DEL ‘¡VETE A LA MIERDA!’ AL ‘¡HIJO DE PUTA!’

El debate soberanista baja a la calle: tensión entre políticos, contención (aún) en los bares

El debate sobre la independencia ya ha bajado a la calle, síntoma de que preocupa. Pero el ambiente aún se mantiene dentro de unos parámetros cívicos

Foto: Manifestación a favor de la independencia en una foto de archivo. (Efe)
Manifestación a favor de la independencia en una foto de archivo. (Efe)

El debate sobre la independencia en Cataluña ya ha bajado a la calle y a los bares. Es síntoma de que el tema preocupa. O, cuando menos, interesa. Y sobre esta cuestión se han construido mitos que contribuyen a tensionar un ambiente que, de momento, aún se mantiene dentro de unos parámetros cívicos. En otras palabras: todavía no existe lo que podría denominarse fractura social. Eso sí, en determinados círculos politizados, la tensión existe y llega a niveles máximos. Y ahí sí que existe ya esa fractura. Lo que queda por ver es si continúa ensanchándose y desplazándose hasta el pie de calle.

Las palabras del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, de que muchas familias no se llegaron a reunir las pasadas Navidades porque estaban rotas a consecuencia del proceso independentista puede parecer un tanto atrevida o exagerada. “Algo tendrían esas familias, si es que existen, para no reunirse, pero es dudoso que fuese por culpa de la independencia”, razona un dirigente de CiU a El Confidencial.

La verdad es que en la calle, en los bares, en los mercados, en los comercios, existen discusiones sobre la independencia que no van más allá de las controversias lógicas de cada corrillo. Jose (con acento en la o) tiene un bar en el distrito Sant Martí de Barcelona, uno de los feudos tradicionales de la izquierda y poblado por emigrantes en su mayoría. Por su local y terraza pasan cientos de personas diariamente. Son muchos parroquianos y alguna gente de paso. No es independentista ni suele hablar de política.

“¿Si se habla de política? Sí, claro, pero educadamente. No he visto nunca una discusión fuerte por este tema. Lo que queremos todos es que los políticos sean honrados y estén al servicio de la gente, cosa que parece que no hacen ahora. ¿La independencia? Hombre, cada uno tiene su punto de vista. No se suele hablar mucho del tema y cuando se hace, se mira desde un poco lejos. Yo creo que nadie acaba de creérselo. Pero no veo a la gente dispuesta a separarse de España. Tenemos muchas raíces en común y quien más quien menos tiene familia fuera de Cataluña”.

Pero otra cosa es que en algunos círculos se viva con mayor intensidad el proceso.

“¡Vete a la mierda!”. Así se expresaba un socio de un selecto club de Barcelona respondiéndole a otro socio al que le une una amistad de hace más de dos décadas. “Fue una agresión en toda regla y sin que yo hubiera hecho otra cosa que tenderle la mano para saludarle”, explica a El Confidencial el socio agraviado, que se había significado por posicionarse en contra del proceso independentista y cuyo nombre y fotografía había publicado la prensa. Otro socio del mismo club también le volvió la espalda: “A ti no te saludo, para que te enteres”, le espetó. Con el paso de los días, los roces fueron disminuyendo y al final se impuso la razón y las relaciones vuelven a ser cordiales entre todos socios. “No hay que dramatizar. Es cierto que el ambiente está más politizado que en otras ocasiones, pero como somos personas educadas, al final las aguas vuelven a su cauce”, subraya el socio que vivió el episodio.

Del ‘chorizo’ al ‘cerdo’

El exdiputado de Ciutadans José Domingo, impulsor de las movilizaciones de 11 de octubre y 6 de diciembre, también relata una anécdota ocurrida el pasado 26 de febrero. “Habíamos ido a Hospitalet, a la entrada del Ayuntamiento, para reivindicar las Asambleas por la Escuela Bilingüe. Nos pusimos con una pancarta y en silencio. Y el señor Jacint Borràs, uno de los fundadores de Convergència y padre de la diputada Meritxell Borràs fue uno de los exaltados que comenzó a insultarnos. A mí, concretamente, se me acercó y me gritó en varias ocasiones ‘xoriço’ (chorizo). ¿Yo chorizo? ¿Por manifestarme pacíficamente? Esto da una idea de lo sensible que está la gente con el tema”, relata Domingo a El Confidencial.

