"oía voces desde hace tiempo"

Lunes negro en Barcelona: “Yo estaba en shock. Cuando lo vi, dije: ¡Adiós, vida!”

Los alumnos del instituto Joan Fuster de Barcelona rememoran el inesperado asalto del joven de 13 años que acabó con la vida de uno de sus profesores

Foto: Personal de los Servicios Funerarios y del juzgado de guardia retiran el cadáver del profesor. (EFE)
Personal de los Servicios Funerarios y del juzgado de guardia retiran el cadáver del profesor. (EFE)

“¿Qué haces? ¿Qué haces, tío?”. Estas son las palabras que resonarán durante mucho tiempo en los pasillos y las aulas del instituto Joan Fuster de Barcelona, en La Sagrera, un barrio popular colindante a la futura y flamante estación del AVE de Barcelona. Una grabación de una alumna enviada por móvil horas después lo explica con pelos y señales.

“Estábamos tranquilamente haciendo la clase con la profesora de castellano y entonces M. picó a la puerta y la profesora le dice: ‘No puedes entrar, porque llegas 15 minutos tarde’. Entonces, M. pega una patada en la puerta y con una pistola o una ballesta, dispara a la profe y le da en el ojo y la profe comienza a correr hacia otras clases. Después, el M. apuñala a una nena y un amigo suyo comienza: ‘¿Qué haces? ¿Qué haces, tío?’. Entonces, apuñala también al amigo. La L., que era amiga suya, estaba a tope de nervios”. Fue L. quien entró en las otras clases y alertó a sus compañeros: “El M. se ha vuelto loco. Por favor, iros ya, os va a matar a todos”.

Los testigos relatan cómo ha sido el ataque del menor con la ballesta

El agresor entró en la clase colindante  en medio del caos. “El M. había hecho una lista negra de los que quería matar y eran casi todos del Sagrer (sic) y un montón de profesores. O sea, iba en contra de todos los profesores y de todos los del Sagrer. Y seguramente estábamos en aquella lista. La L. era la primera”. Los alumnos comenzaron a correr. Salieron los de todas las clases de segundo de ESO mientras sonaba la alarma y muchos estudiantes comenzaron a llamar a la Policía. Según esa testigo, llevaba “dos cuchillos, una ballesta y un cóctel molotov”.  El relato es desgarrador: “Lo he pasado supermalamente. Es que no me lo creía. Yo estaba en shock y cuando lo he visto, dije ‘adiós vida’, ¿sabes?”. No era para menos. “Yo [estaba] acojonada, porque siempre le caí muy mal”. El joven asaltante, según ese testimonio, disparó varias veces y hubo unos cinco heridos, además del profesor muerto.

Tras el episodio, consternación y dolor es lo que sienten la mayoría de los vecinos del barrio de La Sagrera por el luctuoso suceso ocurrido ayer en el instituto. Un miembro de los Mossos d’Esquadra rememora, por su lado, que “hoy [ayer para el lector] hace 16 años de la matanza de Columbine”.

“Oía voces”

No es lo mismo. Salvando las distancias, la matanza en Columbine ocurrió el 20 de abril de 1999. Eric Harris y Dylan Klebold irrumpieron con armas automáticas en el instituto de secundaria de Columbine (en Littletown, Colorado) y asesinaron a 13 personas (12 estudiantes y un profesor), hirieron a otras 24 y se suicidaron posteriormente. Barcelona revivió esa historia ayer, pero con la salvedad de que sólo hubo un fallecido, un joven profesor leridano de 36 años que llevaba 15 días de sustituto.

El agresor tenía una lista negra de compañeros y profesores del instituto

M., el chaval de 13 años que asaltó el centro a primera hora de la mañana, no había tenido problemas graves. Al menos, eso es lo que dicen en el colegio. “Era un crío normal. Parece que llegó una hora tarde y con la clara intención de matar a quien le caía mal”, explica a El Confidencial el padre de uno de los alumnos del centro. En un primer momento, se dijo que llevaba una lista de 25 personas con las que quería ajustar cuentas, pero esa información fue desmentida posteriormente. Sí había comentado a algunos amigos que algún día se cargaría a los profesores.

La de Literatura especialmente, que fue la primera a la que atacó. En defensa de la docente salió su hija, alumna que también fue atacada con el machete que llevaba. El que se llevó la peor parte fue el sustituto de Sociales, que falleció tras ser apuñalado en el pecho. El director del colegio intentó ayudar a los atacados. Quiso reanimar al profesor malherido mientras gritaba a los alumnos que corriesen, que no se quedasen allí. A esas horas, el profesor de gimnasia ya había logrado reducir al joven Rambo.

Fuentes consultadas por El Confidencial afirman que “hace tiempo que decía que oía voces, pero nadie le daba importancia a esos comentarios”. Esas voces, parece ser, le llevaron a un callejón sin salida.  De ahí que cogiese la ballesta y se fuese al colegio a ajustar cuentas con su entorno. En el barrio de La Sagrera, corren comentarios para todos los gustos sobre la naturaleza del mal que aquejaba al joven. Pero no hay indicios de que fuese un niño maltratado ni hubiese sufrido episodios de buylling (acoso escolar). Ni siquiera estaba considerado un alumno conflictivo.

Un alumno de 13 años mata a un profesor con una ballesta en un instituto en Barcelona

“Ha corrido la voz de que su madre es enfermera y su padre, un psicólogo especializado en niños conflictivos”, dice otra de las fuentes consultadas por este diario. Nadie confirma el dato, pero sería paradójico. En casa de herrero, cuchillo de palo. Ni su padre pudo prever el conflicto interno que podía tener su hijo. Tampoco lo hicieron los profesores del Joan Fuster, a quienes el suceso dejó helados y fuera de juego.

Que el chico era especial está ya fuera de toda duda. Pero ahora se abre un agrio debate ciudadano sobre qué hacer con menores que cometen este tipo de actos. Para empezar, el protagonista no pisó siquiera dependencias policiales. Y, debido a su edad, tampoco la fiscalía de menores, hacia donde pretendía ser dirigido por los Mossos d’Esquadra, se quiso hacer cargo de él. Así, fue desviado a los servicios de la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia (DGAIA), y se someterá a un programa de reeducación, según ha explicado la directora general del organismo, Mercè Santmartí.

Emocionado homenaje al profesor asesinado por un alumno en Barcelona

El protocolo consiste en hacer un seguimiento al menor con el trabajo de profesionales educativos y psicólogos que puede durar “tanto tres sesiones como diez”, y siempre con una segunda evaluación antes de dar por acabado el tratamiento. El objetivo de la Dirección General de Atención a la Infancia y Adolescencia (DGAIA), organismo que se encarga de los asuntos conflictivos de menores, es el de "prevenir que estos casos se puedan repetir a través de un trabajo de mediación y reparación psicológica", ha indicado Santmartí.

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