Lluvia y pérdidas de 40.000 €: la suspensión de la procesión principal de Valladolid se asoma a los tribunales
El seguro contratado no se hace cargo del reembolso de la cuantía que se cobró por la venta de localidades. Era el primer año que los cofrades recurrían a esta figura en vez de a los donativos
La suspensión de la Procesión General de Valladolid de este año va camino de terminar en los tribunales. La decisión, que privó del principal acontecimiento de la Pasión castellana a millares de personas, fue adoptada -como en otras ocasiones antes- por riesgo de lluvia. Un peligro que supone una amenaza grave para tallas históricas de un valor incalculable, pero también implica riesgo para los cofrades, los operarios encargados del desarrollo del desfile y para el público.
No es la primera vez que se suspende una procesión en Valladolid, ni siquiera la principal, pero sí es la primera vez que la Junta de Cofradías se ve abocada a esta situación judicial, insólita también en el conjunto de las semanas santas españolas. La explicación es que este año se optó por cobrar los asientos de la Procesión General como entradas, y no como donativos, como se había venido haciendo hasta ahora, lo que llevó incluso a devengar el IVA correspondiente. En consecuencia, cuando se suspendió, la Junta tuvo que devolver el dinero a los compradores que habían pagado por un espectáculo que no se llegó a celebrar. En años anteriores, no había devolución. Que es lo que ocurre en la inmensa mayoría de las procesiones.
"La Junta de Cofradías debe gestionarse con criterios profesionales y este año decidimos que la venta de una localidad no puede considerarse como un donativo", explica Miguel Vegas de la Torre, su presidente. Para compensar ese riesgo se contrató un seguro de cancelación, pero, al no hacerse cargo, es cuando ha surgido el problema.
"El quebranto económico es importante y llegaremos hasta los tribunales si hace falta", explica Vegas. De hecho, la decisión de devolver el importe de las localidades supone unas pérdidas próximas a los 40.000 euros. En condiciones normales, la recaudación puede llegar hasta los 50.000, si se venden todas las plazas, y permite cubrir los gastos de montaje y desarrollo de la Semana Santa, que están estimados en unos 45.000 euros.
Opinión Por sorprendente que pueda parecer, el conflicto ha surgido porque la compañía de seguros, Dual Ibérica, cree que la Procesión General de este año -que estaba prevista el 18 de abril- no debió suspenderse, pues habría podido celebrarse. Es difícil imaginar a nadie más interesado que los cofrades en que las tallas salgan a la calle, ni a nadie que adopte una decisión como esa, con más cuidado y rigor que la Junta de Cofradías encargada de la organización del evento.
"La Procesión General no comienza a la hora en la que se inicia la salida de los pasos, sino dos horas antes, durante las que se realizan los preparativos. Y luego no termina hasta que todos los cofrades han regresado a sus sedes", explica Vegas. Eso significa que es un acontecimiento que se prolonga durante más de cinco horas, aunque el momento culminante sean las tres horas y media de paso de las tallas por el centro. Y durante todo ese tiempo, las tallas están a la intemperie.
"Durante las cinco horas de paso por la ciudad, las tallas están a la intemperie"
"Durante el tiempo de preparación llovió, y muy fuerte, y luego siguió lloviendo durante el tiempo en el que las cofradías hubieran debido procesionar", explica Vegas. Lo que fue considerado un argumento más que suficiente como para tomar la decisión de cancelar el evento. Un informe de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ratifica los argumentos de la Junta de Cofradías, pero aun así sus reclamaciones a la compañía de seguros no han sido atendidas y han recibido un "rechazo formal" del siniestro. "Al final, acabarán pagando", asegura la Junta de Cofradías.
El informe de la compañía Dual Ibérica asegura que no se cumplieron los requisitos para aplicar el apartado 4 del seguro (gastos irrecuperables derivados de la suspensión del evento por tiempo adverso), pues considera que no se produjeron precipitaciones importantes "ni hubo avisos gubernamentales que prohibieran la celebración de los eventos programados al aire libre porque pusieran en peligro a los concurrentes". Esto es una interpretación muy estricta del tipo de riesgo que puede afectar a una procesión, a juicio de los responsables de la Junta de Cofradías de Valladolid. Hay que tener en cuenta que no hace falta una lluvia intensa para suspender procesiones, pues incluso una lluvia fina puede provocar daños en la pintura y en la madera de unas tallas que datan del siglo XVI y XVII, en muchos casos.
Pero en cualquier caso, existía a las seis de la tarde una previsión de lluvias de la AEMET que estimaba en un 92% las probabilidades de lluvia a las 20 horas, y de un 100% a las 21 horas, periodos horarios que entran de lleno en el desarrollo de la procesión. Fue esa información, así como la lluvia caída entre las cuatro y las cinco de la tarde, la que llevó a la Junta de Cofradías a decidir una cancelación que es dramática para los cofrades, tras un año de espera del gran acontecimiento.
En cualquier caso, la AEMET elaboró a posteriori un informe sobre lo ocurrido en el que asegura que llegaron a producirse precipitaciones de entre 4 a 9,6 litros por metro cuadrado durante ese día. El momento punta fue a las 16.54 horas, cuando iban a iniciarse los preparativos de la procesión.
Pero, además, el informe constata la existencia de fuertes rachas de viento durante todo el día, que superaron los 50 Km/h. Así como 9 descargas eléctricas que denotan la actividad tormentosa que se desarrolló en la zona vallisoletana. Esa actividad conlleva el peligro de que pueda aparecer granizo, y rachas de viento especialmente intensas.
El conflicto que ha surgido este año en Valladolid puede funcionar como un aviso para navegantes para otras semanas santas de España. Vega recuerda que, en Andalucía, un juzgado avaló que las butacas de Sevilla se cobraran como donativo, atendiendo a las especiales circunstancias del espectáculo que está en juego en ese caso, pero no hay una posición unánime de los tribunales. Quién sabe si el conflicto surgido este año en Valladolid no se reproducirá en otros lugares en el futuro.
La suspensión de la Procesión General de Valladolid de este año va camino de terminar en los tribunales. La decisión, que privó del principal acontecimiento de la Pasión castellana a millares de personas, fue adoptada -como en otras ocasiones antes- por riesgo de lluvia. Un peligro que supone una amenaza grave para tallas históricas de un valor incalculable, pero también implica riesgo para los cofrades, los operarios encargados del desarrollo del desfile y para el público.