Ceremonia inaugural del los Mundiales de Natación Barcelona 2013
Ceremonia inaugural del los Mundiales de Natación Barcelona 2013

El catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona Clemente Polo, uno de los fundadores de Ciutadans y de UPyD (actualmente no milita en ninguno de estos partidos) y auténtica bestia negra de los independentistas también se queja. “En una reunión me llamaron ‘cerdo español que mancilla la UAB’. ¡Y eso a mí, que ya en tiempos de Franco me oponía a que se enseñase sólo en castellano! Todas estas actitudes me recuerdan al franquismo, pero son actitudes que les retratan. Yo les recordaría que Hitler llegó al poder por las urnas no por la gracia del Estado, y eso no le  daba derecho a meterse con los judíos”.

Claro que las anteriores anécdotas se enmarcan en círculos muy politizados. “En la calle no existe tensión alguna. Y hago muchos actos, me desplazo constantemente y estoy en contacto con la gente. No he tenido nunca ningún problema. Son actos con micrófono en mano, con sillas para que la gente que quiera se siente y escuche, tertulias abiertas en barrios de muchas ciudades catalanas. Y discurren con toda normalidad”, explica un miembro de la cúpula de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC).

Estos pequeños actos electorales abiertos son una de las iniciativas de los republicanos que tiene más éxito. “En Rubí, en pleno cinturón rojo, casi toda la gente era castellanohablante. Y lo que preguntaban no era sobre la separación de España, sino sobre cuestiones que les podían afectar, como si las pensiones se verían afectadas. Todo en castellano y con diálogo y respeto” añade la misma fuente.

Las disculpas de un diputado

Lo malo es que, en la mayoría de las veces el único recurso para rebatir al rival es acusarlo de radical, de fascista o de nazi. Y esa excusa es aplicada por igual por integristas de un lado que del otro. Es lo que ocurrió con el diputado Joan Tardà, de ERC, el día en que un grupo de ejecutivos europeos presentaron un manifiesto contra el proceso independentista.

Joan Tardà. (Efe)
Joan Tardà. (Efe)

Tardà es uno de los diputados que ha tenido que oír cómo le llamaban ‘¡hijo de puta!’ por las calles de Madrid en ocasiones. En caliente, el diputado soltó por Twitter que es penoso que “empresarios enriquecidos gracias al nazismo critiquen al nacionalismo catalán”. Al día siguiente, pidió públicamente disculpas. Porque, claro, de los 60 firmantes, ninguno se había enriquecido gracias al nazismo. Además, había ejecutivos de Alemania, España, Austria, Suiza y Francia. “Damos por zanjada la cuestión porque el señor Tardà pidió disculpas. Pero esta misma semana vivimos otro episodio similar: en una viñeta del Periódico de Cataluña se refieren a nosotros como integrantes de la Legión Cóndor. Es decir, de nuevo nos asimilan con el régimen nazi cuando nada tenemos que ver. Es deprimente que un medio serio se preste a tal manipulación e insulto”, señalan fuentes de los ejecutivos alemanes.

Pero el caldo de cultivo de los extremismos está en Internet, donde todos los radicales, de un bando y de otro, dan rienda suelta a sus demonios. Para unos, la sola mención de Cataluña como un ente nacional es poco menos que sacrilegio. Para otros, la sola mención de Cataluña en un titular de determinada prensa pasa a ser, automáticamente, un acto fascista, independientemente de lo que diga el texto. Fascistas, integristas o nazionalsocialistas de un lado y del otro. Todos partidarios del pensamiento único. Y, tomando prestada la agudeza de Erasmo de Rotterdam, sólo cabe decir que "he dejado los nombres propios en el tintero y así, si alguien se considera ofendido, es que su conciencia le acusa”.

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