La movilización apunta a otro éxito de la ANC

La Diada, las comarcas y la nostalgia de la 'gauche divine'

Igual que en los años 70, los que se organizaban estaban en los barrios proletarios de las grandes urbes industrializadas; ahora la gente movilizada se encuentra en los pueblos de la Cataluña interior

Foto:  El presidente de la Generalitat y número 4 en la candidatura de Junts pel Sí, Artur Mas (i), y Raül Romeva (d). (EFE)
El presidente de la Generalitat y número 4 en la candidatura de Junts pel Sí, Artur Mas (i), y Raül Romeva (d). (EFE)

De tanto en tanto, algún socialista catalán de vieja raigambre peregrina hasta Bruselas. Y allí, lejos de los focos, se reúne con la persona que fue uno de los referentes del PSC tanto en gestión como en modelo político. Son encuentros con Ernest Maragall, el hermanísimo, el brazo ejecutor de las políticas geniales de Pasqual Maragall, el padre del olimpismo, el hombre que reformó el Estatut. Sólo que hoy el menor de los Maragall se sienta en un escaño de eurodiputado, tras haber pactado ir de número dos en la última europeas como independiente en la lista de ERC.

Según fuentes políticas cercanas al partido de la calle Nicaragua, los socialistas que le visitan buscan una explicación, entender cómo han llegado hasta aquí, a la situación desesperada en la que el PSC puede ser cuarta fuerza el 27S. Y lo hacen con el pionero en las listas de confluencia como Junts pel SÍ, plagada de ex altos cargos socialistas.

La pregunta que trasladan al hermano de Pasqual los socialistas en su peculiar romería es ¿por qué? Por qué, si el propio independentismo recela del pacto con Ernest Maragall, considerado un capricho personal del líder de ERC, Oriol Junqueras. A los que llegan hasta allí, Ernest Maragall les explica su razones, que son las de muchos que acudirán el próximo 11 de Septiembre a la Via Lliure que aspira a llenar la Meridiana para dar una imagen de unidad de movilización independentista ante el mundo.

Oriol Jonqueras, presidente de ERC, saluda Ernest Maragall. (EFE)
Oriol Jonqueras, presidente de ERC, saluda Ernest Maragall. (EFE)

Los argumentos de Ernest Maragall son que después de esta crisis la clase obrera ha quedado tan mermada que ya no existe o está desmovilizada. Y sobre el pasado glorioso del PSC rememora que “todo aquello pasó porque nosotros nos fuimos con los obreros”.

“Aquello” es la transición, la conquista del Ayuntamiento de Barcelona, las victorias socialistas en las que el PSC era el granero de votos de España. Y el “nosotros” es la gauche divine, los hijos de familias acomodadas que decidieron militar y liderar las políticas progresistas. Los Joaquim Nadal, Ernest Maragall y Marina Geli que hoy coquetean con el independentismo.

Y Ernest Maragall justifica este cambio porque igual que en los años 70 los que se movían estaban en los barrios proletarios, ahora la gente movilizada se encuentra en los pueblos. Y ellos, todos esos socialistas que ahora apoyan sorprendentemente a la lista de Artur Mas, sólo han ido dónde está la agitación activista: en las zonas rurales y, por ende, en el independentismo.

Autocares hacia Barcelona

Se calcula que más de 1.500 autocares trasladarán manifestantes de todos los pueblos de Cataluña hasta Barcelona para llenar la Meridiana. Si es necesario se contratarán autocares de empresas francesas. Sólo de Balaguer (Lleida), por ejemplo, saldrán seis autocares, dos menos que el año pasado porque cada filial de la ANC compite con sus hermanas por un autocar más. Autocar, autocar, ese oscuro objeto de deseo en la Diada.

Autocares en la Diagonal de Barcelona durante la Diada de 2014. (EFE)
Autocares en la Diagonal de Barcelona durante la Diada de 2014. (EFE)

Y eso sin contar cómo se reforzarán los trenes de cercanías, las autobuses de línea o todo lo que pueda traer manifestantes a la Via Lliure de la capital catalana. Será la cuarta gran manifestación independentista desde la Diada de 2012, tras la que Artur Mas vio la luz de secesión. Hay voces que empiezan a denunciar que este “independentismo de masas” no va más allá de recreaciones lúdico festivas. Pero a la espera de las autonómicas más plebiscitarias, la apuesta mantiene su tirón.

Ratón del campo, ratón de la ciudad

La Diada de este año tendrá éxito y, más aún, será otra victoria conceptual del campo sobre la ciudad. De ese mundo rural que inició un consulta independentista en 2009 en Arenys de Munt y que se convirtió en el germen del 9N. En ese municipio, con un 41% de participación, el SÍ ganó por el 96%. En 2011, la consulta equivalente en Barcelona tuvo una participación del 21% y el SÍ llegó casi al 88%. Desde el principio, la movilización por la secesión ha sido un pulso entre el campo y la urbe, entre las zonas rurales que intentan vivir como si el Estado español no existiera y las diez mayores ciudades de Cataluña, de Barcelona a Reus, que en las últimas municipales optaron por la única ciudadanía real y disponible.

En esta efervescencia, los viejos roqueros de la izquierda sienten nostalgia de los buenos tiempos, cuando ellos cambiaron el mundo. La misma del septuagenario Jordi Borja, exconcejal de Maragall y, hoy, uno de los artífices que ha colocado a Ada Colau en el Ayuntamiento de Barcelona. Por eso, el mismo prestigioso filósofo Xavier Rubert de Ventós ha pasado de avalar las políticas de Pasqual Maragall a manifestarse en la Plaça de Sant Jaume el día que Artur Mas dio un portazo en Moncloa con Mariano Rajoy y arrancó la carrera hacia la independencia. La única diferencia es que si hace 30 años ellos cambiaron el mundo, ahora el mundo los está cambiando a ellos.

Juntos por el Sí celebra su primer acto de precampaña

 

No, se equivocan los críticos de Raül Romeva, ex ICV, cuando le acusan de traidor por encabezar la lista de Junts pel SÍ. Romeva ha caído en la trampa, pero no en la de Artur Mas, sino en la de la nostalgia, en la de añorar los viejos tiempos cuando parecía que la canción protesta podía servir para algo.

Uno de esos socialista que cuenta el encuentro con el hermano veleta de los Maragall señala un aspecto clave: “Ernest sólo se equivoca en una cosa: de los pueblos nunca ha salido una revolución. Pero claro, ellos, los Maragall y compañía, nunca han tenido pueblo”.

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