"Dejad esa miopía política, no somos delincuentes, DICE EL ‘PRESIDENT’

Los independentistas convierten la Diada en el mítin central de Artur Mas

Mas dijo que los actos de la Diada nada tenían que ver con las elecciones ni con la campaña. Lo mismo dijo el cabeza de su candidatura, Romeva y los presidentes de ANC y Òmnium Cultural

Foto: Manifestantes en la manifestación de la Diada 2015 a la altura de la Meridiana de Barcelona. (EFE)
Manifestantes en la manifestación de la Diada 2015 a la altura de la Meridiana de Barcelona. (EFE)

Cataluña juega al despiste. Los independentistas catalanes convirtieron la Diada en el mítin central de su campaña electoral. Hasta ayer por la tarde, todos habían mentido. Artur Mas dijo que los actos de la Diada nada tenían que ver con las elecciones ni con la campaña. Lo mismo dijo el cabeza de lista de su candidatura, Raül Romeva. Y los presidentes de las dos entidades organizadoras de dichos actos prometían lo mismo: Jordi Sánchez, presidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), y Quim Torra, de Òmnium Cultural, insistían en que la Diada estaba totalmente desligada del proceso electoral y de la petición de voto.

Hasta que se subieron al escenario, claro, donde no se cansaron de pedir el voto y de reclamar la desconexión con España y la creación de la República Catalana. Luego, tras haber constatado que la manifestación había ido muy bien, Artur Mas sacó pecho y capitalizó el éxito, aunque dijo hablar como presidente de la Generalitat. Se dirigió al Gobierno español: “Tomad nota de lo que habéis visto, porque las imágenes hablan por sí solas. Dejad esa miopía política, ese orgullo imperial, no amenacéis con la ley como si fuésemos delincuentes, porque somos gente normal. Poned las leyes al servicio de la democracia, porque tenemos derecho a ser escuchados y ayudados en la implementación nuestros mandatos democráticos”.

Mas se dirigió al Gobierno español: “Tomad nota de lo visto, las imágenes hablan por sí solas. Dejad esa miopía política, ese orgullo imperial. No amenacéis“

Mas afirmó que la Diada (vea las mejores imágenes) le había producido orgullo (“Ha sido un ejemplo de compromiso con la libertad, de amor a la democracia, de civismo, de capacidad de movilización y un mensaje potentísimo de cara a Europa”, dijo), confianza (“Nos sentimos apoyados por estas movilizaciones”, subrayó) e ilusión (“No vamos contra nadie, ni contra el Estado español -deslizó en la alocución-, sino a favor de la democracia, de la dignidad, del respeto y de vivir mejor”). Lo dijo tras reunirse, a primera hora de la noche, con los organizadores de la manifestación para valorar los resultados. De ahí que saliese de la reunión eufórico y con visibles muestras de estar contento.

Que la convocatoria fue un éxito es de cajón. Jordi Sánchez, acostumbrado ya a decir y a desdecirse, no pudo evitar el anunciar que habían ido a la manifestación de ayer dos millones de personas. Lo mismo habían dicho el año pasado. Y militantes honestos de la sectorial Inteligencia por la Independencia pusieron luego los puntos sobre las íes: los dos millones que los organizadores dieron por buenos pasaron a ser poco más de 800.000. Y eso que incluso desde el Gobierno catalán se sigue insistiendo hoy en día en la abultada cifra que se dio al principio.

Un cálculo tramposo

En la mani de ayer puede pasar otro tanto. Las vistas aéreas no dejan lugar a dudas de que, por mucho que la televisión pública catalana dijese que las calles adyacentes a la Meridiana estaban llenas, no se veía en ellas ni un alma. Y los números cantan: 5,2 kilómetros de longitud por unos cuarenta metros de ancho de manifestación (ocho carriles de ancho, con lo cual el cálculo es suficientemente generoso) dan un total de 208.000 metros cuadrados. En ese espacio, los organizadores pretenden situar a dos millones de personas, lo que significa que tendrían que haber asistido… ¡10 personas por metro cuadrado! La propia Guardia Urbana de Barcelona rebajó posteriormente la exorbitante cifra a la también muy respetable de 1.400.000 manifestantes. La entidad antiindependentista Sociedad Civil Catalana (SCC) cifró los participantes en poco más de 600.000. La Delegación del Gobierno en Cataluña estimó entre los 520.000 y 550.000. La ANC debería recurrir de nuevo a su sectorial de Inteligencia para hacérselo mirar.

Lo cierto, pues, es que la convocatoria fue un éxito, pero no una exageración, como pretenden hacer creer los organizadores. El propio Jordi Sánchez, al dar la cifra, aludió a que había sido publicada por varios medios de comunicación. ¿Quién se la filtró a esos medios? Los organizadores, o sea, los suyos. Por tanto, da carta de naturaleza a una información que, en principio, había salido de sus filas y que por esa razón hubiese sido poco fiable.

