, de alguna manera, conservase la palabra Convergència en su definición. Y aseguró que “ la dirección hizo una propuesta en este sentido y otra propuesta alternativa. Pero no fue así, no convenció, y por tanto damos un giro, porque estamos al servicio de la voluntad de los asociados”.

Rivero subrayó también que el nombre del nuevo partido “ha de ser un nombre con el que todos nos sintamos representados al máximo. Por eso, la mesa del Congreso decidió llevarlo a debate en una comisión”

Segundo viaje a Ítaca

El ‘expresident’ tampoco tuvo su día más brillante. En una corta alocución a los presentes, antes de que teóricamente tuviese que votarse el nombre del nuevo partido, repitió los ítems de los últimos años. Aseguró que Convergència ya es historia “pero zarpa un nuevo barco rumbo a Ítaca”. Falta saber si tiene salvavidas en ese navío. Y subrayó: “El nuevo partido nace con un objetivo concreto, un objetivo nuclear: pasar de la autonomía a la soberanía; transitar de un Estado plurinacional que el Estado español no desea ni quiere a un Estado catalán miembro de pleno derecho de la Unión Europea”.

Mas envolvió su discurso con recetas de buenas intenciones. Aseguró que la nueva formación “no nace de la nada. Hace 40 años, el país estaba por construir; ahora, el país está reconstruido en buena parte, pero todavía no está a la altura de las cotas de progreso y bienestar que tendría que estar”. Repitió que quiere ser un partido con “vocación de centralidad social, aglutinador de sensibilidades diversas, alejado de hiperdoctrinas y de hiperideologías, sabedor de que son las ideologías las que están el servicio de las personas”. E insistió por enésima vez que se trata de una formación “con vocación y mentalidad de gobierno, con voluntad de transformación real de la sociedad, no desde posiciones testimoniales, sino centrales y decisorias. Un partido de palabras y de hechos con visión a largo plazo y con vocación de tener vida larga”. De momento, sin embargo, lo que se ha alargado es el parto, de tal manera que el neonato no tiene aún nombre por el que le conozcan.

El exalcalde de Barcelona, Xavier Trias, por su parte, fue el encargado de presidir el 28º Congreso de CDC, que fue el preámbulo del congreso fundacional del nuevo partido. “Hemos de pedir perdón y librarnos de las hipotecas del pasado” –clamó–. Pero no hemos de olvidar la tarea extraordinaria de CDC. No nos hemos de olvidar de los valores de Convergència, que continuamos encarnando. Somos necesarios para el país”. Reconoció los valores y el papel estratégico que ha jugado en las últimas décadas el veterano partido que ahora se esfuma. Porque, aseguró, CDC “ha contribuido a dar estabilidad a Cataluña y a estructurarla. Nos hemos alejado del sectarismo y del partidismo. Hemos hecho una política de desarrollo económico basado en la economía productiva y hemos apostado por una política de equilibrio territorial”.

Señor con maletín

Detrás de toda gran historia hay otra que merece ser contada

Conoce en profundidad las 20 exclusivas que han convertido a El Confidencial en el periódico más influyente.
Saber más
Artur Mas Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) Cataluña
El redactor recomienda