LOS ‘DUROS’ DE CDC FUERON SUS GRANDES ENEMIGOS

Las luces y las sombras del ‘ministro’ catalán de Exteriores

Josep Antoni Duran Lleida ha renunciado a su cargo en Uniò después de los malos resultados electorales en las elecciones generales de diciembre y en las catalanas de septiembre

Foto: La sombra de Duran Lleida durante el anuncio de su renuncia. (EFE)
La sombra de Duran Lleida durante el anuncio de su renuncia. (EFE)

El viejo zorro se va de la política. La historia de Cataluña no se entendería nunca sin Josep Antoni Duran Lleida, un personaje que asomó su calvicie en todos los acontecimientos importantes de la transición. Aunque nacido en Alcampell (Huesca), Duran Lleida se sintió siempre catalán por los cuatro costados. Fue el sempiterno aspirante a ministro por la cuota catalana y se convirtió por méritos propios en el más importante enemigo de los independentistas e incluso del sector soberanista de sus socios de Convergència Democràtica (CDC). Fue el enemigo a batir. Los ‘estelados’ están de enhorabuena.

Desde que en 1982 lograra un escaño en el Congreso de los Diputados, fue asiduo del escaño. Hasta esa fecha, había sido primer teniente de alcalde en el Ayuntamiento de Lérida y en el primer Gobierno de Jordi Pujol fue nombrado director general de Asuntos Interdepartamentales (curiosamente, el mismo cargo con el que se estrenó también Oriol Pujol Ferrusola; sus carreras, en cambio, no circularon por los mismos carriles). Desde esa fecha, excepto una breve incursión como eurodiputado en 1986 y 1987 y como consejero de Gobernación de la Generalitat (entre 1999 y 2001), ejerció como diputado en el Congreso.

Coincidiendo con su llegada a Madrid, asumió la presidencia del comité de Gobierno de UDC de 1982 a 1984, manteniendo la presidencia del partido Miquel Coll i Alentorn hasta 1988. Luego, tras una presidencia de Joan Rigol, Duran tomó las riendas en 1990 y se convirtió en el indiscutido líder de UDC hasta este sábado. Paralelamente, fue vicepresidente de la Internacional Demócrata Cristiana y en 2001 fue elegido secretario general de CiU, cargo del que dimitió como protesta por la deriva independentista de Artur Mas.

Renuncia de Josep Antoni Duran i Lleida. (EFE)
Renuncia de Josep Antoni Duran i Lleida. (EFE)

En el Palace mantenía suite permanente para sus estancias en la capital española y se convirtió, por méritos propios, en el ‘embajador’ oficioso de Cataluña en Madrid. De hecho, Duran fue el eterno aspirante a ministro de Asuntos Exteriores, aunque esa carencia le fue compensada con la presidencia de la Comisión de Exteriores del Congreso, que mantuvo hasta hace pocos meses desde hace más de una década.

Los escándalos

Duran ha sido un superviviente nato. Durante su ‘reinado’, tuvo que hacer frente a dos clases de situaciones críticas que a punto estuvieron de jubilarlo como político. La primera de ellas fueron los sucesivos escándalos de financiación irregular de UDC. Uno de los episodios más sonados fue el ‘caso Pallerols’: el empresario Fidel Pallerols cobró millonarias subvenciones durante la década de los 90 y desviaba una parte de las mismas hacia Unió. El empresario y varios dirigentes del partido fueron condenados en 2013 por haber desviado casi 9 millones de euros del erario público. Duran dijo que si se demostraba la culpabilidad de su partido, dimitiría. Como si nada. Jamás lo hizo, a pesar de que la sentencia condenaba a UDC por haber recibido fondos.

Otro fue el denominado ‘caso Farreres’, parejo con el anterior, que acabó con la absolución del consejero de Trabajo, Ignasi Farreres, por el desvío de parte de esos fondos, pero con la condena del secretario general de la consejería, Josep Maria Servitje, y de Víctor Manuel Lorenzo Acuña, militante de Unió y concuñado de Josep Sánchez Llibre, la mano derecha de Duran.

UDC tiene otro ‘muerto’ en el armario: un sumario donde se acusa al partido de recibir fondos irregulares a través de la Fundación Cataluña y Territorio

Lorenzo ya había sido condenado en el denominado ‘caso Turismo’, otro escándalo de desvío de fondos similar en la consejería de Turismo. Las fundaciones que utilizaban trabajaban para el partido y se encargaban incluso de organizar los múltiples viajes de Duran al extranjero. El 7 de febrero de 2012, Duran se reunió con la recientemente nombrada vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría (el PP apoyaba entonces a Artur Mas en el Parlamento catalán), y diez días después, el Gobierno de Mariano Rajoy indultaba a los dos condenados (para que no tuviesen que entrar en la cárcel), en una polémica decisión. Se sospecha que por el ‘caso Treball’ se desviaron unos 44 millones de euros.

UDC tiene otro ‘muerto’ en el armario: un sumario donde se acusa al partido de recibir fondos irregulares a través de la Fundación Cataluña y Territorio. Este sumario salpica a dirigentes de UDC y el propio fiscal, en su acusación, sostiene que Unió se benefició de la trama “delictiva” que movió millones de euros en donaciones. El mecanismo era recibir servicios que luego pagaban empresas ajenas. De ese modo, no se ingresaba directamente el dinero, pero se pagaban los ‘vicios’. O la ‘fiesta’, si se le quiere llamar así.

