Cataluña: paisaje después de la batalla
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"¿España sin cataluña", último LIBRO DE JOAN TAPIA

Cataluña: paisaje después de la batalla

El periodista Joan Tapia publica un dietario sobre el periodo transcurrido entre la manifestación del 11 de septiembre de 2014 en Barcelona y el polémico 9-N

placeholder Foto: Actos a favor de la consulta del 9N, en Barcelona. (AP)
Actos a favor de la consulta del 9N, en Barcelona. (AP)

El periodista Joan Tapiaha sacado a la luz undietario (Editorial Península)*sobre el periodo transcurrido entre la gran manifestación del 11 de septiembre de 2014 en Barcelona y la votación del polémico 9-Nen Cataluña.Bajo el título "¿España sin Cataluña?", Tapia desgrana y analiza, día a día, los acontecimientos más importantes del periodo referido: las diferencias entre Artur Mas y Oriol Junqueras en el debate en el Parlament, la firma de la convocatoria del 9-N por el president, la suspensión de la misma por el Tribunal Constitucional, la aceptación de la Generalitat, la división que esta circunstancia origina entre los partidos soberanistas, la reacción de Mas proponiendo el proceso participativo, el recurso de Rajoy ante el nuevo 9-N, las protestas posteriores y la participación de 2,3 millones de catalanes en la votación.

La obra está salpicada de detalles sobre el independentismo, la crisis social en España, los posicionamientos del presidente del Gobierno y de Pedro Sánchez yla creciente presencia de Podemos en el escenario político nacional, así como de circunstancias aledañas al proceso soberanista como la dimisión de Alberto Ruiz-Gallardón, las muertes de Boyer y Botín, las tarjetas de Caja Madrid, la crisis del ébola, el refréndum de Escocia, la quiebra de Spanair o el escándalo de la familia Pujol.

A continuación, reproducimós íntegro el Epílogo de la obra de Joan Tapia

"Paisaje después de la batalla"

"Al cerrar noviembre se puede hacer un balance provisional de lo que ha pasado en Cataluña en los sesenta días transcurridos entre la tercera gran manifestación del Once de Septiembre y el 9-N. Y de intentar explorar las líneas del futuro posible:

1) Artur Mas no ha podido hacer la consulta sin efectos jurídicos pero con consecuencias políticas que quería. Pero ha hecho una pseudoconsulta contra la voluntad del Estado que ha transcurrido de forma ordenada, con normalidad y notable participación. Ha tenido, pues, un éxito parcial que ha afianzado su posición.

2) En especial ha salido reforzado como líder del catalanismo independentista, ya que la pseudoconsulta no se hubiera podido celebrar sin la colaboración de organizaciones independentistas transversales como Òmnium y la ANC. Sin los cuarenta mil voluntarios independentistas -un potente movimiento de masas- el 9-N no habría existido. Así pues, sale reforzado frente a otros líderes políticos, pero también condicionado por la alianza con la ANC y Òmnium.

3) En su primera conferencia de prensa tras el 9-N, Artur Mas ofreció negociar tanto las 23 demandas que presentó a Rajoy en su última reunión el pasado 30 de julio como la celebración de un referéndum. La respuesta de Rajoy fue que si era para discutir la soberanía nacional no hacía falta hablar, y punto. Habría sido más inteligente -y generado más complicidad en Cataluña- abrirse a negociar las 23 demandas y a dialogar, punto. Pero quizás Rajoy no quería tanto la simpatía catalana como parecer fuerte y firme al nacionalismo español y a su partido.

4) Por otra parte, la querella de la fiscalía (rodeada de todo tipo de incidentes) puede reforzar la figura de Artur Mas como víctima de los poderes del Estado. Electoralmente le favorece y da la imagen de que el Estado español no comprende que 2,3 millones de catalanes hayan querido votar. ¿Son «colaboradores necesarios» del delito de Mas?

5) En su rápida visita a Barcelona, el sábado 29 de noviembre, Mariano Rajoy ha reafirmado su deseo de diálogo pero siempre dentro de la normativa constitucional vigente. Al parecer, Rajoy -con serios problemas políticos aparte del catalán- prioriza ahora los resultados del PP en las elecciones municipales y autonómicas de mayo que serán la antesala de las legislativas de final de año. Una negociación seria de las demandas catalanas, con la flexibilidad precisa por ambas partes, parece, pues, difícil antes de principios de 2016.

