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Fabes a la sombra del diablo: las monjas de Belorado abren restaurante para capear el desahucio
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Fabes a la sombra del diablo: las monjas de Belorado abren restaurante para capear el desahucio

Las exclarisas estrenan el primer restaurante de España atendido por religiosas de clausura. El local, bajo el nombre de Santa María del Chicu, ha abierto sus puertas en el pueblo asturiano de Arriondas

Foto: Tres monjas del convento de Belorado. (Efe)
Tres monjas del convento de Belorado. (Efe)

Cuchillos que se mueven, voces inexplicables, presencias invisibles y, como colofón, la aparición estelar del Diablo en el ordenador, que ellas intentan combatir lanzando sal al teclado. Las monjas cismáticas de Belorado han recordado estos días sus batallas con el ‘Maligno’ con motivo de la inauguración de su restaurante Santa María del Chicu, en Arriondas, el primero de España atendido por religiosas de clausura.

Está situado en lo que era un hotel-restaurante de carretera, cuyo propietario lo ha alquilado a las hermanas. La zona de habitaciones la ocupan las religiosas y es el espacio de clausura, donde han instalado una pequeña capilla. Para la atención al público han contratado a dos personas, con el fin de no romper las limitaciones propias de la clausura.

“Quizás animadas por la fama, hubieran podido promover un restaurante gourmet, pero han preferido una opción más económica, a base de una excelente comida casera”, explica Francisco Canals. El jefe de prensa de las religiosas no duda en calificar la iniciativa de “éxito”. “Yo he estado allí los primeros días y estaba siempre a rebosar, ocupándose los 30-40 cubiertos que se ofrecen en cada uno de los dos turnos. Había temor de que pudiera producirse algún boicot, pero no ha sido así”. El precio, 15 euros, seguramente anima a una clientela que es mayoritariamente de mediana edad.

El restaurante, que ofrece cocina tradicional asturiana, con la fabada como inevitable plato estrella, es la respuesta de las monjas burgalesas a todos los problemas derivados de su ruptura con la Iglesia católica y al desahucio judicial que impulsa el Arzobispado de Burgos para forzarlas a abandonar el monasterio que todavía ocupan en Belorado. Es su modo de obtener ingresos con los que poder salir adelante.

Foto: detectas-exmonjas-belorado-cobro-pension-fallecida

Un desahucio que parece ahora un poco más próximo, dado que el Juzgado de Briviesca lo ha fijado, en principio, para el 10 de junio, y ha citado a las partes en una vista previa el 13 de mayo. Con todo, es poco probable que esta sea la fecha definitiva porque queda la opción del recurso a la Audiencia.

Por ahora, la expectación se ha traducido en la recepción de reservas de distintos puntos de España, tal y como explicó una de las hermanas en la inauguración. El tiempo dirá si la comunidad logra una clientela suficiente a lo largo del año. Y si, en esta ocasión, logran mantenerse dentro de la ley, dada la abundancia de litigios judiciales que jalonan su trayectoria.

La apertura del restaurante es un momento de oasis en la peripecia vital de esta comunidad religiosa, que tuvo como punto más inquietante, incluso pavoroso, el periodo en el que una parte de la comunidad se desplazó al monasterio de Derio, en Vizcaya, en apoyo de las religiosas asentadas allí. En aquel lugar se encontraron con una falta de paz y de armonía que desconocían y se enfrentaron a vivencias paranormales de carácter siniestro que las llevaron a reclamar la ayuda de exorcistas a través de la mediación del Arzobispado burgalés.

placeholder El restaurante alquilado por las religiosas. (Cedida)
El restaurante alquilado por las religiosas. (Cedida)

“Echábamos sal en el ordenador porque hacía cosas de lo más extraño: se encendía, se apagaba, aparecían imágenes del demonio de repente. Cosas muy desazonantes. Nos preguntábamos ¿por qué pasa esto?”, recuerda la madre superiora Laura García, cuyo nombre de vida religiosa es Sor Isabel de la Trinidad, en un vídeo reciente. “Se oían llantos de niño y risas extrañas y se movían los cuchillos en la cocina”.

Pero, además, algunas hermanas experimentaron episodios de miedo en sus celdas, oían golpes inexplicables en el techo, y se extendía la sensación de que algo incomprensible y oscuro ocurría en aquel lugar. Sucesos y percepciones que, según su testimonio, se agravaban cada vez que las religiosas daban pasos para avanzar en su vida litúrgica. Y que llegaron al cenit cuando una novicia realizó la profesión de fe. “Recibió un odio intenso, como si alguien la quisieran destruir”.

