Las cuatro partes de un extraño simposio: "Represión, represión, represión... y exilio"
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Las cuatro partes de un extraño simposio: "Represión, represión, represión... y exilio"

Cataluña es una víctima de España. Y en todos los campos. Lo dicen los profesores de Universidad que participan en el simposio España contra Cataluña

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Cadena humana por la independencia de Cataluña (EFE)

Cataluña es una víctima de España. Y en todos los campos. Lo dicen los estudiosos profesores de Universidad que participan en el simposio España contra Cataluña: una mirada histórica (1714-2014), que organiza el Centro de Historia Contemporánea de Cataluña (CHCC). Que el simposio no es plural es evidente. Nadie quería que lo fuese. Y el propio consejero de Presidencia y portavoz de la Generalitat, Francesc Homs, lo dejó claro en su apertura.

De ahí que se estructurase en varias sesiones cuyas ponencias resaltan la represión ejercida por España desde el 1714, la fecha en que Barcelona sucumbió ante las tropas de Felipe V. Lo curioso es que todos echan mano de este episodio histórico apuntando, por omisión, a la idea de que el Borbón invadió las tierras catalanas para evitar que fueran independientes cuando en realidad los catalanes no luchaban ni por Cataluña ni por su independencia: luchaban, simplemente, por la casa de Austria, el rival de la casa de Borbón.

Pero ése debe de ser un detalle sin importancia. Al menos, para los independentistas. Y los estudiosos del simposio también lo tienen claro. Llama la atención, por ejemplo, que no haya ni una sola visión crítica de Cataluña o de los poderes catalanes en tres centurias. O quizá lo que haya es falta de rigurosidad, de honestidad y de academicismo en el simposio. O de las tres cosas juntas. Por ello, las jornadas se estructuran bajo cuatro lemas dirigidos exclusivamente a subrayar el abuso español contra Cataluña. El primer ámbito es La represión institucional, política y administrativa. El segundo, La represión económica y social. El tercero, La represión cultural y lingüística. El cuarto, El exilio. A nadie le queda duda, pues, de que España ha ejercido represión contra Cataluña. Y nadie puede discutir eso. Otra cosa es que sólo haya habido represión o que Cataluña no se implicase per se en las tareas de España. Pero eso debe de ser harina de otro costal.

“A la vista de lo que sucede en la actualidad, resulta imposible separar las coacciones político-económicas de los ataques específicos contra la cultura y la identidad de un pueblo, en nuestro caso el catalán”. La reflexión es de Jordi Casassas, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona, que ayer impartió la lección Contra el alma de un pueblo: la represión cultural. La frase no es textual de su conferencia, pero sí de sus anotaciones, del pequeño resumen que el CHCC hizo y que la mayoría del público se quedó sin poder estudiar.

Represión a todos los niveles

Casassas no tuvo piedad. Siguió con la línea dura iniciada por los ponentes el día anterior de tal manera que los pretendidos y seculares afectos que Cataluña tenía con España (según la presentación que hizo Francesc Homs el pasado jueves) alcanzaron ya índole de leyenda antigua. “Se entiende que la represión sobre este complejo cultural nacional se produce desde el campo de la política, del esfuerzo normativo, de las instituciones, de la economía (por asfixia), de la religión, de la burocracia, del ‘terror’ militar o policial, de la judicatura, de la moralidad colectiva o de los estados de opinión (fundamentales después de la aparición de la prensa), sin olvidar los aspectos de la autorrepresión, la autocensura, el autoodio, etcétera”. La conclusión es contundente: vivimos el cuarto periodo de represión de España contra Cataluña (el primero, tras el 1714; el segundo, bajo el régimen liberal; el tercero, bajo las dos dictaduras del siglo XX), o sea, el periodo que “se ejerce bajo cobertura legal desde la Transición democrática hasta el presente”.

También contundente estuvo August Rafanell, profesor de Historia de la Lengua Catalana de la Universidad de Girona. Es cierto que hubo intentos de erradicar el catalán. Fue prohibido y fue sentenciado por muchos regímenes. Y ha pervivido, según el profesor, porque “la comunidad catalanófona jamás dejó de perpetuar su lengua popularmente, pero también por el recuerdo del mundo derrotado en 1714:un mundo que tenía el catalán como una lengua de Estado”. Lo cierto es que, rigurosamente hablando, el catalán jamás fue lengua de Estado (es más, ni siquiera nació como idioma, sino que en sus inicios era el “occitano del sur”), aunque tras el referéndum independentista podría tener opción legal a ser considerada como tal. Dependiendo, claro está, de que el referéndum llegue a celebrarse o a que luego los ciudadanos decidan que quieren se un Estado.

Salomó Marquès, profesor emérito de Historia de la Educación de la Universidad de Girona, introdujo el tema de la educación con una ponencia sabrosa: La españolización del mundo educativo (siglos XVIII-XXI). Un apartado pródigo en conflictos y uno de los actuales caballos de batalla de los nacionalistas, especialmente después de la Lomce, de las diversas sentencias sobre la inmersión lingüística y, especialmente, después de que el ministro Juan Ignacio Wert dijese en el Congreso de los Diputados que su intención era españolizar a los niños catalanes. Marquès aprovechó para afinar su puntería: los intentos de españolizar la escuela siempre abarcaron “todo el ámbito escolar, no sólo la lengua de enseñanza, sino también los contenidos de los programas, las actividades, etcétera”.

Tres siglos de prohibiciones

La larga represión de los medios de comunicación fue la conferencia que corrió a cargo de Josep Maria Figueres, profesor de Historia del Periodismo de la UAB, que destacó la voluntad, desde 1714, de imposición lingüística por parte de la monarquía borbónica, “con la prohibición de los medios de comunicación en lengua propia y su sustitución por nuevos medios en lengua española”. En el siglo XX hubo abundantes ejemplos de normativas centralizadoras, represivas y discriminatorias, no sólo con Primo de Rivera, sino con la Ley de Jurisdicciones de 1906 o las leyes posteriores promulgadas por Franco.

Las notas de Figueres previas a la conferencia son también muy duras: “La conducta de los poderes públicos ha sido determinada por la voluntad coercitiva constante que permite exponer cómo, a lo largo de los tres siglos, los periodos de controles y prohibiciones han sido absolutamente mayoritarios, no llegando al 10% del total los periodos en los que ha habido libertad de imprenta o de prensa, como se denominaba en el XIX, o libertad de expresión, como se la conoce actualmente”.

El catedrático de Historia del Derecho de la UPF Tomàs de Montagut, por su parte, denunció la laminación del derecho civil catalán por parte de España. En una ponencia bajo el lema Uniformización legislativa española contra el derecho propio catalán, explicaba que los Decretos de Nueva Planta decretados por Felipe V tras 1714 “mutilaron el hoy llamado derecho histórico catalán, dejando sólo subsistente el derecho privado, el penal y el procesal”. El derecho catalán padeció muchas vicisitudes y épocas de mayor o menor liberalidad hasta llegar a una compilación del derecho civil especial de Cataluña que fue aprobada como ley tras la Guerra Civil. “De esta manera, los últimos fragmentos vigentes del derecho histórico catalán quedaban fosilizados y con imposibilidad de poder renovarse autónomamente”.

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