Gan Pampols: "Tuve enfrente la negación por defecto. La ministra Morant ni me cogió el teléfono"
El exvicepresidente valenciano denuncia falta de coordinación estatal tras la dana, critica a Morant por ignorarle y reclama una Agencia Estatal de Emergencias para unificar medios y respuestas
La necesidad de que España tenga una Agencia Estatal de Emergencias que actúe sin interpretaciones políticas, una mayor educación en la autoprotección y actuar en el territorio desde la eficacia y el respeto a las normas son algunas de las conclusiones de Francisco Gan Pampols, el teniente general en la reserva que asumió el reto de ser vicepresidente para la Recuperación Económica y social de la Generalitat Valenciana, tras su intenso año en Valencia.
De vuelta en Zaragoza, lamenta el rechazo del Gobierno central a actuar conjuntamente —a diferencia de su actuación en La Palma o ahora ante la peste porcina en Barcelona—, que la ministra Diana Morant nunca le contestara al teléfono o que haya habido mucha ‘baja’ política, a costa de la ciudadanía.
PREGUNTA. En 2023 publicaba El arte de mandar bien, un ensayo con las enseñanzas de su larga trayectoria como soldado y, sobre todo, como alto mando del ejército. ¿Ha podido aplicarlo?
RESPUESTA. Ha funcionado en cuanto a la conducción de personas y el trato con diferentes perfiles, para sacar lo mejor de cada uno y que desde su puesto haga lo mejor según su leal saber y entender. En cambio, el principio de aplicar los medios necesarios ante los problemas en virtud de su importancia y trascendencia, no ha podido ser del todo. Siendo vicepresidente de una comunidad autónoma disponía de los medios de esa comunidad, pero la Administración General del Estado me fue ajena. No pudimos coordinarnos con ellos, no establecimos un propósito ni un diagnóstico común sobre origen, causas, consecuencias y medidas. En esa parte, el resultado no ha sido el adecuado.
P. ¿Dónde han sido más notorias las carencias?
R. En la voluntad de una acción conjunta. La ciudadanía quedaba al margen de todo este proceso, en un juego absurdo de ver quién hace más por quién, sin coordinar con los que necesitaban que funcionase. Hubo tres niveles administrativos: dos más o menos coordinados y otro en dirección opuesta.
Los vicepresidentes del Consell de la Generalitat Valenciana, Susana Camarero (i) y Francisco José Gan Pampols (d). (EFE)
P. Parecería que, ante un hecho tan grave, las diferencias de color político entre los gobiernos deberían dejarse a un lado.
R. Ha sido determinante. El ejemplo es qué hizo el Gobierno central ante la erupción del volcán de La Palma y lo que está haciendo ahora con la peste porcina en Cataluña, donde han sido encomiables la interlocución, velocidad y agilidad. No las vimos en la dana. ¿Por qué la UME atiende un problema de peste porcina en Cataluña? Una autonomía que aspira al máximo autogobierno, ¿no debería disponer de elementos para controlar una alerta sanitaria? La evidencia es que la peste porcina, como lluvias y terremotos, no entiende de límites administrativos. O sea, no es un problema de Cataluña sino geográficamente ubicado en Cataluña, que por su peligrosidad potencial afecta a toda la nación.
P. ¿Qué balance hace de su misión?
R. Desigual. Dentro del Consell, bueno, aun con las lógicas fricciones. La dana cambió radicalmente las prioridades de las consejerías y hubo que alinearse en una dirección distinta; es lo que pretendía el Plan de recuperación y creo que se logró. Generamos un cuadro de mando en el que todos replicábamos en tiempo real y con transparencia, ya que estaba disponible para consulta ciudadana.
