Gana Azcón, triunfa Abascal: Aragón consolida el ciclo anti-Sánchez, pero el PP toca techo y da alas a Vox
El bipartidismo se resiente: Feijóo deberá revisar su estrategia hacia Abascal y el PSOE paga de nuevo el sometimiento al interés de Sánchez por inflar a Vox para debilitar al PP
Azcón, en la sede del PP en Aragón. (Europa Press/R.C.)
El 8-F es ya un segundo punto en la línea que intenta trazar Alberto Núñez Feijóo para acabar con Pedro Sánchez por goteo, en una estrategia que supone una nueva y dolorosa derrota para el Gobierno y un nuevo triunfo para el PP. No obstante, la victoria de Jorge Azcón fue más que insuficiente porque supone perder dos escaños y dar alas a Vox, que aumenta considerablemente su fuerza para negociar la investidura y la gobernabilidad.
Mientras el bipartidismo se resiente, el partido de Santiago Abascal sigue creciendo y duplica sus escaños con mayor contundencia incluso que en Extremadura el 21 de diciembre. Esto es objetivamente malo para Azcón, malo para Núñez Feijóo y bueno para la estrategia electoral de Sánchez de cara a unas futuras elecciones generales: un PP debilitado por el auge de Vox.
Como sucedió en Extremadura, el PP no puede cantar victoria pese a sacar 8 escaños y diez puntos al PSOE. Azcón ha conseguido tres de los objetivos que más interesaban a la dirección nacional: mostrarse con contundencia como la primera fuerza política española; hundir al PSOE, que está más cerca del tercero que del primero, y el mensaje de que, sin Presupuestos, hay que disolver el Parlamento.
Pero hay también dos argumentos en contra, y son muy contundentes. Los datos transmiten la idea de que el PP ha tocado techo, un techo alto pero insuficiente, sobre todo si se tiene en cuenta que Vox sigue creciendo: tanto en escaños como en porcentaje de voto la relación entre el PP y Vox ha pasado de ser de tres a uno a ser de dos a uno.
Para el PSOE, el 8-F no tiene una sola lectura positiva: iguala su peor resultado histórico, y lo hace con una candidata que hasta hace dos meses era ministra portavoz. Como era de prever, Pilar Alegría no ha podido desprenderse de su vínculo con el presidente del Gobierno y su resultado (-5) supone un mal precedente para un presidente que ha basado su estrategia para controlar el partido en la colocación de ministros en las federaciones socialistas, con especial mención para la vicepresidenta María Jesús Montero en Andalucía. En foros socialistas se comenta con preocupación su escasa presencia pública en la última semana de inundaciones (con más de 11.000 desalojadas de sus casas) mientras el presidente de la Junta, Juanma Moreno, consolida su liderazgo a pie de calle.
La losa de los ministros candidatos
Hace meses que en el PSOE se reclama a la Moncloa que libere a los ministros candidatos para que puedan multiplicar su presencia en el territorio, pero Sánchez hace caso omiso y está arrastrando al partido. Así en Extremadura y así en Aragón, y todo apunta a que así será en Castilla y León y Andalucía. Algo similar sucede en la Comunidad Valenciana, donde Diana Morant no subió en las encuestas ni en los momentos de mayor desgaste del PP tras la dana. Y el ministro de Transformación Digital, Óscar López, no representa una alternativa a Isabel Díaz Ayuso en ninguna encuesta.
No obstante, más allá de su propio partido, sí hay una lectura positiva, no para el Gobierno, sino para la estrategia de Sánchez: seguir alimentando a Vox para debilitar al PP con el único objetivo de poder disputarle las elecciones generales a Núñez Feijóo, aunque no tanto para gobernar como para convertir la siguiente legislatura en ingobernable.
Por lo que se refiere a las otras fuerzas en liza, la llamada izquierda a la izquierda del PSOE ha demostrado que, por separado, sigue siendo un cero a la izquierda. IU/Sumar se ha quedado al final con un escaño, sin avanzar nada, mientras que Podemos ha desaparecido del Parlamento aragonés. Y las miradas apuntan, una vez más, a Yolanda Díaz. Solo la Chunta Aragonesista ha capitalizado el voto, alcanzando los seis escaños..
En definitiva, el 8-F es una nueva muesca en la derechización del voto, un fenómeno que no solo es exclusivo de Aragón o de Extremadura, sino que todo apunta a que se trasladará al conjunto de España. Este ciclo electoral autonómico está llamado a establecer una nueva relación entre el PP y Vox porque, si algo ha demostrado el Ohio español, es que, si Feijóo quiere llegar a la Moncloa, deberá hacerlo pactando con un Vox que, en cada elección, sale más fortalecido en su relación con el PP. El siguiente examen: Castilla y León.
El 8-F es ya un segundo punto en la línea que intenta trazar Alberto Núñez Feijóo para acabar con Pedro Sánchez por goteo, en una estrategia que supone una nueva y dolorosa derrota para el Gobierno y un nuevo triunfo para el PP. No obstante, la victoria de Jorge Azcón fue más que insuficiente porque supone perder dos escaños y dar alas a Vox, que aumenta considerablemente su fuerza para negociar la investidura y la gobernabilidad.