“Lógicamente, esto no se lo puedes contar a cualquiera sin arriesgarte a que te diga que estás muy mal de la cabeza”, reconoce la madre superiora. Pero, finalmente, se animaron a pedir ayuda al obispo -con quien por entonces mantenían buena relación- para la realización de bendiciones y exorcismos. Pero los esfuerzos resultaron insuficientes.

“Se oían llantos de niño y risas extrañas y se movían los cuchillos en la cocina”

Como posible causa les explicaron que en los montes de Derio podían quedar restos psíquicos de antiguos aquelarres consagrados al demonio. “Me impactó porque si el problema era el sitio no había nada que hacer”, admite la superiora.

Sor Isabel de la Trinidad recuerda que contactó con tres exorcistas y con otros dos expertos en fenómenos paranormales. Tras desplazarse al monasterio, y realizar sus intervenciones, constataron que sus esfuerzos solo lograban pacificar el lugar durante un breve espacio de tiempo. Según el testimonio de Sor Isabel, los especialistas eclesiásticos confirmaron la existencia de fenómenos paranormales, así como la existencia de ataques del demonio. Pero sentenciaron que el problema estaba directamente ligado al lugar. “Por tanto, la única solución es que se marchen”, recuerda la madre superiora que les dijeron. Una noticia que recibieron como un mazazo.

Más allá de sus conflictos con las fuerzas demoníacas, la presencia de las monjas en Derio tampoco estuvo libre de polémica, ni de enfrentamientos en los tribunales. En el asentamiento, además del monasterio propiamente dicho, había una vivienda ligada a él, el caserío Islabe, que las monjas convirtieron en una casa rural, sin atender a las limitaciones urbanísticas del municipio, que solo permitían que se usara para vivienda particular.

placeholder  El restaurante alquilado por las religiosas. (Cedida)
El restaurante alquilado por las religiosas. (Cedida)

Tras perder el litigio legal con el Ayuntamiento, en marzo de 2020 se ordenó el cese de actividad de la casa rural y las monjas optaron por crear una hospedería en el monasterio, la Hospedería de San José de Artebakarra, con 14 plazas. La hospedería era legal, pero solo como una iniciativa de apoyo ligada a la existencia de actividad religiosa en el monasterio.

Sin embargo, por entonces las monjas apenas estaban allí, pues habían decidido abandonar Derio, a causa de sus encontronazos con el demonio. Todos sus intentos para intentar vender el monasterio de Derio para viviendas, hotel o comercio fueron infructuosos, pues el edificio solo era compatible con el uso religioso. A finales de octubre de 2020 se desplazaron al cercano Monasterio de Santa Clara de Orduña, que llevaba casi dos décadas cerrado por falta de vocaciones.

El portavoz de las monjas, Francisco Canals, sitúa el proyecto del nuevo restaurante en el marco del carácter emprendedor de las religiosas. Algo que corrobora el propietario del Hotel Restaurante Santa María del Chicu, quien ha alquilado las instalaciones a las monjas. En un video reciente, asegura que optó por ellas, en detrimento de otros candidatos, porque las vio “con fuerza” y con determinación para “hacer cosas”.

Una determinación que no puede negarse, a la vista de los sucesos de su historia reciente, que incluyen desde la venta de oro de origen poco claro, al cobro de la pensión de una monja que había fallecido, o la expansión del monasterio a otras comunidades. En la actualidad, la comunidad está dividida entre Belorado (donde continúan 10 religiosas) y Arriondas, adonde se han desplazado tres para gestionar el restaurante. Ganas de salir adelante a toda costa no les faltan a las ex monjas de Belorado. Y quién sabe si no será a causa de ese empeño que han logrado alcanzar 1.300 apoyos en una campaña de recogida de firmas en Change.org. “Salvemos a las monjas” se titula la iniciativa. Pero hasta ahora han probado apañárselas solas, si bien a su manera.

Cuchillos que se mueven, voces inexplicables, presencias invisibles y, como colofón, la aparición estelar del Diablo en el ordenador, que ellas intentan combatir lanzando sal al teclado. Las monjas cismáticas de Belorado han recordado estos días sus batallas con el ‘Maligno’ con motivo de la inauguración de su restaurante Santa María del Chicu, en Arriondas, el primero de España atendido por religiosas de clausura.

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