El Dívar catalán abandona sus cargos internacionales para ahorrar en viajes. Noticias de Cataluña
RAFAEL RIBÓ: DEL EUROCOMUNISMO A LA VUELTA AL MUNDO

El 'Dívar catalán' abandona sus cargos internacionales para ahorrar en viajes

El Síndic de Greuges (Defensor del Pueblo catalán) Rafael Ribó compareció el pasado jueves en el Parlamento autonómico para dar cuenta de la cincuentena de viajes que

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    El Síndic de Greuges (Defensor del Pueblo catalán) Rafael Ribó compareció el pasado jueves en el Parlamento autonómico para dar cuenta de la cincuentena de viajes que ha realizado a lo largo de los dos últimos años, y que le han costado 150.000 euros al erario público y un gabinete de 87 personas. Porque, además de su cargo en Cataluña, Ribó es también presidente europeo del Instituto Internacional del Ombudsman (IOI en sus siglas en inglés) y, como tal, se desplaza por todo el mundo para asistir a conferencias y reuniones.

    En el Parlamento catalán, Ribó mantuvo un ácido enfrentamiento con el portavoz del Partido Popular (PP), Enric Millo, que le recriminó su afán viajero (“Su función es hacer de Síndic de Greuges y, en lugar de eso, parece Willy Fog; ha confundido los papeles”, le llegó a decir el diputado popular) y acabó pidiendo su dimisión porque, subrayó, “usted es Síndic de Cataluña, no secretario general de la ONU”. Fue el único, porque los demás partidos se limitaron a escuchar las explicaciones de Ribó. Millo no se cortó ni un pelo: ”No sólo se ha equivocado profundamente, sino que ha generado una gran decepción ética y moral”, le recriminó.

    Pero el Síndic es un buen fajador. Lleva demasiados años en política como para que le afecten los rifirrafes. Eso sí, en noviembre, no se presentará de nuevo a la reelección de su cargo internacional para ahorrar. Y eso que no se mordió la lengua. "Cuando viajo, es para trabajar. No me voy con una toalla a la playa a tomar un daiquiri”, espetó a Millo. Éste había sacado a colación los viajes realizados a destinos tan paradisiacos como Bermudas, Aguascalientes o Taipei, destinos, por otra parte, que Ribó no había escogido, sino que le venían impuestos por el IOI.

    La biografía de Ribó, sin embargo, asusta. Fue rebelde, gauche divine y eurocomunista. En 1963, con 18 años, se afilió al Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona. Proveniente de una familia de la burguesía catalana, bebió, pues, de las fuentes de los movimientos antifranquistas. Su padre ya había tenido un papel relevante: ofició como secretario de Francesc Cambó. Durante la transición, fue agente de cambio y bolsa y miembro de la Cámara de Comercio de Barcelona. Y, aunque definido como catalanista, no le dolían prendas a la hora de reconocer que era “de derechas”.

    Su hermano Ignacio Ribó, fue uno de los empresarios de la noche barcelonesa, socio del malogrado Oriol Regàs e impulsor de templos de la gauche divine como Bocaccio y Up & Down. Por sus manos pasaron también locales emblemáticos como Ribelino’s, Regine’s, Oliver & Hardy y el restaurante La Vaquería, entre otros.

    Una familia bien conectada

    Otro hermano, Xavier Ribó, es un empresario con peso. Marido de Rosa Garicano, ex directora general del Palau de la Música y cesada poco después de estallar el escándalo Millet, sus intereses se extienden por una veintena de potentes empresas de diversos sectores, entre ellas Meeting y Salones, una sociedad vinculada al Consorcio de la Zona Franca. Curiosamente, el actual delegado es Jordi Cornet, secretario general del PP catalán, el partido que pide la dimisión de Rafael Ribó. Son las paradojas de pertenecer a la élite de una ciudad como Barcelona.

    Rosa Garicano era hija del que fuera gobernador civil de Barcelona de 1966 a 1969, Tomás Garicano Goñi, y que en aquel momento era ministro de Gobernación. Pero, con la boda, el catalanismo de la familia Ribó entroncaba con lo más granado del régimen de Franco: en la ceremonia, estuvieron presentes prohombres como el ministro comisario del Plan de Desarrollo, Laureano López Rodó; el gobernador militar de Barcelona, Luis Alfonso de Baviera; el subsecretario de Gobernación, Santiago Cruylles; el delegado nacional de Educación y Deportes, Juan Antonio Samaranch; el capitán general de Cataluña, Alfonso Pérez Viñeta; el alcalde José María Porcioles; los directores generales de varios ministerios y diez gobernadores civiles de distintas provincias. Un insigne elenco de rancios jerarcas del régimen que contrastaba con la rebeldía y el comunismo de un entonces joven Rafael, que contaba 25 años.

    Porque Rafael Ribó no se vio atraído por la farándula ni por los negocios. Lo suyo fue, desde el principio, la política. Licenciado en Económicas y en Derecho, tuvo la oportunidad de realizar un master en Ciencias Políticas en la New School for Social Research de Nueva york. Allí entró en contacto con los movimientos críticos con la guerra del Vietnam. En Cataluña, se integró en la Assemblea de Catalunya, el movimiento que a principios de los 70 aglutinó a todos los demócratas.

    Dinamitó el eurocomunismo

    Por aquel entonces, Ribó ya militaba en el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), que era El Partido. O sea, la única formación medianamente organizada que hacía política en las postrimerías del franquismo. Sentimentalmente, se unió entonces a Maria del Mar Bonet, uno de los buques insignia de la Nova Cançó o canción protesta catalana, de quien se separaría años más tarde.

    En los 80, cuando Gregorio López Raimundo dejó la presidencia del PSUC y el mítico Antoni Gutiérrez Díaz dio también por finalizada su etapa, Ribó fue elegido secretario general y, un año después, presidente del partido. Su labor consistió, entonces, en desmantelar la estructura del PSUC para articular una fuerza de izquierdas no estrictamente comunista que pudiese recoger también elementos del ecologismo, el feminismo, etcétera. Y así nació Iniciativa per Catalunya (IC), que luego se coaligaría con los Verds para formar ICV.

    A comienzos del siglo XXI, Rafael Ribó dio paso a la siguiente generación. Desapareció discretamente y puso ICV en manos de Joan Saura, que el año pasado fue descabalgado por las nuevas generaciones encabezadas por Joan Herrera. En el año 2006, no tuvo problemas para ser elegido Síndic de Greuges cuando el centrista Anton Cañellas falleció. El Tripartito puso su nombre encima de la mesa y CiU también lo avaló. Ahora, continúan haciéndolo, mientras el portavoz del PP se lamenta: ”Los ciudadanos no lo entienden y el resto de partidos políticos, como siempre, levantan cortinas de humo porque sólo les interesa tapar lo que pasa en Cataluña y cargar contra lo de fuera”.

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