Historia de amor/odio con Artur Mas

La otra situación crítica de Duran era su eterna lucha con los barones de Convergència. A nadie se le escapa que Duran, el socio democristiano, era la sombra de Jordi Pujol. Sabía que era difícil suceder a éste, pero se mantenía expectante junto a él para mantener su posición dominante en el seno de la coalición de Convergència i Unió (CiU). Su gran batalla fue primero contra el otro sempiterno aspirante a líder, Miquel Roca, a quien la familia Pujol logró desbancar de la carrera sucesoria para poner a Artur Mas como persona de transición hasta que uno de los suyos (Oriol Pujol Ferrusola fue finalmente el elegido) tomase las riendas del partido y de Cataluña.

Artur Mas, Ramón Espadaler y Duran Lleida en una comisión ejecutiva de CIU en 2014. (EFE)
Artur Mas, Ramón Espadaler y Duran Lleida en una comisión ejecutiva de CIU en 2014. (EFE)

Así pues, Duran tuvo que mantener pulsos con Miquel Roca y luego con sus sucesores. En el 2001, logró la entente cordiale con Artur Mas, cediendo a éste la presidencia de CiU y reservándose para sí mismo la secretaría general. Con Artur Mas, sin embargo, mantuvo a lo largo de los últimos tres lustros una historia de amor/odio constante: había periodos en que se hablaban por teléfono varias veces cada día y había temporadas en que pasaban meses sin dirigirse la palabra. Cada uno trataba de mantener el mayor poder posible de la plataforma política por excelencia, CiU.

El último lustro fue especialmente intenso: Duran fue nombrado una especie de delegado permanente en Madrid, la correa de transmisión del Gobierno de Artur Mas con el Gobierno central. Por tener, tenía hasta derecho a asistir a las reuniones del Govern con voz pero sin voto, una cosa inaudita hasta la fecha. Esa labor de correa de transmisión, no obstante, fue permanentemente boicoteada por un lado por la presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez-Camacho, que se arrogaba ser la interlocutora oficial entre ambos Gobiernos, y el entonces portavoz de la Generalitat y secretario general de Presidencia, Francesc Homs, cuya labor de zapa cortocircuitaba a menudo la labor de Duran: si éste negociaba en alguna dirección cualquier asunto, las informaciones que salían de Barcelona iban justo en la dirección contraria. Duran nunca había sufrido tanto como hasta ese momento.

Bestia negra de los soberanistas

Desde la caída de Jordi Pujol, Duran se convirtió en la bestia negra de los soberanistas de Convergència, que veían en el líder democristiano un estorbo para sus intereses. El apodo con el que se reeferían a él en privado era ‘El Calvo’ y las críticas acerbas a su moderación fueron constantes durante años.

Unió pasaba a ser la esposa olvidada que no pudo rehacerse a tiempo del desastre y que tanto en el 27-S como en las generales no logró ningún escaño

Pero con la deriva soberanista del ‘president’, Duran trató incluso de hacerse más imprescindible. Uno de los documentos confidenciales elaborados por la Unidad de Inteligencia del Gobierno en el otoño del 2012, dice, entre otras particularidades, que “Duran tiene como cometido mantener engañado al PP bajo la apreciación de que puede controlar a Artur Mas y de que sus planteamientos son sólo bravatas y que ‘todo está controlado’. Sorprendentemente, despacha incluso con el director del CNI temas muy sensibles y luego, en los círculos catalanes, les llama despectivamente ‘cloacas del Estado’”. El suculento informe destaca debilidades profesionales y personales del líder de UDC . Políticamente, subraya también que “mantiene contacto permanente con Mas y, en menor medida, con Oriol Pujol [en aquel entonces, secretario general de CDC], del que recela y teme por su padre, aunque no le respeta como futuro líder de CiU”.

En febrero del 2008, fue operado de un pequeño tumor maligno en el corazón, pero ni la enfermedad pudo doblegarle, acostumbrado a maratonianas sesiones de mítines y negociaciones. Pero, en julio de 2014, Duran decide tirar la toalla y dimite como secretario general de CiU. Era un aviso a navegantes, un gesto lo suficientemente elocuente como para decir a Artur Mas que la ruptura estaba cercana. Tuvo que pasar todavía un año para que la ruptura definitiva llegase, con una CDC obcecada en formar una coalición con ERC, la niña rica en votos independentistas, ante el 27 de septiembre. Unió pasaba a ser la esposa olvidada que no pudo rehacerse a tiempo del desastre y que tanto en las autonómicas de septiembre como en las generales del 20 de diciembre no logró ningún escaño.

Con el desastre, se apagó la estrella de Duran. Hace un año y tres meses, se dio de alta en el Colegio de Abogados de Barcelona para poder dedicarse a la profesión del Derecho, que es lo que estudió en su juventud. Treinta años después, el democristiano vuelve al tajo en el que nunca había trabajado. Sorpresas te da la vida.

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