Por otro lado, también es cierto que el acto de la Diada se convirtió, por arte de birlibirloque, en un acto de partido… o de candidatura. La presentadora del mismo ya lo advirtió desde el principio: “La Meridiana se convirtió esta tarde en la Avenida de la República Catalana”. Porque, añadió, “el 27 de septiembre hay elecciones y queremos decidir nuestro futuro como República independiente”.

El presidente de Òmnium Cultural abrió el fuego de los discursos y de las perlas políticas. Torra, cuya trayectoria no deja lugar a dudas (fue quien dijo que vimos ocupados por España desde 1714’ o que ‘los españoles sólo saben expoliar), ha desarrollado una considerable fobia hacia todo lo que tenga que ver con España. En su discurso apeló a los sentimientos más radicales. “Hemos vuelto a llenar las calles para reclamar que este pueblo quiere decidir su futuro. Este pueblo quiere volver a ser libre. Quiere lo normal y lo normal es tener un Estado propio. Lo malo es malvivir en un Estado que no es propio y donde recurren al miedo y a la amenaza. Ante nosotros está el proyecto político que necesitamos, que es el de la independencia”, clamó

“Nos queremos comer el mundo”

Torra sacó pecho ante los asistentes. “Nos queremos comer el mundo. No sólo queremos ser un poco libres o libres. Queremos comérnoslo. Queremos votar y votar la independencia. Queremos recobrar la independencia perdida”, subrayó, sin aclarar cuándo Cataluña había sido un Estado independiente. El dirigente de Òmnium avisó de que “el mandato democrático del 27S nos llevará a un punto irreversible y les digo a los futuros diputados que estaremos con vosotros cuando anunciéis el inicio del proceso de separación y cuando comencéis a redactar la Constitución de nuestra República”.

“Nos queremos comer el mundo. No sólo queremos ser libres. Queremos votar y votar la independencia. Queremos recobrar la independencia perdida”

También Jordi Sánchez estuvo sembrado. “Nosotros empujamos un cambio histórico en el mundo y en Europa. Todos nos observan Europa no nos dará la espalda. No puede dejarnos tirados, sobre todo al ver un clamor claro, neto y potente. Por tanto, están en nuestra manos. La cuestión no está en si podemos ganar la libertad, sino en si queremos. Si queremos ganarla, la tenemos al alcance”.

Sánchez, que se había llenado la boca sobre la imparcialidad de la manifestación y sobre su no posicionamiento ante las elecciones, comenzó su discurso afirmando que “queremos tener un Estado leal con la gente, que respete nuestros derechos como ciudadanos, que esté a nuestro lado. No queremos seguir formando parte del Reino de España ni un minuto más. No queremos un Estado que ya no nos representa. No creemos en un Estado que cambia las leyes para reducir nuestra capacidad. Por eso hemos decidido marcharnos y lo haremos con el mandato de las urnas”.

Jordi Sánchez y Raül Romeva, de Junts pel Sí, en los actos de la Diada. (EFE)
Jordi Sánchez y Raül Romeva, de Junts pel Sí, en los actos de la Diada. (EFE)

El máximo dirigente de la ANC prometió que “el nuevo país estará levantado sobre fundamentos democráticos y haremos unas instituciones libres de corrupciones. Los que estamos aquí estamos libres de corrupciones”, gritó. A los pies del escenario, impertérritos, estaban los máximos dirigentes de Convergència, cuya sede acaba de ser registrada por corrupción y Oriol Junqueras, cuyo partido también está siendo investigado por corrupción. ¡Y Artur Mas (CDC) y Junqueras (ERC) serán los pilares del nuevo Gobierno y de las nuevas instituciones que salgan de las urnas, tal y como han pactado con el propio Sánchez! Todos ellos, claro, componentes de la candidatura Junts pel Sí. O sea, todo queda en familia.

“No aceptaremos claudicaciones”

El presidente de la Asamblea aseguró que “estamos haciendo una revolución democrática porque no queremos seguir siendo súbditos del Estado español”, recordando a Artur Mas, que se expresó en términos muy parecidos hace escasas jornadas. Y pidió a los políticos “lealtad”. “Habéis de ser valientes -enfatizó-. No nos falléis porque tenéis a cientos de miles de personas apoyándoos para que este país sea libre. No aceptaremos claudicaciones ni falsas vías. Somos el movimiento democrático más potente de Europa y ganaremos la República Catalana”. A eso se le llama imparcialidad.

Por otra parte, TV3 ofreció a la oposición dedicar la mayor parte del domingo por la tarde a entrevistar a los líderes de los otros partidos para compensar la propaganda de Junts pel Sí con la Diada. En esa candidatura concurren CDC, ERC, ANC y Òmnium. Tras la publicación del plan propagandístico que pensaban hacer los medios públicos a favor de las tesis de Junts pel Sí, la Junta Electoral Central dictaminó TV3 y Catalunya Ràdio deberían compensar a las demás candidaturas. Fuentes de la oposición señalaron a este diario que “todavía no hay nada acordado, porque lo malo es cómo compensar siete horas de retransmisión. Eso no se arregla con dos entrevistas”.

Diada multitudinaria antes del 27-S

 

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