entona EL MEA CULPA: “SEÑORÍA, SOY EL ÚNICO CULPABLE”

El mensaje oculto de Mas al tribunal: aviso a la CUP de que solo hay un ‘president’ posible

Durante su declaración, el dirigente catalán se negó a responder a las preguntas del magistrado. Tanto a la salida como a la entrada, pudo darse un baño de masas con políticos y ciudadanos

Foto: Artur Mas, president de la Generalitat de Cataluña, tras declarar ante el TSJC. (Reuters)
Artur Mas, president de la Generalitat de Cataluña, tras declarar ante el TSJC. (Reuters)

El presidente catalán, Artur Mas, no da puntada sin hilo. Su hiperexplotada declaración ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) de esta mañana fue la ocasión perfecta para erigirse como un nuevo ‘presidente mártir’. Pero fue un mensaje que no tenía un solo destinatario: fue un aviso a navegantes para el Gobierno español y otro para los radicales de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), cuyos votos son necesarios para investir a Mas como nuevo ‘president’. Es un pulso a todo el mundo. Porque, si no se sale de esto, el líder de Convergència solo pasará a la historia por haber roto la sociedad catalana y por haber hundido al principal partido catalán.

Fuentes cercanas a Convergència reconocen que “estas movilizaciones son un apoyo indiscutible a Artur Mas”, aunque eluden confirmar o desmentir que ese mensaje vaya dirigido directamente a la CUP, que es quien tiene que facilitar la investidura de Mas como ‘president’ dentro de pocos días.

Respecto a su estrategia de defensa, no hubo sorpresas y el ‘president’ se negó a responder a las preguntas de la Fiscalía y de la acusación particular, como hicieron el pasado martes la exvicepresidenta Joana Ortega y la consejera de Educación, Irene Rigau, las otras dos personas imputadas en este caso. Mas vino a decir que lo único que hizo fue “seguir el mandato del Parlamento” y que no entendía por qué tenía que estar sentado en el banquillo al haber tomado una decisión puramente política.

El paseo de Artur Mas, nueva exhibición de fuerza de los independentistas

Mas, como manifestó él mismo con posterioridad, se declaró culpable “de haber ideado e impulsado el proceso participativo. Soy culpable de haber escuchado a centenares de miles de personas que se han manifestado por las calles y plazas de Cataluña desde el año 2010. Soy culpable de haber escuchado al 90% de los ayuntamientos de Cataluña, que a lo largo de 2014 me pidieron que pusiera las urnas el 9-N. Soy culpable de haber obedecido diversas resoluciones del Parlament que pedían esa consulta. Y soy culpable de dar voz y voto a los ciudadanos el 25 de noviembre de 2012 y el 27 de septiembre de 2015 para recibir un mandato democrático que legitimase iniciativas posteriores”.

Mas dijo al juez que no entiende "que por haber actuado así tenga que estar declarando ante un tribunal y además con la opinión en contra de la Junta de Fiscales de Cataluña”. Afirmó que “por dar voz a la gente, debería estar declarando ante el Parlament, pero no ante un tribunal, y mucho menos en una causa penal”. El ‘president’ aseguró también que solo había intentado “conjugar los mandatos democráticos populares con los márgenes legales, vigentes o no; hay que adecuar esos márgenes a las nuevas demandas” y achacó las querellas a “la rabia de algunas instituciones del Estado ante el éxito de participación del 9-N y su eco internacional. Pero no hubo motivos jurídicos o de derecho”. Mas terminó con una máxima a la defensiva: “Habrá que ver si comportarse como un demócrata equivale a actuar como un delincuente”.

Ha nacido una estrella

De lo que no hay duda es de que las movilizaciones de hoy no son inocentes, ni mucho menos. Los presidentes de las principales organizaciones que han movilizado a sus huestes son de Convergència. Hubiese bastado un gesto del Gobierno catalán para que las concentraciones ante el Palacio de Justicia no se produjesen. Pero al Gobierno catalán no le interesa la desmovilización en estos momentos.

La llegada de Artur Mas al Palacio de Justicia estuvo sembrada de signos simbólicos. El lento paseíllo del ‘president’ por entre los suyos (movilizados desde el Gobierno aunque oficialmente se niegue) no es solo una expresión inocente: su gesto desde lo alto de las escalinatas, los cuatro dedos de la mano extendidos y el pulgar recogido (simbolizando las cuatro barras de la bandera, signo nacionalista), a su llegada y a su salida es la identificación de Mas con Cataluña. La historia se repite, y más si prestamos atención a los carteles con la cara de Artur Mas que enarbolaban muchos de los presentes.

El culto al líder no es una cuestión menor. Los actos estaban estudiados milimétricamente: el ‘president’ había de estar en el centro, rodeado por un primer cinturón integrado por su Gobierno y los miembros de la candidatura, Junts Pel Sí. Luego había una masa de alcaldes rodeándole con las varas de mando en alto. Y el tercer cinturón eran el resto de concentrados, que portaban retratos y banderas. En total, alrededor de un millar de personas perfectamente disciplinadas. Nadie se movió del guion, porque ello representaba una épica y plástica imagen que no se podía desaprovechar.

Los alcaldes hicieron un arco con los bastones de mando para que pasase Mas. (Reuters)
Los alcaldes hicieron un arco con los bastones de mando para que pasase Mas. (Reuters)

La salida no fue muy diferente de la entrada: el que los presentes eran “de casa” estaba fuera de toda duda, visto el reducido cordón de seguridad. Y todo estaba pensado: un baño de masas de Artur Mas era nececesario. De ahí que el coche oficial no le fuese a recoger a las puertas del tribunal: el líder necesitaba pasearse por entre la gente y por eso le hicieron desfilar luego bajo un arco formado por las varas de los alcaldes. Un recorrido de tres minutos se convirtió, por obra y gracia del interés gubernamental, en una caminata de tres cuartos de hora, entre gritos de “president” y de “in-inde-independència”.

El coordinador general de Convergència, Josep Rull, fue particularmente duro con la situación y determinó que la figura de Mas es poco menos que inviolable: “Este es un acto vergonzoso. Que el ‘president’ haya de comparecer es ignominioso, una auténtica vergüenza. Ningún tribunal le puede inhabilitar porque la democracia pasa por delante de cualquier otro elemento”. También Jordi Sánchez, presidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), manifestó que esta era “una movilización convocada por las entidades soberanistas. Los ciudadanos tienen el derecho democrático a manifestarse”. Y denunció lo que, a su juicio, es “una utilización de la justicia a favor de intereses partidistas y políticos”. También Quim Torra, el presidente de Òmnium Cultural, señaló que “esto es manifestarse en solidaridad con unos imputados que jamás habían de haber sido imputados. Han recibido un tratamiento vejatorio”.

Cataluña

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