6) Mas tiene, por tanto, el horizonte de negociación con Madrid bloqueado -y al Gobierno español de uñas porque cree que el 9-N fue engañado- y debe tomar decisiones difíciles en los próximos días o semanas: convocar unas nuevas elecciones -serían las terceras en poco más de cuatro años- o intentar agotar la legislatura, en condiciones complicadas, para esperar a negociar con el nuevo Gobierno español -que quizás sea de otro color- a principios de 2016, cuando todavía le quedaría casi un año de legislatura.

7) La elección no es fácil porque los datos del 9-N indican que el independentismo es fuerte y está muy movilizado pero no tiene las mayorías suficientes para exigir la independencia. El 9-N contabilizó un techo independentista de 1,8 millones de catalanes. Es justo la mitad de los electores que acudieron a las urnas en las últimas elecciones catalanas de 2012. El independentismo es, pues, potente pero no puede imponer sus tesis al otro hemisferio catalán -el no independentista- que es muy diverso. Las recientes encuestas -todas- dicen que la suma de la actual CiU y ERC no tienen garantizada la repetición de la mayoría absoluta. Y los resultados podrían ser peores si CiU y ERC concurrieran en una lista conjunta, que es la idea de Mas. El presidente ha ganado la batalla del 9-N pero el paisaje posterior tiene las mismas dificultades -o incluso más- que el anterior.

8) El catalanismo -mayoritario o no- ha sido la corriente política decisiva de la política catalana desde principios del siglo pasado. Sin su presencia y sus propuestas en clave positiva (a su manera, Cambó, Macià-Companys, Tarradellas, Pujol y Maragall-Montilla lo demuestran) no hay política catalana. Y la española -en el marco de un sistema democrático- se ve abocada a un serio problema. El conflicto es hoy más grave que nunca porque, por razones diversas, una parte muy significativa del catalanismo ha abrazado la apuesta independentista.

9) Toda la acción política de Artur Mas desde que en 2003 CiU no logra formar Gobierno -pese a haber sido la primera fuerza- va dirigida a recuperar el poder y el liderazgo del catalanismo que Jordi Pujol consiguió en las primeras elecciones catalanas de 1980. Por eso pone pólvora en la preparación del nuevo Estatuto intentando romper el pacto PSC-ERC, por eso luego negocia y pacta con Zapatero el Estatuto que aprobará Madrid, por eso acentúa su nacionalismo contra el tripartito y especialmente tras la sentencia del Estatuto, por eso abraza el derecho a decidir en 2012 y el independentismo tras el pacto de legislatura con Junqueras. Pero pese a ello -y pese a haber ganado la batalla del 9-N-, Artur Mas no ha logrado ni ser el líder indiscutible del catalanismo (la ERC de Junqueras le cuestiona tanto la ideología como el liderazgo) ni recuperar la fuerza electoral del pujolismo. Pujol conseguía mayorías absolutas (más de 68 diputados), mientras que Mas tiene ahora sólo 50 y las encuestas le dan un máximo de 40 en las próximas elecciones. Y la CiU de Pujol no era independentista, sino que encarnaba un catalanismo amplio y posibilista que quería pescar en todos los electorados (Pujol lo definió alguna vez como un partido atrapa-todo).

10) Sin la «conversión» de Artur Mas una parte significativa del catalanismo amplio y centrista no se habría hecho independentista, pero Artur Mas no es -ni de lejos- la única causa de este fenómeno, que bebe también del intento de la derecha española de revisar, por la vía de los hechos, perspectivas que la Constitución de 1978 abría a las esperanzas catalanas de un mayor autogobierno.