El acuerdo imposible
P. ¿Qué no ha podido hacer?
R. No lograr acuerdo con la Administración General del Estado sobre las prioridades de actuaciones estructurales en las cuencas, tanto las afectadas como todas las potencialmente peligrosas de la fachada mediterránea, desde Castellón hasta Alicante. Yo pretendí resucitar el Plan Hidrológico Nacional aplicado a la comunidad autónoma: hacer un estudio exhaustivo de cauces, identificar indicadores de peligrosidad y establecer las actuaciones necesarias para minimizar riesgos para personas y bienes. Con la Confederación Hidrográfica del Júcar trabajamos en algunos barrancos. Lo hicimos aplicando fundamentos del ecologismo, pero, siendo intrínsecamente buenos, no se compadecen con la necesidad de actuaciones estructurales que resuelvan las amenazas. Las actuaciones basadas en la naturaleza deben combinarse con las estructurales. Es bueno recuperar vegetación autóctona, tener balsas de laminación, conectar cauces. Pero, en las cabeceras debe haber elementos de contención: presas y grandes zonas de laminación como la presa de Villamarchante o la de Cheste, azudes planificados en 2001.
"Presenté un plan que despectivamente llamaron un 'PowerPoint muy caro', cuando ni se lo habían leído"
P. Tras su larga experiencia y trayectoria como militar, ¿cómo fue la adaptación a un entorno tan diferente como la política?
R. No me adapté completamente; logré aplicar la "conllevanza" orteguiana. Hice lo que se esperaba de mí: cooperar de forma armónica con otras consejerías, dar mi parecer, expresar desacuerdo cuando lo había. Fuera del ámbito autonómico, intenté llegar a acuerdos, pero tuve enfrente la negación por defecto. Entendían que representaba a una idea política, cuando no era así ni seguí directrices partidistas. Presenté un plan que despectivamente llamaron un "PowerPoint muy caro", cuando ni se lo habían leído. Me parece grotesco que alguien opine de lo que no conoce. Y yo no asistí a ningún acto político. Sí a visitas de trabajo con organizaciones, colegios profesionales, Cámaras de Comercio, ayuntamientos, mancomunidades... Creo que los visité a todos. De carácter político no hice campaña en ningún momento, y nadie me pidió que la hiciera.
P. ¿Y siente que se ha atendido suficientemente a las víctimas?
R. No. Creo que hay que distinguir la reparación moral y el acompañamiento anímico, que han sido mejorables, de la exigencia de responsabilidades políticas, utilizando las asociaciones de víctimas como amplificador de intereses partidistas. Como dijo un representante de una asociación, Christian Lesaec, presidente de la Asociación de Damnificados por la dana de la Horta Sud, hay que distinguir el afán de justicia del afán de venganza.
El silencio de la ministra Morant
P. Ha contado que Diana Morant nunca le contestó las llamadas.
R. Antes de ir a Valencia, hablé con el presidente aragonés Javier Lambán, quien era amigo y al que pedí opinión y ayuda para que mi paso quedara fuera de la lucha partidista. Me dijo que creía en lo que iba a hacer, pero que fuera cuidadoso. Le expresé que necesitaba hablar con la presidenta del Partido Socialista del País Valenciano, Diana Morant, para ofrecerle puestos directivos técnicos en la consejería y dejar la gestión fuera de la pelea. Javier Lambán habló con ella, le dio mi teléfono y le anunció mi llamada. Ella le dijo que la esperaba. Pero la llamé tres veces y le dejé tres mensajes y nunca contestó. Cuando advertí la callada por respuesta, envié un nuevo mensaje a la señora Morant diciéndole que no la incomodaría más. Cuando una ministra no coge el teléfono a un vicepresidente que solo quiere actuar en beneficio de la población, transmite una imagen muy pobre de la utilidad de la política.
P. Si Mazón hubiera dimitido antes, ¿habría facilitado el entendimiento?
R. No lo creo. Ha dimitido y hay otro presidente de la Generalitat y el rechazo y la campaña contra él continúan. Lo que no puede ser es emplear una catástrofe como terreno de combate para obtener ventaja.
