riesgo de fractura interna

Los duros de la CUP reniegan del Govern y amenazan con romper el pacto con Mas

Malos tiempos para los independentistas catalanes. La Coordinadora d’Unitat Popular comienza a sufrir en sus propias carnes el pacto con Artur Mas y corre grave riesgo

Foto: El exdiputado de la CUP Antonio Baños (i) aplaude a su compañera de partido Anna Gabriel. (EFE)
El exdiputado de la CUP Antonio Baños (i) aplaude a su compañera de partido Anna Gabriel. (EFE)

Malos tiempos para los independentistas catalanes. La Coordinadora d’Unitat Popular comienza a sufrir en sus propias carnes el pacto con Artur Mas y corre grave riesgo de fractura interna, ya que el núcleo duro no está dispuesto a garantizar la estabilidad del Gobierno catalán, aunque el que esté a su frente sea Carles Puigdemont. Lo que quieren, advierten, es ‘dinamitar’ el proceso y encarar una hoja de ruta que sea “auténticamente independentista”. Por si fuera poco, cargan no solo contra Convergència, a quien consideran que no persigue la independencia, sino, especialmente, contra la Asamblea Nacional Catalana (ANC), de la que dicen que “hoy está, en buena parte, al servicio de los intereses de CDC”. Ver para creer: cuando parecía que los independentistas habían conseguido, por fin, hacer piña, resulta que se agudizan los problemas entre las organizaciones. La alegría, en casa del pobre, dura poco.

La pasada semana, fue la pequeña organización Corrent Roig la que abandonó la CUP en desacuerdo con los pactos alcanzados con Convergència. “Para nosotros, este acuerdo es un hecho de extrema gravedad. Marca un antes y un después. Cuestiona el rol rupturista de la CUP, supeditándola a un Gobierno sumiso con la UE y la Troika y, por tanto, contrario a los intereses del pueblo trabajador. A un Gobierno que también será una traba en el camino de la ruptura y, en consecuencia, en el camino de la proclamación de la República catalana. A un Gobierno, en definitiva, que es preciso y que será preciso combatir”.

Pero esta semana es Endavant-OSAN, el partido más fuerte, el del núcleo ‘duro’, el que ha dado la voz de alerta. Y eso trae nubarrones al Gobierno de Carles Puigdemont. “La izquierda independentista ha de considerar papel mojado todas las cláusulas del acuerdo que están explícitamente destinadas a humillar a la CUP y generar un relato que permita maquillar el paso al lado que dio Artur Mas. No podemos aceptar unas cláiusulas impuestas bajo chantaje. La izquierda independentista no puede aceptar ningún tipo de autocrítica impuesta por la burguesía catalana. Y aún menos admitimos blanquear la imagen de CDC y sus correas de transmisión en el seno del independentismo”. A buenas horas, mangas verdes.

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. (EFE)

Lo que parece claro es que los duros quieren pasar cuentas con los convergentes. En el documento que hizo público ayer Endavant, se reconoce que Convergència humilló públicamente a la CUP (Artur Mas se fue, pero obligó a que cambiasen dos diputados además de pedir disculpas públicas por los errores cometidos, entre otras cosas) y que ello fue consecuencia de “plantear negociaciones hasta el último instante. Esto hizo que un proceso que había sido un ejemplo de democracia se hubiese tenido que resolver en pocas horas por poca gente y que la CUP acabase aceptando un acuerdo que, sobre el papel y la estrategia comunicativa de CDC, suponían la liquidación de la autonomía política de la izquierda independentista”. Y eso, subrayan, “fue un error”. Una de las cosas que hacen reflexionar a los ‘duros’ es que el acuerdo incorpore “una serie de cláusulas destinadas exclusivamente a humillar a la CUP” y que esta “renegó de sus compromisos electorales”. Por tanto, “esta versión solo quedará refutada por la vía de los hechos si la CUP lleva a cabo una acción sistemáticamente coherente con el programa con el que se presentó el 27-S”.

Movilizaciones populares

Otro de los puntos que han de plantearse ahora es el apoyo total al Gobierno de Puigdemont. Llega el documento en el mismo momento en que Artur Mas les recuerda que han de votar sí a los presupuestos para este año porque así lo firmaron el pasado 9 de enero. Pero los ‘duros’ no están dispuestos: consideran “muy importante” que la CUP no favorezca “medidas antisociales, destructoras del territorio o encubridoras de la corrupción”. Pero también ha de dejar claro que si no se avanza en la hoja de ruta pactada “hará caer el Gobierno”.

 

Los radicales tienen asumido que su única opción ahora es “promover movilizaciones populares ante cualquier política dilacionista, ‘procesista’ y regresiva con los derechos sociales de nuestro pueblo” y que la formación vuelva “a los principios políticos aprobados en la asamblea nacional de Castellón de la Plana de julio de 2015”.

“El objetivo de la CUP de impedir la investidura de Artur Mas -añade el documento- iba en la línea de hacer descarrilar el ‘procesismo’ y abrir paso a las posiciones de independencia real, romper la hegemonía ‘masista’ en el seno del soberanismo y hacer entrar el proceso en una dinámica imprevisible y más sometida a las demandas de la calle de lo que había estado hasta el momento”.

Endavant considera que el acuerdo con Artur Mas tuvo tres cosas buenas: rompió el liderazgo suprapartidista del propio Mas, “que era una de las claves del ‘procesismo’ y de la refundación del centro-derecha catalán”, situó el discurso que cuestiona el ‘procesismo’ en el actual escenario, y contribuyó a desenmascarar a la dirección de la ANC, que siempre ha trabajado al servicio de CDC.

El expresidente de la Generalitat Artur Mas. (EFE)
El expresidente de la Generalitat Artur Mas. (EFE)

Pero también asegura que tuvo tres connotaciones negativas: no consiguió desplazar a CDC de la dirección del proceso, no consiguió imponer una agenda social más contundente y en contra de las políticas de austeridad, y no consiguió clarificar “un camino efectivo hacia la independencia real. A pesar del cuestionamiento del relato de los 18 meses [el plazo para la proclamación de la República catalana], no se ha construido ninguna propuesta alternativa que apunte en una dirección de desobediencia, a pesar de la aparición en el debate político de conceptos como el referéndum unilateral”.

Los duros de la CUP recuerdan el documento del 17 de diciembre, publicado por este diario, donde denunciaban la estrategia de CDC “como un falso camino hacia la independencia. Creemos que este análisis continúa hoy más vigente que nunca. El comportamiento de CDC respecto al proceso ha continuado teniendo el contenido de chantaje permanente que arrastra desde 2012. Con este chantaje, CDC ha continuado asegurándose un lugar preeminente -aunque ahora ya no en solitario- en el mando del proceso soberanista. Paralelamente, se han confirmado las perspectivas de abrir un periodo de negociación por arriba para una reforma del Estado y también se ha constatado que CDC pretende mantener esta vía abierta para reconducir, a medio plazo, buena parte de la movilización soberanista”.

Los duros de la CUP reniegan del Govern y amenazan con romper el pacto con Mas

Endavant, sin embargo, continuará trabajando en la dirección de la CUP para recuperar sus principios y respetar los “acuerdos fundacionales de la candidatura”. A nivel interno, la organización radical convocará un “debate de movimiento durante este 2016 para asentar una estrategia y una táctica conjuntas que rompan con el ‘procesismo’ y las dinámicas institucionalistas que amenazan con paralizar gran parte de nuestro potencial rupturista”. A Puigdemont, pues, le espera un final de invierno y una entrada de primavera de lo más caliente.

Cataluña

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