La otra 'madrugá' de España es pagana, poética y con orujo: "Es un desahogo a una semana de luto"
La Semana Santa de León tiene ciertas particularidades, como la procesión que recuerda a Genaro Blanco, un vecino asiduo a las tabernas que murió atropellado en 1929
Miles de personas en el entierro de San Genarín. (EFE/J. Casares)
Pasos, velas, cofradías y emoción protagonizan las procesiones que se extienden durante la Semana Santa a lo largo y ancho del país, siendo la 'Madrugá' de Sevilla una de las más conocidas y seguidas. Pero no es la única 'madrugá'. En León, en la madrugada del Jueves Santo, tiene lugar "el entierro de Genarín". Una procesión muy especial: es pagana, se recitan poemas, se bebe orujo... y se celebra a un hombre que frecuentaba los bares de la ciudad: Genaro Blanco.
Aunque el paso de los años, y las muchas habladurías, han creado una leyenda alrededor de su figura, es conocido que toda su vida estuvo marcada por la tragedia. Nació en 1861 y fue abandonado por sus padres en un hospicio. Y aunque se fue ganando la vida con pequeños trabajos, se le representa como un pellejero, viviendo en la austeridad y gastando el poco dinero que tenía en bares y prostíbulos. Fue una noche de 1929, tras dar tumbos por las calles, cuando el primer camión de la basura de la ciudad le atropelló a orillas de la histórica muralla romana. Desde entonces, se le recuerda con un recorrido en el que se procesa su imagen tallada y el posterior "entierro".
El germen de la 'madrugá' de Genarín nació un año después de su muerte, cuando el poeta Francisco Pérez Herrero, junto a otros tres conocidos del difunto, Luis Rico, Eulogio "el Gafas" y Nicolás Pérez, quisieron recordarle de forma un tanto humorística, quedando para la posteridad como los "cuatro evangelistas".
Así nació un pasacalles poético al que se fue sumando cada vez más gente hasta que en 1957 se prohibió. "Hubo un pequeño conflicto con una procesión católica, la Ronda, y el Gobierno civil de aquel momento, a instancias de la prensa y autoridades católicas, decidió prohibirla", cuenta a El Confidencial Héctor Arráiz, viceabad de la Cofradía de Nuestro Padre Genarín que congrega a más de un centenar de personas.
Un momento de la procesión en imagen de archivo. (EFE/J.Casares)
No obstante, sus seguidores persistieron y decidieron sustituirla por una ronda lírica y escenas en la clandestinidad. Esto duró hasta 1978, cuando, tras la muerte de Francisco Franco, el único "evangelista" vivo y su fundador, Pérez Herrero, junto con un grupo de teatro local, La Fragua, recuperaron la procesión. Año a año fue creciendo hasta la multitudinaria representación teatralizada actual.
El recorrido comienza con una cena de la cofradía, que se junta en la Plaza de San Martín, donde se leen unos poemas, y después, sobre las 00:30, arranca la procesión, una especie de pasacalles burlesco en el que marchan figuras de los cuatro evangelistas, la Muerte, Genaro, una cuba de orujo y hasta la Moncha, la prostituta que, según cuenta la leyenda, le socorrió tras el atropello sin poder hacer nada por su vida.
Tal y como relatan desde la congregación, el recorrido se acompaña con antorchas y se hacen varias paradas hasta la avenida de los Cubos, junto a la muralla. Allí, en el sitio exacto donde murió, el "hermano colgador" escala hasta lo alto y deposita una ofrenda con laurel, queso, orujo y un pedazo de pan.
Una tradición no exenta de críticas
Esta procesión queda lejos de las que residen en el imaginario colectivo de la Semana Santa. En una sociedad marcada por una fuerte tradición católica, hay a quien sorprende que en uno de los días grandes de esta festividad, el Jueves Santo, se realicen este tipo de pasacalles, sintiéndolo como un agravio. Sin embargo, Héctor defiende que "no pretende ofender", sino que "es un desahogo humorístico y cultural a una semana de luto", recordando las palabras de uno de los evangelistas.
"No pretende ofender. Es un desahogo humorístico y cultural a una semana de luto"
No obstante, cada año, políticos y vecinos manifiestan sus quejas. "Todos los años hay críticas, porque es un día festivo y hay quien hace botellón por las calles", cuenta Héctor, que defiende que no tiene nada que ver con Genarín, ya que los botellones se hacen desde primera hora de la tarde.
"De hecho, hasta nos perjudican, porque alguna vez nos han hecho cambiar el recorrido o nos impiden hacer paradas históricas", apunta. Sin embargo, Sonia Hernández, una joven leonesa, cuenta a este periódico que la gente acompaña a la procesión con sus botellas de orujo y que "suelen acabar borrachos".
Pero más allá del consumo (o no) de alcohol, desde la cofradía señalan que hay muy buen ambiente, ya que se juntan personas de todas las edades y que es una fecha en la que todos los que emigraron vuelven a su tierra, algo en lo que coincide Sonia. "Es un momento festivo, de reunión, casi más que en Navidad", precisa.
Una Semana Santa diferente a la que se puede vivir, por ejemplo, en Andalucía. "Es una religiosidad un pocofestiva, acompañada de limonada, con el juego de las chapas…", cuentan desde la cofradía, lo que ha contribuido a que, con el paso de los años, el 'entierro de Genarín' se haya consolidado como una de las fiestas más populares de la provincia, congregando a miles de personas.
"Es una tradición más que aporta singularidad a la ciudad", concluye Héctor, que ya se prepara para, en unas horas, comenzar el recorrido para recordar a Genaro, un hombre que pasó de la humildad y la tragedia, a formar parte de la Historia de una ciudad.
Pasos, velas, cofradías y emoción protagonizan las procesiones que se extienden durante la Semana Santa a lo largo y ancho del país, siendo la 'Madrugá' de Sevilla una de las más conocidas y seguidas. Pero no es la única 'madrugá'. En León, en la madrugada del Jueves Santo, tiene lugar "el entierro de Genarín". Una procesión muy especial: es pagana, se recitan poemas, se bebe orujo... y se celebra a un hombre que frecuentaba los bares de la ciudad: Genaro Blanco.