Susana Muñoz, la analfabeta que lideró la mayor imprenta de música sacra del siglo XVII
Natural de Salamanca, Muñoz imprimió 120 títulos de todo tipo de libros entre 1607 y 1625. Gracias a su trabajo, ahora podemos rastrear la obra de compositores como Sebastián de Vivanco y Juan Esquivel de Barahona
Detrás de un nombre tan común como Susana Muñoz se esconde una historia hasta ahora desconocida. Esta salmantina llegó a liderar en el siglo XVII la mayor imprenta del momento, de la que salieron obras que nos permiten rastrear la obra de numerosos compositores de música sacra, a pesar de que no sabía ni leer ni escribir cuando se hizo con las riendas del negocio. Se casó tres veces, todas ellas con maestros impresores, y enviudó en dos ocasiones.
Susana Muñoz, durante siglos, se ha escondido en la fórmula "viuda de", con la que solía firmar sus producciones bibliográficas. Ahora, una investigación de Michael Noone permite afirmar que Muñoz consiguió el monopolio de la impresión de libros de música sacra de su época.
Noone es un musicólogo del Boston College y una de las mayores autoridades en polifonía hispánica: "Gracias al trabajo de Muñoz conservamos obras monumentales impresas de compositores tan importantes como Sebastián de Vivanco y Juan Esquivel de Barahona". El también catedrático en Historia de la Música ha buceado en los últimos años en decenas de archivos y diversas ciudades alrededor del mundo para armar la investigación más completa y rigurosa que existe sobre la impresora de Salamanca.
También ha recorrido los cinco países en los que todavía se atesoran 24 ejemplares salidos de su imprenta, los que hasta la fecha ha podido ubicar en Estados Unidos, México, Polonia, España y Portugal. Fue en este último país donde siguió la pista hallada hace una década por Luis Iglesias, quien encontró el contrato de impresión de un libro con las composiciones de Diego de Bruceña, compositor algo desconocido.
Noone halló en la catedral de Miranda do Douro el libro con las composiciones de Bruceña, casi la única fuente que permite reconstruir su música. “El contrato de impresión nos dice que Susana debía imprimir en 75 días, sin interrupción, y con la calidad de los grandes libros de Vivanco. El pago incluía papel, fuentes musicales y la corrección de pruebas, todo a cargo de la impresora”, comenta el experto estadounidense.
Este puzzle internacional, como lo denomina Noone, le llevó a mover una nueva pieza. “Me di cuenta de que en las primeras décadas del XVII salieron varios libros de música compuesta por Vivancos, catedrático de la Universidad de Salamanca y maestro de capilla. En los colofones solo aparecía que estaban impresos por Artus Tavernier”, añade. Así llegó al primer marido de Muñoz, un impresor llegado a la ciudad salmantina desde Amberes en torno al año 1580.
De "esposa de" a impresora autodidacta
El matrimonio tuvo cinco hijos. Más tarde, el pequeño, Jacinto Tavernier, llegaría a convertirse en el impresor oficial de la Universidad de Salamanca, pero para eso todavía tenían que ocurrir otras cosas. "Sabemos que Muñoz imprimió unos 120 títulos de todo tipo de libros entre 1607 y 1625", apunta Noone. De su imprenta salieron ejemplares que versaban sobre medicina, leyes, literatura, ortografía, historia, poesía y, por encima de todo, música.
Muñoz enviudó y se quedó al frente de la empresa. Se casó en segundas nupcias con Francisco de Cea Tesa, otro impresor que empezó a aparecer en las portadas y colofones de los libros impresos junto a ella. “Es increíble que esta mujer aprendiera cómo gestionar el negocio porque cuando empezó a hacerlo apenas sabía leer y escribir”, afirma el catedrático del Boston College. De forma autodidacta, la salmantina comenzó a absorber los conocimientos que le llevaron a figurar, siglos después, como una de las figuras clave en la impresión de música sacra.
Volvió a enviudar, así que se volvió a casar, esta vez con Antonio Vázquez, el mismo nombre que aparece en el libro que Noone ha hallado en Mirada do Douro. "Hasta este momento, nadie había pensado que los libros impresos con los nombres de Tavernier, Cea Tesa y Vázquez pudieran tener relación, como ocurre también con los que conocemos con el nombre de Jacinto Tavernier", sostiene el experto.
