Artur Mas acaba peleándose con Alicia Sánchez-Camacho en la ‘Comisión Pujol’
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REPROCHES MUTUOS INCLUSO A MICRO CERRADO

Artur Mas acaba peleándose con Alicia Sánchez-Camacho en la ‘Comisión Pujol’

El presidente catalán acabó lanzándose reproches con la presidenta del PP catalán en la Comisión Pujol, donde ésta pidió su dimisión por incompetencia

Foto: Artur Mas acaba peleándose con Alicia Sánchez-Camacho en la ‘Comisión Pujol’
Artur Mas acaba peleándose con Alicia Sánchez-Camacho en la ‘Comisión Pujol’

Prometía ser una comparecencia de guante blanco, pero las cosas se torcieron. El presidente catalán, Artur Mas, acabó lanzándose reproches, insinuaciones y acusaciones contra la presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez-Camacho, en la Comisión Pujol del Parlamento catalán, donde esta pidió su dimisión por incompetencia “al decir que no sabía nada de lo que se le ha preguntado”. Mas dijo que comparecía voluntariamente. En realidad, le había dado un pequeño empujoncito ERC: en cuatro ocasiones le había salvado el cuello, pero ante las evidencias y la nefasta imagen pública que los de Oriol Junqueras estaban dando, los republicanos pidieron ellos mismos la comparecencia del president.

Fueron casi cinco horas de sesión. Los grupos políticos le preguntaron sobre los temas estrella que le podían afectar: relación con la familia Pujol, papel de Convergència en el caso Palau, conexión de Artur Mas con las cuentas que su padre tenía en Liechtenstein y su papel en el caso ITV, por el que tuvo que dimitir Oriol Pujol. Artur Mas estuvo hábil y no rehuyó ninguna pregunta.

Contestó a las más personales y a las menos personales: afirmó que en el caso Palau no hubo financiación irregular de su partido y que se enteró de que la Fundación de CDC tenía un convenio firmado con el Palau por el que había recibido más de 600.000 euros pero mediante contrato, declarados a Hacienda y pagando los impuestos. “Aun así, por una cuestión de estética, ordené que se reembolsase ese dinero al Palau”, subrayó. Pero no supo responder a si CDC se lucró con 5,5 millones de euros en comisiones ilegales sólo de Ferrovial. El juez le exigió a la formación de Mas una fianza de más de 3 millones de euros y CDC puso la sede del partido como aval. “Seamos estrictos: no es que la sede esté embargada. Es que la hemos puesto como aval”, recriminó a sus oponentes.

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Reconoció que a finales de los años 80 supo que su padre tenía cuenta en Liechtenstein (no supo contestar a la pregunta de cuánto dinero había y de dónde provenía). Él fue beneficiario, nada más. Cuando murió su progenitor, hace tres años, se repartió la herencia y él no recibió ni un céntimo en forma de donación o de sucesión de esa herencia. Quedó en el aire cómo se repartió, si sigue teniendo fondos en Luxemburgo, si estos son gestionados por alguien de la familia o si sigue siendo beneficiario de la cuenta.

Se desmarca de Oriol Pujol

Negó también que hubiese facilitado el camino a la trama de las ITV, el grupo de amigos de Oriol Pujol que pretendía hacer prósperos negocios convocando un nuevo concurso de estaciones de ITV, creando nuevos impuestos y haciéndose con las concesiones de auditorías energéticas o cobrando por asesorar en deslocalizaciones. Aquí se desmarcó de Oriol Pujol. “Intervine en negociaciones para relocalizar grandes compañías porque me lo pidió el presidente de un grupo parlamentario [Pujol era el líder parlamentario de CiU]. Cuando se me pide que reciba a alguien para salvar a una empresa, lo hago. Normalmente, esa intervención se hace de buena fe. Lo que no sabemos es si luego hay quien saca provecho personal de ello”, se limitó a decir.

Y, por último, se declaró “hijo político” de Jordi Pujol, de cuya herencia no reniega, aunque aseguró que su confesión le supuso “sorpresa y decepción”. Pero justificó que no había notado nada en su conducta que revelase su gran secreto de cuentas en el extranjero: “Ni su familia directísima lo sabía”, enfatizó.