11) Cataluña es diversa, plural, compleja. El independentismo es fuerte y está muy movilizado, pero en Cataluña hay otros hemisferios quizás no tan fuertes y desde luego menos cohesionados. Uno de ellos -importante porque tradicionalmente era el dominante y por su potencialidad- es el del catalanismo no independentista que pervive en Unió Democràtica, el PSC e ICV y en personas y grupos que guardan silencio de CDC. Otro hemisferio activo es el de la Cataluña menos catalanista, o no catalanista, o que incluso reacciona contra lo que cree excesos del nacionalismo. Está básicamente en el PPC y Ciutadans. Y finalmente hay otro hemisferio para el que la prioridad no es el catalanismo o el no catalanismo, sino la pulsión por la protesta y el cambio social que está emergiendo en las encuestas en la fuerte intención de voto a Podemos (que conecta con un fenómeno similar español), y cuyos líderes no son catalanes. Todo ello sin olvidar el importante hemisferio de ciudadanos que priorizan su vida particular u otras cuestiones y que tienen un interés limitado por la política o incluso se declaran apolíticos. Y Mas y el independentismo se equivocan gravemente si creen que pueden ningunear estos otros hemisferios catalanes.

12) En estos momentos parece que el independentismo no tiene ni la fuerza ni las complicidades internacionales suficientes para imponer su solución. Pero lo más probable es que siga siendo el eje central de los gobiernos catalanes. Por otra parte, los gobiernos españoles recientes -el de Zapatero y el de Rajoy- no han logrado ni la unidad suficiente, ni la inteligencia política precisa, ni el apoyo electoral catalán necesario para que Cataluña acepte un marco basado en la Constitución de 1978 con los límites fijados por la sentencia del Constitucional de 2010 sobre el Estatuto.

13) Parece, pues, que cualquier negociación seria -no digamos solución- a la cuestión catalana no podrá plantearse hasta que se defina el nuevo mapa político español tras las elecciones de 2015. Y no hay ninguna garantía de que entonces la solución sea fácil. Porque el sistema político español puede ser más complicado o porque la política catalana puede haberse radicalizado y/o fragmentado.

14) Seguramente la solución exige un acuerdo previo entre los dos grandes partidos españoles (suponiendo que el bipartidismo imperfecto siga vigente) para una negociación con las fuerzas catalanas en busca de un punto de encuentro razonable que tenga apoyo mayoritario en Cataluña. Hasta ahora no ha sido así porque el PP (Aznar) utilizó la cuestión catalana contra Felipe González, luego Aznar pactó con CiU para tener mayoría contra el PSOE, más tarde Zapatero negoció un nuevo Estatuto con Cataluña sin contar con el PP, cosa que por otra parte era casi difícil porque el objetivo del PP entonces era echar a Zapatero, el usurpador... Y el PP hizo del Estatuto un eje de su batalla contra Zapatero. Es evidente que el cainismo político español ha contribuido mucho a lo que José Montilla definió como la creciente desafección de Cataluña.

15) El diagnóstico pesimista, pensar que el conflicto es crecientemente insoluble y que la orteguiana conllevancia se está agotando y vamos hacia la ruptura o el enquistamiento, no es inevitable. Pero las soluciones simplistas de Barcelona o de Madrid, pensar que Cataluña está a un paso de la independencia, o de que los catalanes se olvidarán del problema porque Pujol es un corrupto y Mas está a punto de perder, todavía se ajustan menos a la realidad.

16) Sería necesario un nuevo pacto constitucional -que aborde con nuevos criterios la relación del Estado y Cataluña- porque el pacto de 1978 se ha ido degradando. Pero no será un pacto fácil ni será suficiente la buena voluntad (positiva) que predica Pedro Sánchez. Hay que considerar que el pacto constitucional de 1978 seguramente se vio favorecido porque el imperativo europeo exigía un sistema democrático en España, porque la derecha española que salía de la dictadura (la UCD y Fraga) estaba acomplejada y conocía ese imperativo, porque la izquierda (PSOE y PCE) había padecido un largo periodo de ostracismo y porque el catalanismo creía que podía ser una fuerza motriz en la modernización y democratización de España. Hoy tenemos otros activos, pero carecemos de las esperanzas y los miedos de entonces.

(*)'¿España sin Cataluña?'. Crónica personal de sesenta días de discordia: del Once de Septiembre al 9-N.Joan Tapia. Editorial Península. A la venta, desde el martes 3 de febrero.

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