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El regreso de los demonios: los jóvenes reviven las mascaradas en la España vaciada
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"Es un motor de identidad"

El regreso de los demonios: los jóvenes reviven las mascaradas en la España vaciada

Jóvenes y asociaciones han reimpulsado las mascaradas, ritos ancestrales paganos cuyo origen es desconocido, pero que está relacionado con la agricultura y la ganadería

Foto: Mascaradas en Hoyocasero (Ávila). (EFE/Raúl Sanchidrián)
Mascaradas en Hoyocasero (Ávila). (EFE/Raúl Sanchidrián)

Vestidos con máscaras rocambolescas y con llamativos trajes que representan a diferentes personajes, los mozos y mozas se juntan cada año en sus pueblos de Castilla y León para celebrar una parte importante de su identidad: las mascaradas.

"Para nosotros es un símbolo de nuestra esencia que hace mantener una representación de siglos que ya realizaron nuestros antepasados. Algo poco conocido y distinto que nos une con lo antiguo y nos acerca a la actualidad", cuenta Javier Silva, de la asociación Aires de Aliste y vicepresidente de Mascaraza, la Federación de Mascaradas de Zamora. No obstante, se enfrentan a desafíos como la despoblación, la falta de apoyo institucional y la emigración de los jóvenes.

Las mascaradas de invierno, que no deben confundirse con el carnaval, son ritos ancestrales paganos cuyo origen concreto aún se desconoce, aunque se cree que están relacionados con los cambios estacionales que marcan los ciclos de trabajo de los hombres en una sociedad agroganadera. Es por ello que muchas de estas celebraciones se realizaban al final del periodo de los trabajos agrícolas más fuertes, como el final de la siembra o de las cosechas.

“La mayoría de los estudios las asocian a rituales prerromanos de fertilidad que se desarrollaban dentro del solsticio de invierno y en los '12 días mágicos' que pasan entre Navidad y Reyes”, apunta Javier.

placeholder Los Diablos y los Carochos de Sarracín de Aliste y de Riofrío de Aliste. (EFE/Mariam A. Montesinos)
Los Diablos y los Carochos de Sarracín de Aliste y de Riofrío de Aliste. (EFE/Mariam A. Montesinos)

En cuanto a su finalidad, algunos apuntan a que antiguamente el objetivo era purificar las comunidades, alejando los males de ellas y propiciando la fertilidad de los campos, ganados y hombres. Esto se ve reflejado en los utensilios que portan (arado, hoz..., propios del trabajo de la tierra) y en las máscaras, cuyos significados varían según si los pueblos son agricultores o ganaderos. Por ejemplo, en el mundo pastoril se usan más máscaras demoníacas, mientras que el agrario se decanta por las zoomorfas de vaca o de toro como símbolo de fertilidad; también es habitual encontrarse con el caballo, que simbolizaba las almas de los antepasados.

Más allá de la caracterización, los personajes suelen realizar un recorrido teatralizado con carácter burlesco y humorístico, y van pidiendo el aguinaldo, asustando a los viandantes... hasta terminar juntándose para celebrar con comida, bebida o incluso hogueras. “Todos forman parte, no solo los que se visten, sino también los que están tomando algo o los que se paran a mirar. Están vinculados igual”, dice Edilberto Rodríguez, integrante de la celebración del entroido de Pombriego (El Bierzo).

placeholder I Desfile de Mascaradas en Madrid en febrero de 2026. (EFE/Daniel González)
I Desfile de Mascaradas en Madrid en febrero de 2026. (EFE/Daniel González)

Castilla y León recoge cerca de 50 mascaradas de invierno, 20 de ellas en la provincia de Zamora y el resto repartidas por Ávila, León, Burgos, Palencia y Soria, y en 2023 fueron declaradas Bien de Interés Cultural. No obstante, también se pueden ver en otras regiones como Castilla-La Mancha, Galicia o Asturias o incluso Portugal. De hecho, una pequeña representación de ellas recorrió las calles de Madrid el 21 de febrero en el I Desfile de Mascaradas.

Reto demográfico, olvido y desconocimiento

Uno de los mayores retos a los que se enfrentan es el demográfico, debido a la despoblación y la emigración, pero gracias al impulso de las asociaciones han conseguido que estas tradiciones no caigan en el olvido. "Se han convertido en una herramienta contra la despoblación, devolviendo el pulso a los pueblos", cuenta Mercedes Martín, presidenta de Mascarávila, la Federación de Mascaradas de Ávila, a El Confidencial.