Unos libros difíciles de imprimir
La conexión está clara: Susana Muñoz, primero esposa, luego viuda, y siempre madre. "La historia también es impactante por el formato de los libros que conseguía imprimir, libros de música, cantorales, tamaño atlas", ilustra Noone. Sin ir más lejos, entre 1607 y 1620 se imprimieron allí siete enormes libros de coro polifónico, un volumen sin paralelo en la historia de la música española del período. Estos ejemplares requerían cientos de páginas de notación musical impresa, con tipos especiales, papel de gran tamaño y un proceso lento y costoso.
El mercado para estos productos también era reducido. "No creo que sea una coincidencia que en España haya algo más de 40 catedrales y las tiradas de Muñoz fueran de este número. Se puede afirmar que a principios del siglo XVII ella tenía el monopolio sobre la impresión de este tipo de libros", se explaya el investigador. En total, su imprenta produjo entre 1602 y 1625 más de 120 títulos, algo extraordinario para la época y la ciudad. Además, su nombre propio aparece en más de treinta libros impresos entre 1609 y 1620.
Las ventas de sus libros estaban orientadas a los estudiantes de la Universidad de Salamanca, pero también al profesorado. "Muchos buscaban imprentas para sacar a la venta sus libros", sostiene el propio Noone. Uno de los grandes éxitos fue la impresión de El arte de canto llano de Francisco de Montanos, un libro muy conocido en la historia de la música española y del que imprimió 3.000 unidades. Este es la última obra que se conoce de Muñoz, en 1625. A partir de ahí, nadie ha conseguido seguirle la pista.
Precursora de una dinastía de impresores
Su nombre cayó en el olvido, pero no así su impronta. Jacinto Tavernier siguió los pasos de sus padres y se convirtió en el impresor oficial de la Universidad de Salamanca en 1620. Además, el tercer esposo, Antonio Vázquez, llegaría a ser el impresor oficial de la Universidad cisneriana de Alcalá de Henares. "Esta mujer fundó una dinastía de impresores que continuó después de su muerte", afirma con rotundidad el musicólogo.
Noone recalca que Muñoz aparece al mismo nivel que sus maridos en los contratos que ha encontrado a lo largo de su investigación. "Ella firmaba acuerdos y negociaba con libreros y escritores, y eso es algo que aprendió poco a poco de forma autodidacta. En su firma de 1613 se ve que todavía estaba aprendiendo a escribir", ejemplifica.
La historia no nos ha legado ninguna imagen del rostro de Susana Muñoz. “Yo digo que siempre la he tenido que buscar en las sombras de los hombres de su vida”, apuntilla el investigador del Boston College. Es él mismo quien reitera la ardua hazaña lograda por la impresora: "Gracias a ella conocemos casi las obras completas de tres compositores del Siglo de Oro español, como son Vivanco, Esquivel de Baraona y Bruceña. Hablamos de 2.800 páginas de compositores de principios del Barroco. Es un tesoro que gracias a ella nos ha llegado a nosotros", se explaya.
Un grupo de investigación España-América
Noone ha dado a conocer los detalles de sus hallazgos este 21 de noviembre con motivo de la inauguración del grupo de investigación sobre música España-América. Esta iniciativa conjunta entre el Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU) y Harvard University está liderada por el profesor Alejandro L. Madrid y Álvaro Torrente. Este último preside el Instituto y explica que el objetivo es crear una colaboración entre las dos universidades orientado, sobre todo, a estudiantes de doctorado y postdocs. “Será una buena forma de enriquecer las investigaciones”, comenta.
Dada la gran relevancia que se presupone adquirirá el grupo de investigación, han elegido a Noone para impartir su conferencia inaugural. “En una época como la de ahora que se reivindica el papel de las mujeres en la historia, no se nos ocurría mejor forma de empezar a andar que conociendo los pormenores de Susana Muñoz”, concluye Torrente. Además, la editorial propia del ICCMU publicará en una edicion moderna el libro de Bruceña hallado por Noone en Portugal.
Detrás de un nombre tan común como Susana Muñoz se esconde una historia hasta ahora desconocida. Esta salmantina llegó a liderar en el siglo XVII la mayor imprenta del momento, de la que salieron obras que nos permiten rastrear la obra de numerosos compositores de música sacra, a pesar de que no sabía ni leer ni escribir cuando se hizo con las riendas del negocio. Se casó tres veces, todas ellas con maestros impresores, y enviudó en dos ocasiones.