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Fue la portavoz de CiU en la comisión, Meritxell Borràs, quien abrió la caja de los truenos. En su alocución, no preguntó a Artur Mas sobre fraude fiscal o corrupción: se limitó a atacar uno por uno a los portavoces del resto de los partidos porque consideró que con la comparecencia del president sólo querían desgastarlo. Pero, en especial, apuntó directamente contra el PP, “ese partido que tiene a tres tesoreros en prisión (sic): Naseiro, Lapuerta y Bárcenas, que tiene una ministra que tuvo que dimitir por corrupción, Ana Mato, y que tiene a un presidente como Rajoy que cobraba en negro”.

Luego, la emprendió directamente contra Sánchez-Camacho, que no fue al Parlamento a dar explicaciones por la conversación que le grabaron en el restaurante La Camarga con Victoria Álvarez, exnovia de Jordi Pujol Ferrusola (el PP siempre ha sostenido que la líder del partido fue víctima de espionaje en ese caso, no autora de nada, por lo cual no tiene la obligación de comparecer). Borràs le recriminó que ataque a Mas en esta comisión cuando ella no comparece en comisión y su partido vota en contra de comisiones de investigación en el Congreso. “Usted debería estar escondida debajo de la mesa, señora Camacho, porque usted sí que ha de responder de muchísimas cosas”.

A tortazo limpio

La presidenta popular cayó en la trampa y, en su turno de réplica, elevó el tono de sus críticas. Exigió a Mas explicaciones por una carta que envió en 2002, siendo conseller en cap (consejero jefe) al consejero de Medio Ambiente pidiéndole que desbloquease el permiso de cinco parques eólicos. Quería demostrar la mala praxis del convergente. “Si todo lo que tiene contra mí es eso, señora Camacho, vaya chasco. Es que no tiene nada”, dijo Mas, obviando que en aquel momento los parques tenían denegado el permiso de apertura por los informes medioambientales en contra y que por obra y gracia de Oriol Pujol Ferrusola (secretario de Industria) y de él mismo, se obviaron las trabas “administrativas” y se abrieron los parques en un tiempo récord. Claro que todos ellos pertenecían a prohombres de Convergència y algunos presentaron informes medioambientales complementarios firmados por la empresa de Pere Pujol Ferrusola.

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Sin embargo, en esa recta final de la comisión, el president ya se había desembarazado del guante blanco y fue a por su oponente. “Me ha parecido que hablaba usted de Javier de la Rosa. Me pareció que pronunciaba su nombre. Quizá tendría que explicar cómo realizaron el montaje de unas declaraciones de ese señor”, le recriminó el president entrando al trapo contra la popular. No hay que olvidar que en el año 2012, Javier de la Rosa declaró ante la UDEF cómo ayudó a Jordi Pujol a abrir cuenta en Suiza. Poco después, según sus declaraciones, fue amenazado por Jordi Pujol i Soley en persona, y se negó a ratificar la denuncia.

“Esta cámara está para preguntarle a usted. Yo jamás conocí a Javier de la Rosa, aunque creo que usted sí tuvo relación con él. Y ese señor denunció una serie de amenazas del entorno íntimo de Jordi Pujol. ¿Por qué no explica qué hacía por ustedes tanto el señor Javier de la Rosa como el señor Martorell? Venga y demuestre cómo hacían la persecución política”, le contestó Sánchez-Camacho. Se refería la presidenta del PP a los tejemanejes de De la Rosa cuando era el “empresario modelo” de Jordi Pujol y a Xavier Martorell, que encargaba informes políticos a la agencia Método 3, supuestamente para Convergència, que luego pagaba el Barça.

Mas, a esas alturas, ya estaba encendido, dando mandobles a diestro y siniestro. Ambos estaban ya inmersos en una pelea a tortazo limpio. Dialéctico, claro. “La veo muy excitada. Si por cuatro insinuaciones se altera tanto, esto va a acabar como el rosario de la aurora –matizaba el president intentando esbozar una sonrisa–. Le recomiendo serenidad, tranquilidad. Ya dará usted explicaciones en la Cámara. Pero en el formato que decidamos, no en el que usted quiere. Y respecto al señor De la Rosa, si dice que no lo conoce, pues yo tampoco. Pero a lo mejor lo conoce usted más que yo…”

Deprisa y corriendo, el presidente de la comisión, David Fernández (CUP), trataba de mediar para poner paz y cerrar la comparecencia, pero los dos políticos, incluso a micro cerrado, continuaban con sus reproches, descalificándose mutuamente. Un final para olvidar.

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