Gan Pampols (i) junto al expresident de la Generalitat, Carlos Mazón. (EFE)
P. ¿De qué magnitudes de daños estamos hablando?
R. El Instituto Valenciano de Investigación Económica los valoró en 17.800 millones de euros. Valoraba todo: infraestructura, tejido comercial y productivo, afecciones personales, pérdidas de vehículos. Cuando se aplica el factor de qué hay que cambiar para evitar que se repita, se suman otros 12.000 millones. Porque hemos construido donde no se debería, hemos tendido vías férreas, hecho carreteras o permitido urbanizaciones en lugares que han provocado que las afecciones fueran mayores. Hay que hacer un cambio morfológico profundo de la actuación humana sobre el territorio. Esto ocurre desde hace casi 70 años. El plan Sur sacó el Turia del centro de Valencia y lo llevó a un extremo que luego se pobló. En la dana, el cauce del Turia resistió, pero otros no.
P. ¿Qué cambios necesitamos para abordar las emergencias?
R. Nuestro modelo de Estado es complejo y compuesto: complejo por la cantidad de normativa en diferentes niveles; compuesto porque las competencias están divididas en varias instancias. Podría funcionar en situaciones ordinarias con procedimientos bien engrasados, pero el problema surge cuando algo excede esos ámbitos. En la Comunidad Valenciana hay 56 normas sobre protección civil; si sumamos las estatales, llegamos a 98. El modelo para articularlas debe ser un árbol, no una selva: que, de un tronco común, la protección civil, cuelguen los distintos elementos, con competencias claras en dirección, coordinación y ejecución. Se habla del centro de coordinación operativa integrado, del centro de coordinación operativa, de los centros operativos locales (Cecopal), pero ni estaban ensayados ni las personas conocían sus competencias reales. El concepto de protección civil requiere profesionalidad, y la profesionalidad requiere entrenamiento continuo.
P. ¿Falta legislación más clara sobre competencias en catástrofes?
R. Necesitamos una Agencia Estatal de Emergencias con un catálogo integrado y único de todos los medios disponibles en el territorio nacional: autobombas, remolques, volquetes, grupos electrógenos, todo lo que en un momento determinado sirva para movilizarse según la gravedad de la catástrofe. Debe llevar seguimiento puntual de todo lo que ocurra, no solo localmente. Si sabe que algo está pasando en más de una comunidad autónoma con intensidad anormal, debe decretar automáticamente un nivel nacional de emergencia. No hace falta que lo pida una comunidad o un delegado del Gobierno. Esto está ya contemplado en la Ley de Protección Civil de 2015.
P. ¿Sería la función de la Dirección General de Protección Civil?
R. No tiene esa capacidad. La Dirección General de Protección Civil no tiene un catálogo integrado de medios ni profesionales para atender la emergencia. Tiene una directora con cualificación que nada tiene que ver con protección civil. Ese es otro problema. Cuando decidamos tener una estructura administrativa basada en mérito y capacidad, más allá de ideologías, veremos cambios.
P. Una de las lecciones de esta tragedia es la falta de pautas para defenderse.
R. Para salvaguardar lo más importante —las vidas— están los planes de prevención. Incluyen inculcar a la ciudadanía la necesidad de autoprotegerse. En la Comunidad Valenciana lo hemos promovido y se ha distribuido formación en colegios, escuelas infantiles, hospitales, dispensarios… Son consejos sencillos ante fenómenos atmosféricos de riesgo. Cuando hay agua en la vía pública, no se puede bajar a un sótano, porque, por el principio de vasos comunicantes, se llena mucho más rápido y un palmo en la calle es casi un metro en un garaje. Debe haber vías de evacuación interna; no permitir viviendas en plantas bajas en zonas inundables; o tener sistemas de bombeo en garajes y sistemas de emergencia en ascensores para que, en caso de agua en el hueco, se paren en plantas altas. Cosas que debemos conocer y normas que se deben aplicar. El Patricova, Plan Territorial contra riesgos de inundaciones, establecía que en zonas inundables se construyera sobre un zócalo de 0,80 metros. Eso permitió que IKEA funcionara 48 horas después, mientras todo alrededor no funcionaba.
