EL NÚCLEO DURO DE CDC PREFIERE ROMPER EL PARTIDO A PARAR EL ‘PROCESO’

Mas ya tiene un plan para arrinconar a ERC y maniobrar a su antojo la hoja de ruta

El 'president' de la Generalitat ya está planeando una nueva estrategia que le permita actuar por libre las próximas semanas y sobre todo de cara a las elecciones autonómicas en septiembre

Foto: El presidente de la Generalitat, Artur Mas (c), el lider de ERC, Oriol Junqueras (i). (EFE)
El presidente de la Generalitat, Artur Mas (c), el lider de ERC, Oriol Junqueras (i). (EFE)

El periodo postelectoral se está convirtiendo en un máster sobre estrategia política. Apenas unas horas después de conocerse los resultados electorales, el presidente catalán, Artur Mas, ya tenía sobre la mesa varias peticiones para que aplazase las anunciadas elecciones “plebiscitarias” (autonómicas, en realidad) del 27 de septiembre. Y eso porque tras perder la ciudad de Barcelona, Convergència ha quedado en una posición demasiado débil. Pero el president diseña al milímetro una estrategia para arrinconar a sus socios republicanos y maniobrar a su antojo en las próximas semanas.

Y es que no todo está perdido. Es cierto que la culpa se quedó soltera, al menos en casa de Convergència i Unió (CiU). Eso es lo que se desprende de la reacción del líder nacionalista, que echa la culpa de los malos resultados de su formación al caso Pujol, a Pablo Iglesias y a la división del independentismo. Del secretario general de Podemos dijo ayer que se dedicó a viajar a Cataluña para acusar a los nacionalistas de ser “unos ladrones y unos corruptos. Eso es muy fácil, pero es como la Inquisición”. Mas arremetió contra Iglesias subrayando que “la violencia verbal acaba en violencia física. Y, de hecho, en los últimos días, me llegaron informaciones de que en Barcelona, en Rubí y en otros lugares hubo coacciones físicas”.

De lo que no hay duda es de que los resultados electorales de la principal fuerza catalana no fueron los esperados, y esos resultados han supuesto un escollo para el proceso independentista, especialmente porque los soberanistas han perdido Barcelona y CiU ha bajado más de 100.000 votos. Pero, a pesar de las alegaciones del president, ERC o la CUP, formaciones nítida y claramente secesionistas, multiplicaron resultados y se convirtieron en la segunda y la cuarta fuerza política de Cataluña respectivamente este domingo. En otras palabras, una de las premisas esgrimida por Mas es falsa a primera vista.

Manifestación a favor de la independencia de Cataluña. (Reuters)
Manifestación a favor de la independencia de Cataluña. (Reuters)

En Convergència, sin embargo, mantienen la fecha del 27 de septiembre como el próximo hito del proceso. “Habrá elecciones sí o sí. No contemplamos otra alternativa y tenemos una hoja de ruta muy clara. CiU somos la primera fuerza municipal, hemos ganado claramente las elecciones a pesar del escándalo Pujol y tras cuatro duros años de recortes y seguiremos impulsando el proceso”, asegura a El Confidencial un miembro de la cúpula de CDC. Incluso hay un núcleo duro convergente que prefiere que el partido pierda votos si el proceso se mantiene. “Hay que arrimar el hombro y tirar del carro. Sin Convergència no es posible tirar adelante el proceso”, arguyen algunas fuentes consultadas por este diario.

Complicado dilema

Pero Artur Mas tiene ahora ante sí un complicado dilema: tras la pérdida de la ciudad de Barcelona, su proceso pierde fuelle. Necesitaba retener la capital catalana contra viento y marea para culminar su propio proceso, en el que marca la pauta sobre ERC. Amplios sectores de su partido e incluso sus socios de Unió Democràtica (UDC) son partidarios de aplazar las elecciones previstas para septiembre ante el bajón de CiU. Si ahora ha sido de 100.000 votos, a comienzos de otoño y en el contexto de unas autonómicas, la bajada puede ser de órdago.

Mas ha resistido los primeros envites de los partidarios del aplazamiento electoral. Y eso porque su gran problema es que ha prometido elecciones el 27 de septiembre y ha firmado un compromiso con ERC para que así sea. Si no mantiene su palabra, esta no valdrá para nada en el futuro. Y el president ha de tener, sobre todo, palabra.

Ante el dilema, los asesores de Mas estudian cómo salir del lío. Artur Mas echó ayer la culpa de la pérdida de Barcelona a que no había lista conjunta. “Son las consecuencias que advertí cuando señalé la necesidad de una lista unitaria. La división del voto soberanista hace que la alcaldesa sea de otra formación”.

En Convergència mantienen la fecha del 27 de septiembre como el próximo hito del proceso: “Habrá elecciones sí o sí. No hay otra alternativa"

La estrategia se centrará, ahora, en intentar una huida hacia adelante. Para empezar, cobra fuerza su propuesta de candidatura única. En ese empeño, le ayudarán la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, aunque a ERC no le haga ninguna gracia. Es más: los republicanos saben que yendo por libre pueden obtener los mejores resultados de su historia en unas autonómicas. Por el contrario, Artur Mas sabe que con una lista unitaria disimularía el bajón de CiU y, en todo caso, si no logra convencer a una mayoría secesionista se repartiría las culpas con Esquerra.

Pero hay más: el president avisó a ERC que la hoja de ruta no está cerrada. Les lanzó un mensaje en el sentido de que “es necesario agrupar los esfuerzos en determinados momentos excepcionales”. Pero no está dispuesto a ponerse bajo el yugo republicano: quien manda es él y quien tiene potestad de convocar las elecciones es él. En esa tesitura, Esquerra tiene que hacer sacrificios, como, por ejemplo, deber obediencia si quiere que se mantengan los pactos.

“Los pactos firmados son cosa de dos, no de uno. Artur Mas ha cumplido todo lo que firmó, pero ERC no y así hemos perdido varias votaciones en el Parlamento”, explica a El Confidencial una fuente interna de Convergència. Además, Artur Mas exige a los republicanos que no cierren pactos municipales con fuerzas que no apoyan el proceso. Trata, con eso, de ponerlos en un aprieto, puesto que veta frentes de ERC con PSC, que es lo que más teme. “Si a la primera de cambio comienzan a hacer nuevos tripartitos a nivel local, es que yo no entiendo nada”, avisó a Esquerra.

Si estas premisas no se cumplen, el president dará por roto el pacto firmado con los republicanos y entonces sí tendrá las manos libres para mover la fecha de las elecciones a su antojo. Una estrategia inteligente que pone a ERC contra las cuerdas y da oxígeno a una CiU en horas bajas.

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