"Se han convertido en una herramienta contra la despoblación, devolviendo el pulso a los pueblos"

Para afrontarlo, se recurre a varias acciones. Así, desde la federación abulense organizan un festival que recorre localidades que sufren en primera persona el éxodo rural, y gracias a ello han conseguido "resurgir" algunas de sus fiestas. En otras zonas, como en Pobladura de Aliste (Zamora), optaron por cambiar la fecha para que pudieran participar más personas y no abocarla a la desaparición. “Antiguamente se hacía el 26 de diciembre, pero la emigración a las grandes ciudades y la falta de jóvenes para poder realizar la fiesta hizo que se hiciera de forma muy esporádica, de ahí el cambio de fecha al 15 de agosto”, apunta Javier.

Pero más allá de este desafío, se encuentra otro: el olvido. Su prohibición durante la dictadura ocasionó que muchas desaparecieran, y no fue hasta varios años después cuando entre las asociaciones vecinales y los jóvenes dieron el paso de recuperarlas, como ocurrió con los Harramachos en Navalacruz, los Machurreros, las Toras en El Fresno, la Obisparra de Pobladura de Aliste o el entroido de Pombriego. “A través de la asociación Aires de Cabrera fuimos recuperando las tradiciones, trajes, música, bailes… y a partir de ahí los vecinos nos animaron, porque la esencia se había perdido”, explica Edilberto.

No obstante, fuera de Zamora o Ávila, regiones con abundantes mascaradas, siguen siendo poco conocidas, incluso dentro de la propia comunidad. “Como con tantas otras tradiciones y costumbres, las mascaradas son ignoradas, por ejemplo, desde el colegio, donde solo se habla del carnaval en su sentido más genérico”, precisa Carmen Abril, integrante de La Perdiz Roja, una revista que busca acercar a los jóvenes la tradición castellana y leonesa. “En parte se debe al desinterés y desconocimiento general que tenemos de nuestra tierra y que es estructural”, comenta.

"No es solo folclore, es un motor de identidad donde el trabajo en equipo y la conexión intergeneracional son los valores fundamentales"

Así, a través de las federaciones, se trabaja para recuperar, preservar y dar visibilidad. “No es solo folclore, es un motor de identidad donde el trabajo en equipo y la conexión intergeneracional son los valores fundamentales”, apunta Mercedes, que pide a las instituciones que “protejan y doten de recursos estables a estas manifestaciones, ya que no pueden depender del voluntarismo”.

Los jóvenes, en el centro de la fiesta

Lejos de lo que pueda parecer en la llamada “España vaciada”, los jóvenes están cada vez más vinculados con estas tradiciones. “El problema es que no hay muchos”, admite Edilberto, que precisa que, sin embargo, ese día todos suben desde las ciudades donde vivan, porque “es un día especial, que no se puede explicar con palabras”, algo en lo que coincide Javier, que añade que cada vez son más los que lo sienten "como algo suyo".

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Dos personas en el noveno festival de Mascarávila en 2025. (EFE/Raúl Sanchidrián)

Además, es una fiesta pensada, en sus orígenes, para ellos. Por ejemplo, en los Cucurrumachos de Navalosa, todo gira en torno a los quintos de ese año. “Por su naturaleza es una celebración muy de niños y jóvenes al estar centrada en la broma y el juego”, apuntan desde La Perdiz Roja, que recuerdan que muchas veces es precisamente la gente joven quien se ha preocupado por mantener la tradición y luchar por ella.

En Ávila, Mercedes corrobora que han logrado que "las nuevas generaciones se sientan orgullosas de su legado y dispuestas a tomar el relevo", y en ello las redes sociales han tenido un papel importante para la difusión, pero también el resurgimiento del folclore entre los jóvenes con plataformas como la Escuela de los Pueblos o a través de la música con cantantes como Dulzaro, Delameseta, El Nido, Rodrigo Cuevas o La M.O.D.A., que ensalzan sus raíces.

“Lo más bonito son los lazos que se crean en torno al folclore y las tradiciones, y que yo creo que son el motivo principal de que esté volviendo. Vivimos una sociedad muy atomizada, individualista, productivista y veloz, y el momento de volver al pueblo y celebrar todos juntos sin prisa y como se ha hecho siempre… Simplemente aporta demasiado como para que no nos demos cuenta y nos dejemos seducir por ello”, concluye Carmen.

Vestidos con máscaras rocambolescas y con llamativos trajes que representan a diferentes personajes, los mozos y mozas se juntan cada año en sus pueblos de Castilla y León para celebrar una parte importante de su identidad: las mascaradas.

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