"Ha sido una magistratura de influencia. De Templanza y valor y, sobre todo, contención"
P. ¿La administración, en sus diferentes niveles, ha tomado nota?
R. La administración técnica probablemente sí, pero la dirección política, que es donde se plasma la normativa, no. ¿Alguien ha hecho un proceso de lecciones aprendidas sobre lo ocurrido? ¿Lo ha publicado? ¿Se va a establecer doctrina y procedimientos? No lo conozco. Yo lo he hecho a mi nivel, con el plan de anticipación resultante, pero no lo veo a escala nacional. Los ayuntamientos también lo han hecho. Al final nos hacemos trampas al solitario. Tenemos una administración que, por ser garantista con tantas cosas y de forma tan recurrente, es paralizante. Ante las emergencias, existe en la Ley de Contratos del Sector Público la posibilidad del contrato de emergencia en el artículo 120, pero el corsé que tiene es inaplicable ante verdaderas emergencias generales. Vale si se cae un techo, pero no si se pierden 900 kilómetros de carretera.
P. En su libro hablaba del perfil de líderes que necesitamos, poniendo a Felipe VI como ejemplo. También lo hemos visto en esta ocasión.
R. Ha sido una magistratura de influencia. De Templanza y valor y, sobre todo, contención. Proximidad a la ciudadanía, saber acompañar, accesibilidad… sin postureo.
P. ¿Diría que estos doce meses han sido uno de los períodos más intensos de su vida?
R. No, la tragedia ya había ocurrido y aquí no estaba en juego la supervivencia de personas ni las decisiones las ponían en riesgo, como sucedía en el ámbito militar. Pero sí han sido sostenidamente intensos, de esfuerzo y demanda continuos.
P. ¿Volvería a aceptar un encargo como éste?
R. Si se dieran las circunstancias, sin saber lo que sé ahora, porque el conocimiento lo mediatiza todo, sí, claro que sí. Lo que me impulsó a aceptar hace un año seguiría siendo válido.
Gan Pampols, durante una entrevista con EC. (Biel Aliño)
P. ¿A qué se va a dedicar ahora? ¿Va a escribir su experiencia y las enseñanzas que se pueden extraer para estar preparados ante el riesgo de nuevos cisnes negros?
R. No, no tengo pensado escribir nada sobre la experiencia porque no me apetece. Me lo guardo para mi historia personal. Respecto a prepararnos, hemos escrito todo un plan, el Plan de anticipación ante los riesgos provocados por catástrofes naturales que lo hemos dejado en vigor y funcionando. Así que ahora he vuelto a mi vida anterior de lecturas, deporte y clases e intervenciones sobre geopolítica, que es lo que me gusta.
P. Precisamente, ante la guerra de Ucrania fueron muy apreciados sus conocimientos de geopolítica. ¿Cómo ve el nuevo escenario mundial, con demasiados líderes hablando de guerra y preparándose para ella?
R. Estamos en el mismo escenario con algunas particularidades, no demasiadas, porque las variaciones producidas son mínimas, a pesar de que ahora parece que hay mayor presión de Rusia para acabar de conquistar la zona del Donbas. La cuestión geopolítica de verdad está en el progresivo desplazamiento del interés de Estados Unidos hacia la zona de Asia-Pacífico e Indo-Pacífico y la asunción de los socios europeos de las responsabilidades para mantener la seguridad y defensa en el entorno europeo, lo que está resultando complejo.
Esa asunción supone recuperar conceptos como la conciencia de defensa, que significa estar dispuestos a asumir sacrificios, humanos y materiales para poder garantizar un nivel de seguridad que permita la promoción de los valores inherentes al europeísmo, que son los que promovemos. Por supuesto, significa tener una postura común tanto en política exterior como en política de defensa, la PSD, y esa política, hoy por hoy, no tiene unanimidad ni sobre el gasto personal y humano que supondría sostener un ejército europeo ni en la acción directa y estar en condiciones de reaccionar ante una agresión.
La necesidad de que España tenga una Agencia Estatal de Emergencias que actúe sin interpretaciones políticas, una mayor educación en la autoprotección y actuar en el territorio desde la eficacia y el respeto a las normas son algunas de las conclusiones de Francisco Gan Pampols, el teniente general en la reserva que asumió el reto de ser vicepresidente para la Recuperación Económica y social de la Generalitat Valenciana, tras su intenso año en Valencia.